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Argentina

La resiliencia de la pampa argentina se fortalece en la cuenca del río Salado

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Después de varios días de lluvia en la provincia de Buenos Aires, no es extraño encontrar en la prensa nacional noticias e imágenes de campos anegados en la cuenca del río Salado. No llamaría tanto la atención si no fuera porque en esta zona al sur de Buenos Aires se produce el 25% de la carne y grano de Argentina. Y es que, por su geomorfología totalmente llana, en esta área del país los procesos de drenaje después de las lluvias son muy lentos, así que los campos permanecen inundados durante meses y los daños en la producción agropecuaria son cuantiosos.

Nuestro sistema agroalimentario necesita información adecuada – ¿Cómo asegurar que eso suceda?

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Photo: CIF Action/Flickr
Para la mayoría de la gente, ver el pronóstico del tiempo en la televisión es una actividad común, ocasionalmente divertida y sin riesgos.  ¡El meteorólogo hasta puede hacernos reír! Pero cuando el ingreso de una familia depende de la lluvia o la temperatura, el pronóstico es más que un programa informativo o entretenido.  La información puede ser la clave del éxito o del fracaso de un agricultor.  Los agricultores conocen los riesgos a enfrentar en el camino y entonces usan el pronóstico del tiempo y otros datos de precios, plagas y enfermedades, cambios en condiciones de crédito y regulaciones para planificar las fechas de cultivo, cosecha, venta, y el uso de insumos como fertilizantes y herbicidas para plantas, y vacunas y alimento para animales.

La disponibilidad y la calidad de dicha información de riesgos agrícolas son altamente importantes para los agricultores y el posible impacto de información puede resultar muy costosa, lo que resulta en decisiones erróneas y pérdidas de ingresos por parte del agricultor.  Los sistemas de información que no tienen fuentes confiables y/o tienen malos protocolos de procesamiento de datos, producen resultados en los cuales no se puede confiar.  En otras palabras, “basura que entra, basura que sale”.  La información es una parte integral de la gestión de riesgos agropecuarios, no solamente en el corto plazo para cubrirse contra eventos adversos, sino también en el mediano y largo plazo para adaptarse al cambio climático y poder adoptar prácticas resilientes.  Los programas de gestión de riesgos agropecuarios y de agricultura climáticamente inteligente (Climate Smart Agriculture en inglés) no tendrán mucho impacto a no ser que los agricultores puedan tener acceso a información confiable para la implementación de los cambios necesarios en el campo.

Invertir en sistemas de información de riesgos agropecuarios es una forma costo-efectiva de asegurarse que los agricultores – y otros actores de la cadena agroalimentaria – tomen las decisiones correctas.  Pero en una gran parte de los países, los sistemas de información de riesgos agropecuarios evidencian una gran falta de capacidad y escasez de financiamiento.  Por ejemplo, México, un país con un sector agropecuario importante, no tiene información de precios del mercado local de productos agrícolas como el maíz, y es por esto que un nuevo proyecto financiado por el Banco Mundial tiene como objetivo ayudar a resolver este problema.  Pero México no es el único.  Argentina acaba de resolver este problema, también con apoyo del Banco Mundial, con la creación de un Sistema de Información de Precios de Mercado para los 7 granos básicos.

De barrios marginales a vecindarios: cómo la eficiencia energética puede transformar la vida de los pobres en las zonas urbanas

Martina Bosi's picture



La Villa 31, un icónico asentamiento urbano en el centro de Buenos Aires, alberga a unas 43.000 personas pobres de la ciudad. En Argentina, paradójicamente, los barrios marginales urbanos se denominan “villas”, una palabra ligada generalmente al lujo en muchas partes del mundo.

Pueblos indígenas urbanos: la nueva frontera

Ede Ijjasz-Vasquez's picture

Victoria Ojea/Banco Mundial


Si nos piden que pensemos en Buenos Aires, a la mayoría probablemente le vengan a la mente cafés elegantes, su bella arquitectura, los fanáticos del fútbol y las calles bulliciosas. Si nos piden pensar un poco más, a algunos quizás le surjan imágenes de sus villas (barrios marginales), los niños de la calle y otros escenarios menos glamorosos. Pero no importa cuánto lo intenten, muy pocas personas asociarían a Buenos Aires con pueblos indígenas. Sin embargo, la capital argentina tiene la mayor concentración de población indígena del país, que, aunque no suele ser asociada con indígenas, es la séptima más grande de América Latina (cerca de 1 millón de personas). De hecho, hay más de 40 comunidades indígenas oficialmente registradas en zonas urbanas de la provincia de Buenos Aires y casi una cuarta parte de todos los indígenas de Argentina vive en la Capital del Tango y sus alrededores, ya sea en comunidades o no.

¿Está la Argentina preparada para envejecer? Cómo volvernos ricos antes de volvernos viejos

Rafael Rofman's picture



En la Argentina de hoy, la población en edad de trabajar crece más rápido que la población total.  Este patrón, conocido como el bono demográfico, es una gran oportunidad de generación de riqueza, siempre que se forme a los jóvenes y se creen empleos para que la población en edad productiva efectivamente trabaje y produzca. Pero este escenario favorable no es para siempre. En poco más de 30 años, el porcentaje de población adulta (mayor de 65 años) sobre el total será casi el doble, pasando del 10% actual al 19% 2050 (y al 25% en 2100). 
 
Imaginemos cuán diferente será la sociedad en el futuro con el doble de adultos mayores. De no mediar un cambio tecnológico profundo, subirían los gastos en jubilaciones y salud, y el crecimiento económico se estancaría como consecuencia de una menor cantidad de personas trabajando, un fenómeno que ya viene ocurriendo en países desarrollados. En el caso particular de la Argentina, el problema se complica: corremos el riesgo de volvernos viejos antes de volvernos ricos. 

Transformando el núcleo de la prosperidad económica y social de Argentina, sus ciudades

Ondina Rocca's picture
Nueve de cada diez argentinos viven en pueblos y ciudades, haciendo de Argentina uno de los países más urbanizados del mundo. Es más, uno de cada dos argentinos, junto a dos tercios de las empresas argentinas, se ubican en las cinco regiones metropolitanas más grandes (Buenos Aires, Córdoba, Rosario, Mendoza y San Miguel de Tucumán). Como resultado, las ciudades juegan un papel muy importante en el camino hacia un desarrollo sostenible de la Argentina.
 

“Bootcamps”: aumentan las expectativas de las niñas en los campos de matemáticas, ciencia y tecnología

Juliana Guaqueta Ospina's picture
A Laboratoria classroom in Peru
Laboratoria, organización sin fines de lucro que dirige cursos de seis meses para niñas de familias de bajos ingresos que enfrentan barreras para acceder a la educación superior. Foto: Laboratoria

Cómo los datos de mejor calidad de proyectos de infraestructura pueden apoyar la inversión privada en los mercados emergentes

Joaquim Levy's picture

Vivimos en un mundo interconectado que se basa en datos. Los inversores, al igual que muchos otros profesionales, dependen cada vez más de los datos para tomar decisiones fundamentadas acerca de dónde, cuándo y cómo invertir su dinero.

Sin embargo, como he comentado en un blog previo, diversos tableros interactivos comerciales tienen como objetivo cerrar esta brecha al proporcionar información de proyectos de infraestructura que se necesitan financiar en mercados emergentes. Estas y otras bases de datos comerciales especializadas están tratando de trazar el mapa del mercado, brindando a los inversionistas herramientas para identificar aquellas oportunidades de inversión que tienen mejores probabilidades de obtener rendimientos considerables.

¿Qué tal si… pudiéramos ayudar a las ciudades a planificar de manera más eficiente un futuro con menos emisiones de carbono?

Stephen Hammer's picture
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Outil CURB Action climatique pour un développement urbain durable
Si el cambio climático fuera un rompecabezas, las ciudades serían una pieza clave que se encontraría justo en el centro. Esto fue reforzado por más de 100 países de todo el mundo, que calificaron a las ciudades como un elemento decisivo de sus estrategias de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en sus planes nacionales de lucha contra el cambio climático —conocidos como contribuciones determinadas a nivel nacional— presentados a la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) en 2015.

Tras la consiguiente firma del Acuerdo de París, estos países han cambiado rápidamente su rumbo para convertir sus planes climáticos en acciones. ¿Qué pasaría, como muchos nos preguntamos, si pudiéramos encontrar una manera rentable y eficiente de ayudar a encaminar a las ciudades —tanto en los países en desarrollo como desarrollados— en una trayectoria de crecimiento con bajas emisiones de carbono?

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