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Oriente Medio y Norte de África

¿Cómo logramos dar acceso a la energía a los desplazados?

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Vista aérea del campamento de refugiados de Zaatari en Jordania. Foto: Departamento de Estado de EE. UU.

“Abandonarás todo lo que más has amado: esa es la primera flecha que dispara el arco del exilio”, escribió Dante en su libro La Divina Comedia.

Para la mayoría de los 65 millones de personas desplazadas, que se estima existen hoy en el mundo, la vida es una lucha cotidiana. Después de sobrevivir a una travesía tumultuosa con la esperanza de comenzar de nuevo, ¿cómo una persona desplazada puede empezar a sanar sus heridas y echar raíces en una tierra nueva y extraña?

Djibouti: el lugar donde confluyen el desplazamiento forzado y la migración

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En el contexto de una próxima reunión de alto nivel de la ONU para analizar los grandes desplazamientos de refugiados y migrantes, este blog ofrece una perspectiva en terreno acerca de la situación de Djibouti con respecto a los flujos de refugiados y migrantes. Para preparar el Proyecto de respuesta de desarrollo a los impactos del desplazamiento, visité el campo de refugiados de Ali Addeh en la región de Ali Sabieh, que ha albergado principalmente a refugiados de Somalia durante más de dos décadas. También visité la ciudad de Obock, que ha acogido a refugiados de Yemen en el campo de refugiados de Merkazi después de la crisis de 2015, y tomé contacto con migrantes del Cuerno de África que viven en la ciudad.
En Ali Addeh, se aprecian dos realidades sorprendentes. La primera se relaciona con las sequías que hicieron disminuir la cantidad de ganado que poseían los pastores de las comunidades de acogida locales. Esto los dejó más vulnerables y empobrecidos que los refugiados en los campamentos. Una refugiada que buscaba leña hizo hincapié en que las comunidades de acogida locales necesitaban urgente apoyo e intervenciones de desarrollo.
El puerto de Obock, punto de partida del viaje. (Foto: Benjamin Burckhart)

La segunda realidad se relaciona con la ausencia casi total de hombres y mujeres de entre 16 y 30 años de edad, tanto en los campos de refugiados como en las comunidades de acogida. En las conversaciones que sostuve, quedó claro que este grupo al ver las pocas oportunidades económicas en el entorno local se había trasladado a la capital en búsqueda de empleos informales, poco calificados y con baja remuneración. Cuando hicimos un seguimiento de estos jóvenes, encontramos que muchos quedaron varados en “Balbala”, un barrio precario contiguo a Djiboutiville, la ciudad capital. Sus pocas habilidades y la falta de recursos los habían dejado más vulnerables que antes. Algunos, por supuesto, habían continuado el viaje hasta Obock para explorar la posibilidad de viajar a Oriente Medio y Europa.

Sensibilizar acerca de los desafíos del desarrollo mediante la realidad virtual

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Cuatro niños y sus padres están alrededor de una bandeja de metal redonda. En ella, hay platos llenos de fideos instantáneos, humus, lebne [yogur colado], aceitunas y berenjenas en escabeche. Miro a la izquierda y hay una tetera de plata. Miro a la derecha y veo una bolsa plástica con pan pita.
 
La bandeja está sobre un piso de cemento sin terminar y cubierto con un montón de frazadas de invierno. Las paredes de ladrillos están tapadas parcialmente con sábanas, mientras que piezas de ropa de invierno cuelgan en una cañería de agua.
 
Levanto mi cabeza y veo un foco que pende de un cielo raso de cemento inacabado. Cuando miro hacia abajo, veo a una bebé pequeña que se me acerca para tratar de tocar mis ojos, hasta que me doy cuenta que no estoy realmente ahí y que ella solo está tratando de palpar la cámara de 360 grados.
 

Los jóvenes y la consolidación de la paz: una “función de teatro” a la vez

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Según Aristóteles “los buenos hábitos adquiridos en la juventud marcan la diferencia”, y ¡qué gran diferencia está haciendo un grupo de jóvenes libaneses (hombres y mujeres) que abogan por la paz!

Sus edades fluctúan entre los 16 años y los 25 años. Son pobres y están desempleados. En el pasado lucharon, literalmente, unos contra otros en Trípoli, una ciudad libanesa dividida por grupos sectarios. Los suníes del barrio de Bab al-Tabbaneh y los alauíes del barrio de Jabal Mohsen se enfrentaron en reiteradas ocasiones.

Pero a comienzos de 2015, el Gobierno declaró un cese al fuego que puso fin a las series interminables de feroces enfrentamientos y restauró la calma en la ciudad.

En ese momento fue cuando representantes de una organización sin fines de lucro libanesa, que promueve la paz mediante el arte, fueron hasta Trípoli para realizar un tipo diferente de “reclutamiento”: uno en favor de la paz. March (i) congregó a los jóvenes para que fueran parte de ¡una obra de teatro!

El grupo organizó audiciones en las que pudieron participar más de 100 jóvenes de los dos barrios, y 16 de ellos fueron seleccionados: ocho de cada “bando”. La idea era simple: escribir y producir una comedia que se basara en sus vidas, y que fuera interpretada por aquellos que quisieran ser actores y presentada en todo Líbano. El proyecto los juntó e hizo que dejaran de ser actores de la guerra para convertirse en actores de teatro.

Una historia de resiliencia: Desde un viaje en un bote de goma en el mar a nadar en las Olimpíadas de Río

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Un frío día en octubre de 2015, Rami Anis, de 24 años de edad, se subió a un bote de goma en el mar Egeo en Turquía. Su destino era Europa, y su meta era tener una vida mejor lejos de la guerra y el sufrimiento.

Al mirar a las personas que lo rodeaban en el bote, se horrorizó. Eran niños, hombres y mujeres. Nunca dejó de pensar que era probable que no lo consiguieran, aun cuando él es un nadador profesional.

“Porque con el mar no puedes jugar”, dijo el refugiado sirio.

Pero el 11 de agosto, en vez de estar preocupado de nadar en el mar, Rami participará en las competencias de natación en las olimpíadas. Él arribó de manera segura a Bélgica después de días de realizar un viaje desgarrador, desde Estambul a Esmirna; y luego de Esmirna a Grecia, antes de emprender una caminata a través de Macedonia, Serbia, Croacia, Hungría, Austria, Alemania y, finalmente, llegar a Bélgica.

Rami competirá en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro de 2016, como integrante del equipo olímpico de refugiados —el primero de su tipo— y marchará con la bandera olímpica inmediatamente antes de la nación anfitriona, Brasil, durante la ceremonia de apertura.

Programa de telerrealidad árabe pone a prueba la sensibilidad y la empatía de los participantes

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Es el mes del Ramadán y los canales de TV árabes están engalanados con programas que incluyen desde populares telenovelas que se repiten hasta shows de cocina y de concursos, pero hay uno que está en boca de todos.

Al Sadma, o “El choque”, es una versión en árabe del famoso show estadounidense What Would You Do, un programa de telerrealidad de bromas. Pero este no es como muchos otros programas de telerrealidad de mal gusto que aplican el miedo (i) e incluso el terror; (i) se trata de un programa en que se aborda la moralidad y se analiza la sensibilidad de los participantes.

Se necesita una respuesta humanitaria y de largo plazo para la crisis mundial de refugiados

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Denham and his family have been refugees living in this tent for the last four years. © Dominic Chavez/World Bank


Los principales riesgos mundiales no se limitan a las fronteras de un país. Esto queda claro al observar el caso de la actual crisis de refugiados, cuya magnitud no tiene precedentes y que afecta a personas y lugares lejos de donde ocurren las guerras civiles, los conflictos y las situaciones de fragilidad. (i) El voto de los habitantes del Reino Unido en favor de abandonar la Unión Europea mostró, en parte, el alcance de los impactos del desplazamiento forzado y la inestabilidad que este fenómeno provoca.

Seis cosas acerca del nuevo marco de adquisiciones del Banco Mundial

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Estudiantes en el Líbano. Foto: © Dominic Chavez/Banco Mundial.

Estudiantes en las escuelas públicas que no tienen libros de texto al inicio del año escolar. Centros de salud en los pueblos que no cuentan ni siquiera con los medicamentos más básicos. En estos casos, a menudo, se culpa a los procesos de adquisiciones.

Un sistema de adquisiciones eficiente no es solo una buena idea, constituye una herramienta necesaria para que todos los Gobiernos (nacionales y locales) puedan funcionar de manera adecuada y prestar servicios públicos.

¿Podría un medio de subsistencia como la agricultura ayudar a los refugiados a prosperar y no solo a sobrevivir?

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Refugiados sirios y jardines vegetales, foto Dorte Verner/ @BancoMundial
Refugiados sirios y un huerto de hortalizas en el campamento
Zaatari en Jordania. Foto cortesía de Dorte Verner

Numerosas familias sirias han sido desplazadas por la fuerza y se han dispersado por todo Oriente Medio y otros lugares, y muchas de las personas que huyeron de la guerra me cuentan que han perdido amigos, familiares, y la mayor parte de sus pertenencias.

Jasser, un joven sirio de 24 años de edad, y su familia se vieron obligados a huir en 2012 debido a los bombardeos. Él perdió a su madre y su hermana, su casa, su automóvil y su empleo. Antes de escapar de Siria trabajaba en la agricultura, procesando y produciendo frutas y verduras. Jasser y otros desplazados como él tienen dificultades para encontrar empleo (y obtener visas), generar ingresos y educarse. Todos dicen que quieren regresar a casa en un futuro próximo; todos dicen que quieren trabajar y mantener su dignidad.

Las personas desplazadas de Siria aportan habilidades, creatividad y espíritu empresarial a las comunidades de acogida. Algunas con las que hablé en El Cairo abrieron restaurantes y puestos de comida donde venden sabrosos platos sirios como mahshi, kebab, nabulsiyah, y otros. Algunos de estos refugiados tenían un trabajo similar en Siria, pero otros no. Un vendedor de jugo al estilo de Damasco me dijo que vendía zapatos en su país.

Un estilo de vida más saludable para sociedades más sanas y economías más sólidas

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Las bocanadas de humo de cigarrillo rodeaban al niño de 18 meses de edad que permanecía de pie junto a sus abuelos que fumaban sin parar en la sala de estar, mientras que una niña de 3 años sacaba una lata de Pepsi Cola del refrigerador en la cocina. Justo al otro lado, en el comedor, un bebé de 7 meses comía un pastel de chocolate cremoso y dulce, mientras que un montón de otros niños jugaban en el patio del frente de la casa y comían una gran cantidad de barras de chocolate, pasteles y papas fritas y bebían refrescos.

No podía creer lo que veía. Como padre, al observar estas conductas me pareció estar viendo que una muerte lenta y diferentes enfermedades perseguirían a estos niños durante el resto de sus vidas.

Siempre había sido así, pero nunca me había dado cuenta hasta que salí de Iraq y me convertí en padre. Crecí en un lugar donde el estilo de vida poco saludable no era un problema importante. Hay muchas otras cuestiones más urgentes que preocupan a las personas allá —y con razón— que lo que comen y beben.


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