“Antes de conocer a Gallito, no tenía ni idea de lo que quería hacer”. El estudiante que dijo esto asiste a una escuela pública en Lima y está a unos meses de tomar la decisión más importante de su vida: ¿Qué hacer después de la secundaria?. Gallito es el orientador de IA detrás de esa frase, el guía de una plataforma llamada Eligiendo Mi Camino, creada para ayudar a los estudiantes a descubrir qué quieren hacer a continuación y a responder las preguntas que, por lo general, quedan sin respuesta. En la próxima década, 1,2 mil millones de jóvenes en los países en desarrollo alcanzarán la edad laboral. El éxito de su transición de la escuela al trabajo depende, en parte, de que alguien responda esas preguntas.
La información genérica no es suficiente
Si se pregunta en un salón de clases de una escuela pública de Lima quién sabe qué quiere estudiar, la respuesta es reveladora: una maestra del programa contó cinco o seis estudiantes de un total de 27. Muchos serían los primeros de sus familias en acceder a la educación superior, por lo que las personas en quienes más confían no pueden describirles las opciones que tienen por delante. La escuela tampoco suele poder hacerlo: en Perú, la orientación profesional se integra en una hora semanal de tutoría a cargo de los maestros de aula en lugar de orientadores especializados, lo que forma parte de lo que la OCDE describe como una orientación profesional escolar «irregular» en toda América Latina.
Los economistas han intentado llenar ese vacío con información. Los estudiantes suelen subestimar los beneficios de la educación, y corregir esas creencias puede cambiar su comportamiento (Jensen 2010; Hastings, Neilson y Zimmerman 2015). Pero la información por sí sola ha tenido resultados mixtos, probablemente porque la información es genérica mientras que las preguntas son personales: qué carreras se ajustan a sus intereses, cuánto pagan y cuánto cuestan, y cuál debería ser su primer paso. Lo que impulsa las decisiones es lo personal: la mentoría intensiva funciona donde la información e incluso los incentivos económicos no lo hacen. Sin embargo, la orientación personalizada es costosa de aplicar a gran escala. Llega a las familias que pueden pagarla. En una escuela pública, apenas existe.
La intervención: personalización a un costo marginal casi nulo
El orientador profesional de IA es uno de los dos componentes de Eligiendo Mi Camino, desarrollado junto con la Dirección Regional de Educación de Lima (DRELM), las startups peruanas uDocz y AIdea, y el laboratorio de IA Anthropic; el otro componente es un tutor de matemáticas basado en IA. Desde abril y hasta julio, los maestros y el orientador profesional basado en IA han guiado a los estudiantes de último año de secundaria a través de un proceso de ocho pasos construido en torno a tres preguntas: ¿quién soy?, ¿cuáles son mis opciones reales? y ¿cuál es mi plan concreto? El programa se basa en datos salariales de más de 130 ocupaciones en doce sectores. Además, el orientador de IA entrevista a cada estudiante sobre sus intereses y dudas, corrige los mitos que tienen y, dado que las expectativas familiares pueden ser el obstáculo más difícil, les permite prepararse para esa conversación antes de tenerla en casa. Una estudiante llegó buscando algo que combinara medicina y tecnología y descubrió que existía la ingeniería biomédica. La plataforma no solo brinda información a los estudiantes, sino que también responde a sus preguntas.
Lo costoso de la orientación nunca fue la información; era el tiempo que dedicaba el profesional a personalizarla. Esa es la parte que ahora cubre la IA: con aproximadamente $1 por estudiante durante cuatro meses de orientación personalizada impulsada por inteligencia artificial, y más allá de los costos fijos de configuración, el enfoque ofrece una forma prometedora de ampliar el acceso a la orientación profesional personalizada. En Lima, el orientador de IA funciona durante la jornada escolar, en los laboratorios de computación con los que ya cuentan las escuelas, dirigido por maestros que recibieron una capacitación de dos días con material estructurado y apoyo continuo para llevar a cabo el programa. Sin personal nuevo, sin dispositivos nuevos, sin tiempo adicional de instrucción.
Resultados preliminares
En colaboración con el Grupo de Investigación para el Desarrollo, evaluamos el programa en un ensayo aleatorio pre-registrado en más de 100 escuelas públicas y 6.000 estudiantes; hasta donde sabemos, es una de las primeras evaluaciones aleatorias de un orientador profesional basado e,n un modelo de lenguaje grande (LLM) en un país de ingreso bajo o mediano. Las escuelas del grupo de tratamiento recibieron el programa, mientras que las del grupo de control continuaron como de costumbre.
La participación es alta: casi nueve de cada diez estudiantes del grupo de intervención están utilizando la plataforma. Los estudiantes del grupo de intervención obtienen una puntuación 0,12 desviaciones estándar más alta en un índice de preparación para la carrera profesional, que es un promedio de cinco medidas: qué tan seguros están de qué carrera seguir, qué tan informados se sienten sobre sus opciones, qué tan factibles consideran sus planes, qué tan bien conocen los empleos en su sector preferido y qué tan claramente ven sus propias fortalezas e intereses.
El cambio más evidente se observa en las creencias sobre la carrera técnica. Los programas de ciclo corto de calidad ofrecen buenos ingresos en el mercado laboral de la región; sin embargo, los estudiantes los subestiman: los estudiantes del grupo de control estiman que un título técnico de dos años rinde alrededor de S/1300 al mes, frente a los aproximadamente S/1922 que ganan en realidad los trabajadores con formación técnica, según el INEI. Las sesiones de coaching hicieron que las estimaciones de los estudiantes tratados aumentaran en aproximadamente un 21 por ciento, acercándolas a la realidad. Los planes siguen a las creencias: las intenciones de inscribirse en un instituto técnico aumentan un 14 por ciento. Se trata de creencias y planes, no aún de decisiones de inscripción.
Los resultados son preliminares, ya que el programa aún está en curso. Se espera publicar la evaluación completa el próximo año.
La limitación clave para la ampliación es la conectividad. A un dólar por estudiante, el programa se ajusta a cualquier presupuesto ministerial y, dado que su orientación se basa en datos, es adaptable: basta con ingresar los salarios y las opciones locales para que funcione en cualquier mercado laboral. Perú está a la espera de esta evaluación para decidir sobre el escalamiento; Ecuador está adaptando la plataforma. Sin embargo, el coach funciona con un modelo basado en la nube, y la conectividad dista mucho de ser universal. Por eso estamos explorando un modelo de lenguaje pequeño que funcione localmente, sin Internet.
Eso es lo que la agenda de empleo del Grupo Banco Mundial pide a los sistemas educativos: mejores transiciones de la escuela al trabajo, no solo mejores calificaciones en los exámenes, especialmente para los jóvenes que el mercado laboral deja de lado actualmente. Según los propios testimonios de los estudiantes, la transición ya se percibe de manera diferente. Como dijo Jeffrey: “Veo mi futuro con esperanza”.
Para saber más sobre el programa, chatea con Gallito, visita la página del programa o escribe a eligiendomicamino@worldbank.org .
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