Hay un supuesto que atraviesa la política educativa: “en educación, los cambios demoran”, se suele escuchar. Esa débil convicción tiene un costo: los estudiantes pierden días y años de sus vidas mientras el sistema mejora; días y años que se pierden para siempre. Pero los cambios acelerados no son imposibles. El Salvador es un ejemplo.
El Salvador enfrenta rezagos educativos profundos. Antes de la pandemia, alrededor del 69% de los niños no podían leer y comprender un texto sencillo a los 10 años, y las evaluaciones de UNESCO en primaria (ERCE) y de la OCDE en secundaria (PISA) en los últimos años confirmaron estas limitaciones estructurales. Detrás de esos resultados hay desafíos acumulados durante décadas: desigualdades persistentes, restricciones históricas de recursos, dificultades para atraer y apoyar a los docentes, y un contexto de violencia que impactaba el funcionamiento de muchas escuelas.
Pero el gobierno de El Salvador tiene la convicción que contar con una población y una fuerza de trabajo más educadas es indispensable para crecer, mejorar la productividad y elevar la calidad de vida. En 2024, el gobierno decidió abordar este desafío desde una perspectiva sistémica, emprendiendo una ambiciosa modernización educativa orientada a transformar el funcionamiento del sector en su conjunto y, sobre todo, a mejorar los aprendizajes en matemática y lectura en las escuelas públicas. En lugar de impulsar intervenciones aisladas y fragmentadas, la reforma parte de un diagnóstico de las principales barreras que enfrenta el sistema y de lo que se requiere para que todos los estudiantes aprendan. La estrategia aprovecha la inteligencia artificial y la tecnología como herramientas para acelerar esta transformación y alinear distintos componentes del sistema alrededor de un objetivo común: mejorar el aprendizaje. Los resultados recientes de un grupo de escuelas participantes son sorprendentes y alentadores, y sugieren que mejoras sustantivas son posibles cuando todo el sistema se organiza alrededor de un mismo propósito: que todos los estudiantes aprendan.
La modernización educativa en El Salvador se diseñó como un proceso gradual, comenzando con un piloto cuidadosamente definido en 10 escuelas. Esta primera etapa permitió poner a prueba el enfoque, aprender de su implementación y adaptar y perfeccionar las intervenciones sobre la base de la evidencia, manteniendo siempre el objetivo de mejorar los aprendizajes. A partir de mediados de 2025, el programa se amplió a cerca de 200 escuelas y, un año después, se está implementando en cerca de 1000, avanzando paso a paso hacia la meta de llegar a los casi 5000 centros educativos públicos del país.
Lo que muestran los datos
En julio de 2026, 1198 alumnos voluntarios de 171 escuelas de las 200 a las que había llegado la primera fase participaron en PISA for Schools, la evaluación que la OCDE aplica a grupos de escuelas seleccionadas que forman parte de una red o de un programa especial. Estas escuelas son primer grupo de centros educativos incorporados al programa y han tenido cerca de un año de exposición al programa. Los resultados superaron ampliamente el promedio nacional: 417 puntos versus 346 en matemática; 462 versus 385 en ciencias y 492 versus 366 en lectura. Si bien los resultados no son representativos de lo que va del programa ni del país, la magnitud de la diferencia merece atención.
¿Qué significan esos puntajes? Con 366 puntos, es el promedio nacional, un estudiante entiende un texto relativamente breve e interpreta las ideas literalmente. Con 492, el resultado de las escuelas en el programa de modernización, un estudiante encuentra de manera independiente lo que busca en textos más complejos, interpreta, realiza inferencias, y relaciona partes del texto que están en lugares distintos.
La OCDE señala que estos resultados son similares al promedio de Suecia o Alemania. Aun considerando que estos estudiantes tomaron el examen de manera voluntaria, y asumiendo que se encuentren entre los de mejor desempeño de sus escuelas, este resultado es notable para escuelas públicas en contextos vulnerables. Estos estudiantes superaron en las tres materias al quintil socioeconómico más alto de El Salvador en PISA 2022 y tienen puntajes similares a los de las escuelas privadas de Chile, el país de mejor desempeño de la región en 2025 junto con Uruguay.
¿Qué está haciendo la modernización educativa de El Salvador para explicar estos resultados?
Las reformas funcionan cuando operan como un sistema
Muchas reformas educativas fracasan porque sus componentes avanzan de manera fragmentada. Se distribuye tecnología, pero no existe acompañamiento pedagógico para los docentes. Se evalúa a los estudiantes, pero la información no se utiliza para mejorar la enseñanza. Lo que ocurre en El Salvador es distinto. En las escuelas del programa, currículo, materiales, apoyo docente, liderazgo escolar, tecnología, evaluación avanzan a la vez, y cada pieza refuerza a las demás. Esa coherencia es lo que distingue al caso salvadoreño y sus resultados. La evidencia es alentadora: hay una ruta posible.
La reforma se orienta a fortalecer las competencias fundamentales, implementando un currículo que prioriza matemática y lectura y que identifica lo esencial que cada estudiante debe aprender por grado. Los docentes disponen de planificación y guiones de clase que incorporan la evidencia más reciente de la ciencia del aprendizaje, y reciben tutorías y acompañamiento presencial y virtual. A esto se sumó un sistema de evaluación permanente, con pruebas formativas y sumativas que alimentan en tiempo real los tableros de monitoreo y activan apoyo para quienes se quedan atrás. Estos componentes están integrados en plataformas digitales lo que permite una coherencia entre el currículo, los materiales para maestros y estudiantes, el entrenamiento docente y los aprendizajes que se miden.
Estos son los elementos que generalmente se encuentran en los sistemas exitosos. Y la característica común, como en El Salvador, es que se implementan de manera integrada y el aprendizaje es el criterio principal que organiza la acción operativa del sistema, más que una aspiración general. Pero aquí hay dos elementos adicionales. Primero, se desarrollaron capacidades de gestión e implementación para lograr un despliegue con fidelidad a lo largo de cientos de escuelas y que debe continuar expandiéndose. Y segundo, la tecnología facilitó la incorporación de estos elementos de manera integral y a mayor velocidad.
Tecnología e inteligencia artificial al servicio del aprendizaje
Casi todas las acciones descritas podían implementarse de manera analógica. La diferencia es que, si se aprovecha correctamente la tecnología y la inteligencia artificial, pueden implementarse de manera más rápida, sistemática y eficaz, permitiendo al sistema aprender y responder con mayor velocidad. El enfoque aquí es que la tecnología quede al servicio de la reforma y de un objetivo muy concreto: acelerar y ampliar la capacidad del sistema para mejorar los aprendizajes.
Un aspecto distintivo del programa de modernización educativa es que la inteligencia artificial y la tecnología se conciben como habilitadores transversales, y no como una intervención independiente. Esto plantea un reto complejo ya que no sabemos cuál es la mejor combinación entre capacidades humanas y tecnología para cada una de las tareas del proceso educativo. Más aún, esa combinación no es estática ni universal; depende del contexto y cambia según el estadio de desarrollo del sistema educativo y las capacidades y recursos humanos, financieros y gerenciales disponibles, tanto a nivel del sistema como de cada escuela. Lo que sí está claro es que ninguna de estas combinaciones busca reemplazar al docente. La tecnología amplía lo que un maestro puede hacer, fortalece sus capacidades y le permite dedicar más tiempo y atención a aquello que requiere su criterio y experiencia.
Precisamente porque este reto es dinámico, El Salvador no se ha limitado a incorporar herramientas tecnológicas, sino que está desarrollando las capacidades necesarias para diseñar, probar y adaptar continuamente distintos instrumentos y procesos en función a las capacidades del sistema, aprendiendo de su implementación. Este proceso orienta la iteración y evolución de la tecnología: las herramientas se afinan según el uso que le dan docentes y escuelas, y continuarán evolucionando a medida que esas capacidades se fortalecen. El proceso también incluye encontrar la combinación óptima entre el uso de modelos de lenguaje pequeños (SLMs) y modelos de lenguaje de gran tamaño (LLMs), dependiendo de la tarea específica en cuestión (evaluaciones, asesoramiento y observación de clases). Así, hay un ciclo continuo entre las capacidades del sistema, la tecnología y los resultados de aprendizaje, que permite acelerar progresivamente el impacto de la reforma.
En un sistema que enfrentaba desafíos de asistencia de alumnos y docentes, donde los maestros contaban con poco apoyo y no existía un monitoreo sistemático y continuo de los aprendizajes, la tecnología ofrece la posibilidad de incorporar nuevas prácticas a una velocidad que de otro modo habría tomado mucho más tiempo. Las plataformas digitales de aprendizaje permiten ofrecer experiencias ajustadas al nivel de cada estudiante, monitorear la asistencia, dar seguimiento al progreso e identificar tempranamente a quienes requieren refuerzo. También proporcionan nuevas herramientas para apoyar a los docentes, desde la generación de contenidos hasta el fortalecimiento de las evaluaciones de aprendizaje. Al mismo tiempo, generan información en tiempo real que permite identificar dónde se están produciendo brechas y dónde el sistema debe concentrar mayores esfuerzos.
Del piloto a la transformación del sistema
Aún queda mucho camino por recorrer. Estos resultados no representan todavía al conjunto del sistema educativo salvadoreño y persisten desafíos enormes. El Salvador participa en la prueba PISA cada tres años. A pesar de estar rezagado en el ranking, ha elegido tener la mayor información posible de su desempeño, con la convicción de que sólo con data se puede saber cuánto hay que mejorar.
Los últimos resultados, recogidos en noviembre de 2025 y anunciados en septiembre de 2026, cuando el sistema educativo salvadoreño estaba al inicio de la modernización, muestran ya una mejora moderada. El Salvador es uno de los 12 países en el mundo que avanzaron en los puntajes de PISA entre 2022 y 2025, y junto con Costa Rica el único de América Latina con evolución positiva en matemática, lectura y ciencia, en un contexto de caída generalizada en países de la OCDE y de ingreso medio. Además, en El Salvador la matrícula ya ha empezado a incrementarse con la pacificación del país. Solo ese hecho podría haber generado una caída esperable en los puntajes nacionales, ya que se incorporaron estudiantes de estratos socioeconómicos desfavorecidos. A pesar de eso, los puntajes nacionales no cayeron.
El gobierno está expandiendo el programa de modernización con el objetivo de alcanzar a todas las escuelas públicas del país. Esta expansión está siendo acompañada por asistencia técnica y financiamiento del Banco Mundial. El instrumento financiero utilizado es un “Programa por Resultados”, es decir, el país no recibe desembolsos para financiar insumos (tecnología, materiales, capacitación, etc.) sino que los recibe a medida que se van logrando resultados. Esto es consistente con una política focalizada en el logro del resultado final: los aprendizajes. El gobierno anunció además en agosto de 2026 que elevará la inversión en educación por encima del 8% del PIB a partir del 2027, un compromiso presupuestario casi sin precedentes en la región.
Estos resultados demuestran que un sistema, aun cuando parta de niveles muy bajos puede mejorar aceleradamente si es que se concibe un sistema integrado que se tiene que expandir de manera coherente. Y, estando en el siglo XXI, utilizando la tecnología en función y para mejorar las capacidades existentes, y en la medida que éstas se expandan, mejorar la tecnología que se usa, en un proceso iterativo, orientado exclusivamente a mejorar los aprendizajes. Estos son elementos centrales para emprender la tarea más difícil: llevar esa experiencia a escala, para que cada niño y niña del país tenga las mismas oportunidades de aprendizaje.
El compromiso político y el sentido de urgencia con esa meta está a la vista y es una condición indispensable. Cuando el aprendizaje se convierte en la prioridad y las reformas llegan al aula, los cambios en educación no tienen por qué demorar.
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