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Octubre 2018

Mi profesora Estela

Valeria Bolla's picture
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Photo credit World Bank

Cuando tenía 13 años, mi profesora de literatura, Estela, propuso a la clase el siguiente ejercicio:  observar dos dibujos y escribir una historia sobre cada uno de ellos. Miré los dibujos: uno era de un hombre con traje y corbata que cargaba un maletín y usaba un lindo reloj. El otro era del mismo hombre, pero tenía barba crecida, ropa rasgada y zapatos gastados. Escribí la primera historia sobre un hombre exitoso con una familia increíble, y la segunda sobre un hombre pobre, triste y sin amigos. Estela pareció decepcionada y me preguntó si las personas se definen por su ropa. Ese día, mi profesora habló sobre prejuicios y yo aprendí algo que no olvidaré jamás.

Ayudar a cada docente a dar lo mejor de sí

Jaime Saavedra's picture
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Ecoles Oued Eddahab school in Kenitra, Morocco. Photo: World Bank

En todos los países hay maestros dedicados y entusiastas que enriquecen y transforman la vida de millones de chicos. Son héroes silenciosos que suelen no estar entrenados, no tener materiales didácticos adecuados, o no recibir reconocimiento por su trabajo. Son héroes que desafían las estadísticas y hacen posible que los chicos aprendan con alegría, rigor y propósito.