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Desarrollo urbano

Tres razones por las que todos debemos preocuparnos por los pueblos indígenas

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Hoy, 9 de agosto, es el Día Internacional de los Pueblos Indígenas. En todo el mundo, hay alrededor de 370 millones de pueblos indígenas y minorías étnicas que viven en más de 90 países.

No importa dónde vivamos o quiénes somos, todos debemos preocuparnos por los pueblos indígenas. ¿Por qué?



En primer lugar, es más probable que los pueblos indígenas y las minorías étnicas sean pobres.

Si bien los pueblos indígenas conforman solo el 5 % de la población mundial, representan alrededor del 15 % de los pobres extremos del mundo. Están sobrerrepresentados.

Y si uno pertenece a una familia indígena en América Latina, entonces tiene tres veces más probabilidades de ser pobre que alguien de una familia no indígena de la misma región.

Las lluvias de El Niño que se llevaron los caminos del Perú

Irene Portabales González's picture
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El papel de la infraestructura de transporte durante la emergencia causada por el fenómeno natural.
Ministerio de Defensa del Perú/Flickr
Ministerio de Defensa del Perú/Flickr
Las lluvias que este año han azotado el norte del Perú han sido 10 veces más fuertes que de costumbre. Esto ha llevado al desborde de ríos y a avalanchas de lodo en numerosas áreas del país y, en consecuencia, se ha declarado el estado de emergencia en 10 regiones.

La causa de estas fuertes lluvias es el Niño, un fenómeno natural caracterizado por el calentamiento anormal de la temperatura superficial del mar en el océano Pacífico ecuatorial central y oriental. Este fenómeno dura alrededor de 18 meses, se produce cada 2 a 7 años y explica la alteración de los patrones normales de precipitación y de circulación atmosférica tropical, que dan lugar a eventos climáticos extremos en todo el planeta.

El reto de construir más viviendas asequibles en el Perú

Zoe Elena Trohanis's picture
Banco Mundial

¿Qué haría usted si no tuviera la oportunidad de adquirir una vivienda bien construida y ubicada en una zona segura? ¿Viviría con algún familiar? ¿Alquilaría un departamento? ¿O quizá lo arriesgaría todo e invertiría sus ahorros en construir su casa en un terreno vulnerable, expuesto a algún riesgo o desastre natural, e incluso sin el título de propiedad? Lamentablemente, estas son las decisiones que enfrentan muchas familias en el Perú, un país que registra el tercer déficit de vivienda más grande de América Latina.

Para lograr el objetivo de #ViviendasParaTodos no desperdiciemos lo bueno por culpa de lo malo

Luis Triveno's picture
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En un mundo dividido acerca de cómo ocuparse de problemas graves como el terrorismo, la inmigración, el libre comercio y el cambio climático, los Gobiernos coinciden en que es urgente solucionar el problema que puede afirmarse es el más grande de todos: proporcionar viviendas seguras, bien ubicadas y asequibles a los miles de millones de personas que las necesitan. (i)
Incluso existe acuerdo sobre los pasos básicos para lograr ese objetivo: mejorar la gestión de la tierra (i) y adoptar políticas más neutrales relacionadas con la tenencia de tierras.

También hay consenso en relación a que los Gobiernos no están en condiciones de pagar esta cuenta por sí solos. Según la empresa de consultoría McKinsey & Company, solucionar el “déficit de vivienda en el mundo” tiene un costo anual de USD 1,6 billones, una cifra que representa el doble del costo (i) de las inversiones mundiales necesarias en infraestructura pública para mantener el ritmo del crecimiento del PIB.

A medida que nos acercamos al año 2018, cuando se celebrará el septuagésimo aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos en que la vivienda se considera un “derecho humano universal”, (i) es hora que los Gobiernos recurran a una solución clara para reducir el déficit de viviendas que continúan ignorando a su propio riesgo, y esta solución es el financiamiento de mercado a largo plazo. Sin un aumento substancial en el capital privado, el déficit de viviendas continuará aumentando, y con ello las probabilidades de descontento social. (i)

¡Mujeres en marcha! Dos décadas de inclusión de género en caminos rurales en Perú

Ramon Munoz-Raskin's picture

¿Mujeres que trabajan en mantenimiento de los caminos rurales? Hasta hace poco, la idea era bastante inaudita en muchos países. Pero en Perú no lo es. Desde 1995, el gobierno peruano y el Banco Mundial han estado trabajando de la mano para asegurar que las trabajadoras puedan desempeñar un papel activo en el mantenimiento rutinario de los caminos rurales. Esto es parte de un esfuerzo más amplio para reducir la brecha de género en las áreas rurales y para mejorar el acceso de las mujeres a oportunidades sociales y económicas.

De barrios marginales a vecindarios: cómo la eficiencia energética puede transformar la vida de los pobres en las zonas urbanas

Martina Bosi's picture



La Villa 31, un icónico asentamiento urbano en el centro de Buenos Aires, alberga a unas 43.000 personas pobres de la ciudad. En Argentina, paradójicamente, los barrios marginales urbanos se denominan “villas”, una palabra ligada generalmente al lujo en muchas partes del mundo.

¿Cuál es el primer paso para organizar las ciudades del Perú?

Zoe Elena Trohanis's picture

Traffic Jam in Lima Peru

Por trabajo me mudé con mi familia a Lima, Perú, hace 11 meses. Si nunca has visitado Lima, la ciudad es, en muchos aspectos, un lugar encantador - tiene unas vistas fantásticas del Océano Pacífico y se puede surfear en las playas locales, buena comida y barrios vibrantes, incluyendo un centro histórico con arquitectura virreynal y bellas iglesias. Sin embargo, Lima también es conocida por su terrible tráfico, por su crecimiento urbano no planificado, y por su informalidad.

Como especialista en desarrollo urbano, no puedo dejar de preguntarme cómo organizar mejor la ciudad para que sus habitantes puedan disfrutar más de todos los servicios y comodidades que Lima ofrece. ¿Es posible?

¿Una política habitacional que casi se podría pagar sola? La renovación de viviendas puede ser una solución

Luis Triveno's picture
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La demanda de viviendas decentes, asequibles —y seguras— para las poblaciones urbanas cada vez más numerosas es un problema que preocupa a los Gobiernos con dificultades financieras en todo el mundo en desarrollo. De acuerdo a la empresa de consultoría McKinsey & Company, un tercio de la población urbana del mundo —1600 millones de personas— tendrá dificultades para obtener una vivienda digna antes de 2025.

Sin embargo, los responsables de formular políticas habitacionales han socavado su capacidad de aumentar rápidamente la oferta de buenas viviendas, al aceptar el mito que siempre es mejor construir nuevas viviendas en vez de mejorar las ya existentes.

“Arreglar” el enfoque sobre la recuperación en casos de desastre

Jo Scheuer's picture
Foto: Danvicphoto, usuario de Flickr.

El vínculo entre la pobreza y los desastres es cada vez más claro: nuevos estudios muestran que los fenómenos meteorológicos extremos empujan a la pobreza a 26 millones de personas cada año. Las fuerzas que impulsan esta tendencia, como el cambio climático, la expansión urbana y el crecimiento demográfico, hacen que las pérdidas anuales superen los USD 500 000 millones, y estas cifras no disminuyen.

Sin embargo, dada la limitación de recursos y tiempo, se suelen descuidar las operaciones de preparación adecuadas para estos eventos que son comunes en los países en desarrollo. Como resultado se obtiene un modelo de recuperación deficiente que pone en peligro el desarrollo sostenible y deja rezagadas a millones de personas altamente vulnerables. (PDF, en inglés)

Para construir ciudades resilientes debemos considerar el problema de las viviendas precarias como una emergencia de vida o muerte

Luis Triveno's picture
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La escena es tan familiar como trágica: un devastador huracán o terremoto arrasa una zona poblada de un país pobre, causa muchas víctimas y satura los recursos y la capacidad de los equipos de rescate y de las salas de emergencia en los hospitales. El personal encargado de responder en primer lugar a una catástrofe debe recurrir al “triaje”: una estrategia médica para usar los recursos existentes de la manera más eficiente posible con el fin de salvar vidas y reducir, al mismo tiempo, el número de muertes.
Pero si los Gobiernos aplicaran el triaje al ámbito de las viviendas precarias, esta estrategia médica sería mucho menos frecuente, porque en el mundo en desarrollo las casas son la principal causa de muerte de personas y no los desastres.
 
En todo el mundo, la mayoría de las lesiones y muertes provocadas por las catástrofes naturales son el resultado de una calidad deficiente de las viviendas. En América Latina y el Caribe, por ejemplo, un tercio de la población −200 millones de habitantes− vive en asentamientos informales, con una alta densidad de unidades habitacionales potencialmente letales. En el caso del terremoto de magnitud 7.0 que afectó a Haití en 2010 y que causó la muerte de 260 000 personas, el 70 % de los daños estuvo relacionado con las viviendas. (PDF, en inglés) Del mismo modo, si un terremoto de magnitud 8.0 azotara a Perú, se estima que los daños en las viviendas provocarían el 80 % de las pérdidas económicas.

Sin embargo, la historia es diferente en los países ricos. En la última década, el 47 % de los desastres mundiales ocurrió en las naciones de ingreso alto, pero solo el 7 % de las muertes se atribuyó a dichas catástrofes.
 
Este es un problema con una solución conocida: para tener ciudades resilientes (i) es necesario tener viviendas resilientes. En la Plataforma Global para la Reducción del Riesgo de Desastres 2017, unos 5000 profesionales y representantes de círculos académicos, la sociedad civil y el sector privado debatirán cómo se puede aumentar la resiliencia urbana. (i)
Con el objetivo de reducir el impacto de los desastres en los más pobres y vulnerables y fortalecer su capacidad de recuperación, los Gobiernos deben centrar su atención en las viviendas precarias y poner en marcha programas dirigidos a prevenir que los daños en las casas causen lesiones, muertes y miseria económica innecesarias.
Los fondos para vivienda ya son escasos, por esta razón proponemos recurrir a los manuales médicos y adoptar una estrategia de triaje para disminuir los riesgos planteados por las viviendas, siguiendo la propuesta original del libro Peace of Mind in Earthquake Country, (i)y que comprende tres pasos:
 
En primer lugar, se deben identificar las viviendas donde no puede reducirse el riesgo y donde las intervenciones definitivamente salvarán vidas.
 
Las casas ubicadas en zonas de alto riesgo, como en una falla o en terrenos donde se producen desprendimientos de tierra, deben declararse inhabitables y los residentes tienen que ser reubicados. (i) Perú aprendió esta lección recientemente de la manera más dolorosa cuando deslizamientos de tierra e inundaciones destruyeron viviendas en lugares en que el riesgo no podía ser mitigado, causando la muerte de numerosas personas y afectando a más de 1 millón de habitantes.
 
En segundo lugar, se deben identificar las viviendas con riesgos estructurales muy elevados que podrían ser reparadas.
 
Los ingenieros expertos en construcción de viviendas, al igual que el personal de emergencia que sabe quiénes son las víctimas que necesitan atención inmediata, pueden observar un grupo de unidades habitacionales y determinar rápidamente cuáles presentan problemas estructurales. Por ejemplo, una casa de madera en Estados Unidos o Japón que no esté bien cimentada, que no tenga suficiente contrachapado en áreas críticas, y en que exista una chimenea de ladrillo, es probable que se derrumbe durante un terremoto. Si se abordaran estos tres riesgos, una estructura peligrosa como esta se podría convertir en un lugar lo suficientemente sólido, que incluso podría estar cubierto por una póliza de seguros.
 
Por último, se deben identificar las unidades habitacionales que presentan un riesgo estructural moderado a alto.
 
La buena noticia es que la gran mayoría de las viviendas precarias en el mundo en desarrollo se encuentran en zonas donde el riesgo puede ser mitigado. Estas casas han sido construidas con materiales y métodos de construcción seguros. Aplicar la estrategia de triaje en el sector de la vivienda −que tiene bajos costos iniciales− para identificar y reacondicionar estas casas podría salvar vidas.
 
No obstante, esta estrategia por sí sola no aumentará la resiliencia de las ciudades. Las políticas públicas de vivienda, incluso bien intencionadas y acompañadas de esta estrategia de triaje rentable, necesitan el apoyo de los sectores de la ingeniería, la construcción y los seguros. Toda política de vivienda, que procure aumentar la resiliencia, tendrá que incluir:
 
  1. Soluciones de bajo costo de mejoramiento de las viviendas, y eventualmente trabajos caseros de reparación o bricolaje;
  2. Mejores subsidios para la rehabilitación de viviendas;
  3. Incentivos para propietarios dispuestos a mejorar la seguridad física de sus hogares, y
  4. Préstamos asequibles y productos de seguros para aumentar y mantener la seguridad de las viviendas.
 
Anualmente, los propietarios invierten hasta 30 veces más en mejoras de sus viviendas que el gasto público destinado a programas habitacionales. Y, sin embargo, los recursos usados en renovar las viviendas constituyen una inversión que podría redundar en beneficios políticos, sociales y económicos significativos.
 
Los Gobiernos ya están invirtiendo en la rehabilitación de escuelas donde los niños pasan solo un tercio de su tiempo. ¿Por qué no invierten en hacer más seguras las estructuras donde los niños pasan dos tercios de su tiempo?
 
Además, las compañías de seguros podrían obtener ganancias cuantiosas al ofrecer productos dirigidos a los propietarios, cuyas viviendas presentan un nivel de seguridad estructural aceptable.
 
El mejoramiento estructural de las viviendas es una iniciativa beneficiosa para todas las partes involucradas.
 
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