Vivir con las amenazas naturales: Fortaleciendo la resiliencia de la red vial de Ecuador

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 Vivir con las amenazas naturales: Fortaleciendo la resiliencia de la red vial de Ecuador Colapso de la plataforma vial por deslizamiento de ladera en contexto de suelos saturados en Zumbahua, provincia de Cotopaxi, Ecuador. Foto: Banco Mundial.

En las últimas cuatro décadas, Ecuador ha sufrido 93 grandes desastres, que han causado más de 7.600 muertes y afectado a más de una quinta parte de la población. Inundaciones, deslizamientos de tierra, terremotos y otros fenómenos naturales han afectado de manera consecutiva la infraestructura, aislado comunidades y perturbado los medios de subsistencia, especialmente entre los hogares más pobres.

Estos desastres no afectan a Ecuador de manera uniforme. Las inundaciones y los deslizamientos de tierra provocados por lluvias son los más frecuentes y tienen el mayor impacto en la infraestructura de transporte, aislando provincias y cantones, interrumpiendo la producción agrícola y reduciendo los ingresos en las comunidades vulnerables. Los terremotos son menos frecuentes, pero causan la mayor pérdida de vidas.

La Red Vial Estatal (RVE) de Ecuador es la columna vertebral del país. Conecta a los productores con los mercados, une a las comunidades con hospitales y escuelas, y apoya el comercio nacional e internacional. Sin embargo, esta red está altamente expuesta a inundaciones, deslizamientos de tierra, terremotos y otros desastres, y se prevé que el cambio climático intensifique estas amenazas al aumentar la frecuencia y la gravedad de las interrupciones. Las consecuencias van mucho más allá del daño físico: las respuestas de emergencia se vuelven más lentas y menos efectivas, se interrumpe el acceso a servicios esenciales, incluso interrupciones breves pueden significar pérdida de ingresos y una mayor vulnerabilidad a la pobreza, particularmente en las zonas rurales.

 

Figura 1 – Desastres que afectan la infraestructura de transporte de Ecuador

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Midiendo el riesgo

Una evaluación reciente de la Red Vial Estatal de Ecuador cuantificó los impactos directos e indirectos que las amenazas naturales y aquellas relacionadas con el clima ocasionan en ésta. El riesgo directo se refiere a los daños físicos a carreteras y puentes, mientras que el riesgo indirecto abarca las pérdidas económicas y sociales causadas por la interrupción de la conectividad.

En las condiciones climáticas actuales, estos peligros generan pérdidas económicas anuales de aproximadamente 139,5 millones de dólares: 90,4 millones en daños directos a carreteras y puentes, y 49,1 millones en pérdidas indirectas por la interrupción de la conectividad. Sin medidas de adaptación, las pérdidas podrían aumentar a 159,1 millones de dólares para 2050 y a 171,5 millones para 2070.

La exposición es particularmente alta en Cotopaxi, Esmeraldas, Guayas y Pichincha, donde las carreteras y puentes de alto riesgo representan objetivos prioritarios para las inversiones en resiliencia.

 

Figura 2 – Riesgo de la red vial en condiciones actuales y en el escenario climático a 2050 (SSP5-8.5)

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Cuando los peligros se encuentran con una infraestructura obsoleta

Las interrupciones dependen no solo de la intensidad de los fenómenos naturales, también del estado de la infraestructura. Las carreteras y puentes deteriorados son más propensos a fallar ante inundaciones, deslizamientos de tierra o lluvias torrenciales, y su reparación suele ser más prolongada. El mal estado de la infraestructura no solo aumenta la probabilidad de fallas, sino que prolonga también los tiempos de reparación, lo que agrava las pérdidas económicas y las perturbaciones sociales.

A pesar de su importancia estratégica, en Ecuador, solo el 55 % de las vías principales, el 43 % de las vías colectoras y el 66 % de los puentes se encuentran actualmente en buen estado. Este déficit estructural reduce la capacidad de la red para absorber impactos y aumenta la probabilidad de que las condiciones climáticas extremas provoquen el cierre de carreteras.

Peligros como las inundaciones o la inestabilidad de taludes pueden desencadenar en interrupciones más amplias cuando afectan a infraestructuras ya vulnerables. Un drenaje deficiente, pavimentos debilitados y taludes inestables pueden convertir eventos localizados en fallas de conectividad regional. El aumento de las temperaturas representa un desafío adicional al incrementar las necesidades de mantenimiento y, potencialmente, acortar la vida útil de la infraestructura. En conjunto, estas presiones subrayan la necesidad de fortalecer tanto la calidad de la infraestructura como los sistemas de mantenimiento.

 

Figura 3. Eventos recientes: daño en infraestructura vial por deslizamiento de ladera asociado a precipitaciones intensas, Zumbahua, provincia de Cotopaxi, Ecuador.

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Brecha en el financiamiento

Los recursos para la prevención y la respuesta a emergencias siguen siendo limitados. El presupuesto de inversión del Ministerio de Infraestructura y Transportes para 2025 asciende a USD 258 millones, de los cuales solo USD 45 millones se destinan a emergencias por desastres. En los últimos años, el gasto anual en prevención ha promediado USD 30 millones, muy por debajo de las pérdidas anuales estimadas. Esta brecha pone de manifiesto la necesidad de pasar de la reconstrucción reactiva a inversiones proactivas que reduzcan el riesgo antes de que ocurran los desastres.

 

Figura 4 – Pérdidas económicas anuales estimadas por desastres de origen natural y climático en la red vial estatal de Ecuador

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Construyendo una red más resiliente

Fortalecer la resiliencia no solo implica proteger la infraestructura, sino invertir también en estabilidad económica y seguridad pública. Entre las prioridades se incluyen la actualización de las normas de diseño para las futuras condiciones climáticas, el fortalecimiento de los sistemas de monitoreo, la integración de consideraciones climáticas en el mantenimiento y la adopción de tecnologías modernas en pavimentos para extender la vida útil de los activos y reducir la vulnerabilidad.

Estos esfuerzos cuentan con el apoyo del Proyecto de Reconstrucción Resiliente de Emergencia. El proyecto restablece la conectividad en las zonas afectadas por desastres, al tiempo que fortalece la resiliencia de la infraestructura. Apoya las mejoras en la preparación ante emergencias y el desarrollo de un Sistema de Gestión de Activos Viales (RAMS) y Sistemas de Alerta Temprana (EWS). Al centralizar la información técnica y los registros georreferenciados de interrupciones pasadas, estas herramientas ayudan a identificar activos de alto riesgo, respaldan el mantenimiento predictivo y mejoran la planificación de inversiones y la respuesta a emergencias.

Mirando hacia el futuro

La Red Vial Estatal de Ecuador es esencial para el crecimiento económico, la creación de empleo y la conectividad social. A medida que se intensifican los riesgos, la resiliencia debe convertirse en un pilar de la política de infraestructura. Invertir hoy en infraestructura resiliente puede reducir significativamente las pérdidas futuras: cada dólar invertido puede generar aproximadamente cuatro dólares en daños y costos de interrupción evitados.

Ecuador puede construir una Red Nacional de Carreteras capaz de soportar condiciones climáticas cada vez más complejas. Proteger esta red significa, en última instancia, proteger los medios de subsistencia, el acceso a los mercados y las oportunidades para millones de ecuatorianos.


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