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¿Qué valor tiene un retrete?

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¿Sabía que, cuando va de compras, usted trata de aprovechar al máximo un presupuesto limitado? O, en un lenguaje común, trata de aumentar al máximo su felicidad, bienestar o nivel de vida con el dinero que tiene en el bolsillo.

¿Deberíamos actuar de manera diferente como grupos de individuos, en otras palabras, tratar de maximizar el bienestar colectivo con los fondos disponibles? Salvo algunas excepciones, la respuesta para la mayor parte de los programas públicos es que debemos realmente tratar de aprovechar los rendimientos de la asistencia social sobre la base de un presupuesto restringido. En consecuencia, tanto en la esfera pública como privada tenemos que enmarcar el discurso en términos de cuánto retorno estamos obteniendo de nuestros gastos, o si estamos sacando el mayor provecho.

Por supuesto, tratar de maximizar el bienestar colectivo con el dinero de los impuestos presenta muchos desafíos. ¿Cómo se define el bienestar? ¿Cómo se mide prácticamente? ¿Cómo se abordan los problemas de distribución cuando los programas benefician a algunos pero no a otros? Si bien estos retos están innegablemente presentes, no debemos evitar, sin embargo, la comparación de costos con rendimientos para tomar decisiones públicas esenciales.

En un blog anterior, cité un estudio que plantea que los impactos en la salud y el tiempo perdido que provocan los servicios inadecuados de agua y saneamiento se estiman en unos US$260.000 millones al año, lo que equivale al 1,5% del producto interno bruto (PIB) combinado de los países en desarrollo. Destaqué que nuevas pruebas indican que las intervenciones en materia de saneamiento generan un retorno económico de 5,5 veces (a nivel mundial), y hay muchos estudios de casos de países que demuestran que sencillas soluciones de saneamiento en zonas rurales tienen un retorno de más de 7 veces. Para cualquier estándar de inversión, estas ganancias prometidas son enormes. Sin embargo, el problema es que una gran parte de las mismas es beneficio social y de largo plazo para los beneficiarios, pero no necesariamente dinero en efectivo en el bolsillo a corto plazo, que los ayudaría a pagar la inversión.

Por otra parte, los rendimientos mencionados son estimaciones insuficientes. Aunque el lado de los costos en la ecuación está generalmente completo, los beneficios están muy infravalorados, ya que hay muchos efectos ambientales y de mayor escala, para toda la economía, que no se recogen. Una nueva investigación, que se dará a conocer en septiembre de 2013 durante la Semana Mundial del Agua en Estocolmo, intenta poner un valor monetario al beneficio de la reducción de la contaminación superficial del agua dulce en el oeste de Java, Indonesia. Además, algunas de las principales razones por las que las personas deben invertir en un retrete, como la privacidad, la dignidad, la condición social y la seguridad física, son muy difíciles de cuantificar, y aún más de ponerles un valor en dinero.

Por lo tanto, es necesario concientizar a los responsables de adoptar las decisiones sobre los beneficios del saneamiento. Y una vez que estén conscientes y convencidos, deben ser capaces de comparar diferentes opciones de saneamiento en términos de costos y beneficios relativos. ¿A dónde pueden recurrir si quieren hacer esto? Si solo pueden acceder a estudios mundiales, o de otros países o contextos, puede que no los convenza la solución recomendada. Lo ideal será entonces que lleven a cabo su propio análisis del bienestar, comparando costos y beneficios en el marco de los procesos regulares de elaboración de presupuestos y planificación. Pero, ¿cuántos de estos ejercicios se basan en datos sólidos y usan metodologías económicas adecuadas? Probablemente muy pocos en el mundo en desarrollo (incluso en el mundo desarrollado, rara vez se llevan a cabo estudios apropiados de la relación costo-beneficio, en comparación con la cantidad de decisiones de asignación de recursos que se toman).

Por esta razón, el Programa de Agua y Saneamiento (WSP, por sus siglas en inglés) ha desarrollado una “herramienta económica”, que es un programa informático en Excel que permite a cualquier responsable de adoptar decisiones –ya sea un banco, donantes, o Gobierno– hacer evaluaciones sencillas pero basadas en pruebas de los impactos económicos del saneamiento inadecuado, los beneficios y costos comparativos de las intervenciones, así como la evaluación de la justificación comercial para que un proveedor privado  entre en el mercado de saneamiento. El material ha sido sometido a numerosas pruebas en tres países con el apoyo de cinco pasantes de verano (vea el blog de Daniel Zonenschein de la Universidad de Stanford), y se completará a fines de 2013 para llevar a cabo una aplicación más amplia (consulte el sitio web del WSP). Aunque una herramienta no es una solución mágica, será un logro importante si gracias a ella  los responsables de la toma de decisiones en todos los niveles debaten más abiertamente el papel clave de la mejora del saneamiento en la vida de las personas y piensan racionalmente (y de manera crítica) sobre las soluciones de saneamiento que son apropiadas, asequibles y sostenibles a nivel local.

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