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Ajustar la gestión integrada de las aguas urbanas para apoyar la adaptación al cambio climático

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¿La metodología que volvió a imaginar la gestión del agua urbana puede adaptarse para responder a nuevos desafíos?

 

En Australia, la gestión integrada de aguas urbanas (IUWM, por sus siglas en inglés) se popularizó a fines de la década de 1990 cuando se pasó  a una era de “hacer más con menos”. La sequía prolongada llevó a considerar de manera más integral las opciones que podían garantizar el abastecimiento de agua de las ciudades. Un punto de inflexión fue la aceptación del paradigma de que “agua ahorrada” es equivalente a “agua entregada”. Esto aseguró que se pudiera comparar y considerar en igualdad de condiciones un conjunto más amplio de alternativas, tanto para la gestión de la demanda (ahorro de agua) como las nuevas fuentes (abastecimiento de agua).
 
En realidad, el término “ampliación” no es suficiente para describir la diversidad de opciones que se presentaron. Las autoridades encargadas de las aguas urbanas evaluaron alternativas como aljibes, renovación y reembolso de electrodomésticos, reciclaje de aguas industriales, programas de lavado de vehículos, medidas de detección y reparación rápida de fugas, cubiertas para piscinas, artefactos y accesorios eficientes, al tiempo que los ciudadanos ofrecían soluciones a través de cartas a editores de periódicos y ministros de gobierno. Aún hoy sigue vigente un amplio programa que se centra en la eficiencia del agua. (i)
 
Por supuesto, para las ciudades de todo el mundo, la IUWM refleja mucho más que la integración de la demanda y el abastecimiento de agua. Esta abarca, por ejemplo,  la gestión de las aguas residuales, el papel de las aguas pluviales o los vínculos con los sistemas de aguas subterráneas. Aunque las prioridades varían entre las ciudades, tanto en el mundo en desarrollo como desarrollado, la IUWM es muy flexible como enfoque fundamental para la planificación del agua urbana (vea este Informe del Banco Mundial que presenta lecciones y recomendaciones de experiencias regionales de América Latina, Asia central y África).
 
Desafío actual
 
En la actualidad, algunos factores nuevos y reemergentes ejercen presión sobre los sistemas de aguas urbanas. La comprensión de los impactos climáticos, o más específicamente de la capacidad de adaptación a los mismos, es un factor clave para la infraestructura y los servicios en las ciudades de todo el mundo.
 
¿Dónde deja esto a la IUWM como metodología para apoyar la planificación de las aguas urbanas? ¿Serán necesarios nuevos enfoques y métodos para la industria hídrica? ¿O deberemos adaptar las estrategias existentes para abordar el desafío de la adaptación al cambio climático?
 
Respuesta
 
Para responder a estas preguntas sobre el papel de la IUWM, debemos volver a sus principios básicos y tomar en cuenta la perspectiva de la adaptación.  Se demuestra dos:

  1. Considerar todos los elementos del sistema de aguas urbanas. Los pronósticos de las necesidades de agua, la comprensión de la disponibilidad de aguas superficiales y subterráneas, e incluso los flujos de aguas residuales pueden ser analizados respecto de un clima cambiante. ¿Es probable que el rendimiento de las fuentes de agua existentes varíe con el cambio climático a través de la reducción de las escorrentías y los flujos fluviales? (i) ¿Aumentará la demanda de agua de manera significativa si se incrementan las situaciones de calor extremo?
  2. Sopesar todas las opciones en igualdad de condiciones. Desde una perspectiva de adaptación, esto significaría evaluar cada alternativa en términos del desempeño probable bajo futuros escenarios climáticos e incluir estos datos con otros indicadores como la eficacia en función de los costos y el beneficio ambiental. Por ejemplo, (i) el lugar preferido para la infraestructura clave ¿estará en riesgo debido a las tormentas y las inundaciones costeras? La intrusión salina ¿afectará la calidad del agua extraída de los sistemas de aguas superficiales y subterráneas demandando potencialmente un mayor nivel de tratamiento?

Estos casos muestran que podemos incorporar la adaptación al cambio climático en la IUWM y la planificación que ella respalda. Por supuesto, esto implica que hay suficientes conocimientos y datos para apoyar estos pasos. En realidad, puede haber una capacidad limitada para evaluar si las opciones serán adecuadas bajo un futuro clima –o simplemente cómo se considera la evaluación inicial de la seguridad hídrica– si hay una información limitada. Por ejemplo, ¿es realista explorar la probable variabilidad de la demanda de agua debido al cambio climático en el contexto de un importante y bastante incierto crecimiento de la población?
 
Se trata de preguntas importantes a tener en cuenta, no importa cuán grande o pequeña sea la ciudad. Sin embargo, podemos afirmar que la flexibilidad inherente de la IUWM se presta para la inclusión de una evaluación de los impactos del cambio climático y las posibles respuestas.
 
El beneficio de incorporar el concepto de adaptación en la IUWM es que no se pierde la perspectiva de integración, como sería el caso si se considerara a través de un proceso de planificación completamente separado. Este es un punto crítico cuando se piensa en los beneficios colaterales que pueden generar las opciones, o por el contrario las consecuencias no deseadas o la mala adaptación que puede resultar de un enfoque mal entendido (o mal integrado).

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