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Septiembre 2017

Momento decisivo: La educación superior en América Latina y el Caribe

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Un estudiante universitario en Perú. (Foto: Dominic Chavez/Banco Mundial)

La educación superior está disponible hoy para más jóvenes en América Latina y el Caribe (ALC) que en cualquier otro momento en la historia de la región. Y aunque este aumento del acceso es un resultado positivo, no asegura la educación de calidad que los países necesitan para aprovechar este impulso. Los países deben ayudar a los estudiantes a maximizar su potencial, y lo pueden hacer creando programas diversos y de alta calidad que preparen a los jóvenes para ser exitosos en el mercado laboral. Nuestra búsqueda de crecimiento y prosperidad —y el futuro económico de la región— depende de eso.

Un buen sistema de educación superior no es un modelo único aplicable a todas las situaciones: debe tomar en cuenta los intereses individuales, las motivaciones, las habilidades innatas y la preparación académica. Necesita ser equitativo, de alta calidad y lo suficientemente diverso para reconocer que las distintas ocupaciones requieren programas de formación con duraciones diferentes: un programa de “ciclo corto” de dos años, similar a un “grado de asociado” en Estados Unidos (“grado de técnico”), podría ser suficiente para formar a un auxiliar administrativo, mientras que para otras profesiones, como ingeniero o arquitecto, es necesario completar un programa de licenciatura, que suele durar hasta cinco o seis años en la región.

Tres ingredientes para sostener una reforma educativa

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"Para que se lleve a cabo el aprendizaje y los valores sean cultivados en las aulas, los maestros y directores deben tener una mentalidad de excelencia", dice Jaime Saavedra
"Para que se lleve a cabo el aprendizaje y los valores sean cultivados en las aulas, los maestros y directores deben tener una mentalidad de excelencia", dice Jaime Saavedra, director senior de la Práctica Global de Educación del Banco Mundial. (Foto: Banco Mundial)


En casi todo el mundo en desarrollo, la inversión en educación se ha traducido en un aumento acelerado de la cobertura educativa. Pero en la mayor parte de los casos, esta inversión no ha tenido todavía un impacto importante en los aprendizajes. Más que una crisis de escolaridad, hoy en día enfrentamos una crisis de aprendizajes. A pesar de las notorias mejoras en países como Vietnam, Colombia o Perú, millones de niños salen de la escuela cada día sin saber leer un párrafo o hacer una resta simple de dos dígitos.