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Las buenas y las malas noticias sobre la agricultura y el cambio climático

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 CGIAR Climate.Regresé hace poco de las negociaciones de las Naciones Unidas sobre el clima que se realizaron en Varsovia, Polonia, y tengo una buena y una mala noticia.
 
La mala noticia es que los delegados optaron por retrasar una vez más las discusiones sobre la agricultura. Dada la contribución sustancial y bien documentada de esta actividad a las emisiones de gases de efecto invernadero, esta decisión revela las molestias que los negociadores todavía sienten respecto de la ciencia y las prioridades de lo que consideramos “una agricultura climáticamente inteligente”.
 

La decisión de posponer es miope si consideramos el potencial que tiene la agricultura de formar parte de la solución global. La agricultura es el único sector que puede sacar carbono de la atmósfera, además de mitigar las emisiones. Tiene el potencial de retener de manera sustancial las emisiones mundiales de dióxido de carbono en los suelos que se usan para cultivos y pastoreo, y en los pastizales.
 
La buena noticia es que podemos tomar algunas medidas para conseguir que la agricultura sea parte de la solución. Lo que es más importante es que nuestro objetivo primordial ha sido analizar con los agricultores maneras de mejorar los ingresos y la producción, para contribuir al contenido nutricional de los alimentos que cultivamos. Pero al mismo tiempo podemos aumentar la capacidad de adaptación de los sistemas alimentarios y conseguir la reducción de las emisiones.
 
En el Grupo del Banco Mundial, estamos profundamente comprometidos con el apoyo a la agricultura climáticamente inteligente, un enfoque que tiene tres objetivos fundamentales que conjuntamente apuntan hacia un “triunfo triple”: aumentar la productividad y los ingresos, crear resiliencia reduciendo la vulnerabilidad y disminuir las emisiones (capturando potencialmente también carbono).
 
Para tener un impacto real, debemos aplicar estos principios y actuar a través de todos los paisajes, es decir los cultivos, el ganado, los bosques y la pesca. De lo contrario, el avance en la agricultura se hará a expensas de los bosques, arroyos y de la biodiversidad, cuya pérdida tendrá un efecto en la productividad y en la capacidad de adaptación más adelante.
 
El potencial es enorme.
 
Cuando visité Kenya el mes pasado, conocí a unos agricultores que encarnan el “triunfo triple”  prometido por las soluciones climáticamente inteligentes. John Obuom y Poline Achieng' Omondi plantan árboles que retienen el carbono y transfieren nitrógeno al suelo. Ellos cultivan cosechas mejoradas que son más resistentes a la sequía y  las enfermedades. Y mantienen razas de ganado que se adaptan mejor al cambio climático. Este modelo funciona para John y Poline: ellos han mejorado la fertilidad del suelo, restablecido tierras degradadas y reducido las emisiones de gases de efecto invernadero, consiguiendo más alimentos e ingresos para sus familias.
 
Ambos son beneficiarios de un programa del Grupo Consultivo sobre Investigaciones Agrícolas Internacionales (CGIAR) que está trabajando con comunidades para desarrollar aldeas climáticamente inteligentes. La idea es poner a prueba intervenciones agrícolas de modo de tener una comprensión completa de sus posibles beneficios y efectos. (i)
 
Claramente, algunos de estos modelos tienen mucho futuro. Pero la granja de John y de Poline es una hectárea. Ahora tenemos que replicar los enfoques exitosos en una escala mucho mayor.
 
En Costa Rica, los agricultores se han beneficiado durante más de una década de los pagos por los servicios ecosistémicos. A nivel nacional, este mecanismo ha cambiado los comportamientos hacia mejores prácticas de manejo de la ganadería y de los cultivos que protegen las fuentes de agua natural y aprovechan los árboles en las granjas para fijar el nitrógeno en el suelo, proporcionar sombra para las vacas y las plantas de café, y retener el carbono. Estas prácticas son buenas para el medio ambiente; la razón por la que se siguen usando es porque también son buenas para las billeteras de los agricultores.
 
En parte lo que hace tan especial a Costa Rica es el sólido nivel de compromiso y la participación de múltiples partes interesadas. En el programa agroforestal de este país, por ejemplo, el Fondo Nacional de Financiamiento Forestal está trabajando junto con campesinos y organizaciones agrícolas (como CoopeAgri) y el Fondo del BioCarbono (i) para alcanzar los resultados exitosos que hemos visto. Las asociaciones innovadoras serán decisivas de ahora en adelante, en la medida que se necesitan muchas habilidades diferentes para lograr un cambio sistémico en la manera en que los países enfrentan el reto de brindar seguridad alimentaria, que está en riesgo debido al cambio climático.
 
El apoyo está aumentando. Esta semana, agricultores innovadores, científicos, funcionarios gubernamentales y representantes del sector privado y de la sociedad civil se reúnen en la Conferencia Internacional sobre Agricultura, Seguridad Alimentaria y Nutricional, y Cambio Climático en Johannesburgo, Sudáfrica, para lanzar la Alianza sobre Agricultura Climáticamente Inteligente. Este encuentro servirá de plataforma para discutir e intercambiar  experiencias sobre los éxitos y las lecciones aprendidas, deliberar acerca de los desafíos y las amenazas para la seguridad alimentaria y nutricional en el contexto del cambio climático, y comenzar a identificar y promover soluciones.
 
Esta iniciativa se podría convertir en un foro clave de colaboración. Trabajando juntos, creo que podemos llevar la agricultura climáticamente inteligente al siguiente nivel, identificando metas comunes y fomentando nuevas alianzas de trabajo que logren un cambio sistémico en terreno.
 
La búsqueda de la agricultura con un enfoque inteligente en relación con el clima no es un lujo; se trata de un imperativo. Hagamos de esto un movimiento renovador que logre avances reales en materia de agricultura sostenible. Tenemos que actuar ahora.
  
Foto: Agricultura climáticamente inteligente en Kenya. Crédito: Investigaciones sobre el clima, CGIAR.

Este blog fue también publicado en Farming First

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