Siete de cada diez bolivianos viven en zonas urbanas. En La Paz, con suelo escaso y topografía extrema, esto se ha traducido en la ocupación de laderas inestables, viviendas expuestas a deslizamientos y barrios con déficits de servicios básicos y de espacio público: enclaves de difícil acceso donde el riesgo físico y la exclusión social limitan el retorno de la inversión social.
Aunque Bolivia destina el 14,5% de su PIB a inversión social, por encima del promedio regional del 11,6%, persisten brechas, déficits de infraestructura básica, informalidad urbana y vulnerabilidad climática, especialmente en las ciudades andinas. Para enfrentar este desajuste, el país cuenta con una nueva política de ciudades que prioriza la mejora de la calidad de vida en áreas periféricas, la reducción de la vulnerabilidad, la ampliación del acceso a servicios y la integración territorial.
Es en este contexto en el que el Proyecto de Resiliencia Urbana (PRU) se ha convertido en un instrumento clave que aterriza esta agenda, conectando la inversión social con la resiliencia y el desarrollo territorial en barrios críticos. La Paz y Santa Cruz de la Sierra están demostrando que una inversión focalizada y bien articulada con la planificación urbana rinde más en términos de resiliencia, movilidad social y cohesión comunitaria, posicionando un modelo emblemático de mejoramiento de ciudades en la región.
Pero el PRU se propuso algo más ambicioso que construir obras: demostrar que una política urbana bien diseñada puede transformar esos enclaves en barrios seguros, caminables e integrados, capaces de absorber y recuperarse de eventos climáticos extremos con menores pérdidas.
Cómo La Paz fue construyendo su modelo de mejoramiento de barrios
Tras décadas de experiencia, los “Barrios de Verdad” y “Mil Colores”, cofinanciados por el Banco Mundial, instalaron capacidades y sentaron las bases para estructurar el PRU. La operación promueve un modelo integral que combina la reducción de riesgos, la movilidad, el espacio público y la infraestructura social con procesos ciudadanos de planificación y ejecución.
Se articulan tres dimensiones: resiliencia climática, mejor integración barrio–ciudad y fortalecimiento institucional. Estas acciones elevan los estándares de diseño urbano y se conectan mejor con el transporte y los servicios, lo que refuerza la accesibilidad. El enfoque profundiza la participación vecinal, con un rol más visible para las mujeres y otros grupos tradicionalmente excluidos.
Los barrios de Alto Las Delicias, 3 de Mayo, KoaKoa, Lazareto, Pokeni–Chapuma, Condorini, Pacasa y Rosasani marcan el progreso: sectores antes inviables hoy se transforman en nodos de oportunidades para hogares de bajos ingresos con esquemas integrados de mejoramiento barrial que se replican en la periferia paceña.
Hoy, más de 6.150 personas —en su mayoría mujeres— ya perciben mejoras en su vida diaria: calles transitables, mejor acceso al transporte, iluminación que reduce la inseguridad, áreas de esparcimiento y equipamientos que amplían las oportunidades de encuentro, cuidado y actividades productivas. Además, se han incorporado tres hectáreas de nuevo espacio público que mejoran la gestión de las escorrentías y la estabilidad de las laderas.
Condorini es el ejemplo más elocuente. Antes predominaban senderos de tierra, la falta de drenaje, vertientes que generaban riesgo de deslizamiento e infraestructura comunitaria precaria y servicios sanitarios insuficientes. Su población —entre 40 y 59 años— es especialmente sensible a interrupciones en la accesibilidad y en los servicios de salud y cuidado, por lo que se abordaron el acceso vehicular, la movilidad peatonal, las obras hidráulicas, la estabilización de taludes, el drenaje pluvial y los equipamientos.
Según sondeos de percepción, más del 80% de los vecinos califican los cambios como “beneficiosos” para su calidad de vida. El acceso vehicular pasó de intermitente a fluido, lo que redujo los tiempos de viaje y facilitó la llegada de servicios, y el 91% reconoce que las actividades sociales fortalecieron la convivencia y el sentido de apropiación.
En Pokeni y Villa Chapuma, con pendientes pronunciadas y filtraciones, se identificó una alta proporción de menores, por cuanto se orientó el diseño hacia equipamientos de cuidado. El Centro Infantil Chapuma, canchas deportivas, espacios comunitarios, mejora vial y drenaje pluvial, generaron mejores condiciones de acceso, recreación y atención a la primera infancia.
Los testimonios enfatizan el cambio: calles antes inundadas hoy son transitables, las canchas se llenan de niños jugando y las madres reportan una mayor tranquilidad. Más del 90% de los encuestados está dispuesto a colaborar en el mantenimiento del espacio público: cuando la inversión se diseña con la comunidad, el activo urbano se convierte en patrimonio compartido y en un factor de protección frente a la incertidumbre climática.
Banco Mundial, un catalizador del desarrollo
Con USD 20 millones para La Paz, de los cuales el 33% está destinado al mejoramiento de barrios, el Banco Mundial desempeña un rol catalítico, alineando estas intervenciones con la agenda nacional de resiliencia urbana, fortaleciendo las unidades ejecutoras municipales e incorporando criterios de clima, género y participación comunitaria a lo largo de todo el ciclo del proyecto.
La colaboración con el Programa Marco de Desarrollo Urbano y Regional Sostenible (SURGE), apoyado por SECO, ha sido clave para traducir estos aprendizajes en reglas concretas: un manual de mejoramiento de barrios, sistemas de información y pilotos de proyectos participativos.
Lecciones aprendidas
- Clarificar las responsabilidades de mantenimiento y de arreglos de cofinanciamiento entre municipios y organizaciones barriales permite resguardar las inversiones, optimizar los costos a lo largo del ciclo de vida y profundizar el sentido de pertenencia.
- Combinar información sobre riesgos, brechas de servicios y perfiles socioeconómicos con procesos de participación comunitaria brinda una base sólida para priorizar barrios y secuenciar las inversiones.
Más que obras físicas, La Paz deja capacidades, instrumentos e instituciones listos para nuevos programas de mejoramiento barrial, escalables en Bolivia y en la región andina. La inversión social no se mide solo por el PIB, sino por si los niños de Pokeni tienen dónde jugar y si las mujeres pueden tomar el micro cerca de su casa con seguridad. La Paz está construyendo esa respuesta y su experiencia marca un camino para las ciudades de la región que enfrentan los mismos desafíos.
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