Los motociclistas representan el 44% de las víctimas fatales por siniestros viales en Argentina. En varias provincias del norte del país, esa proporción supera el 55%. Detrás de estas cifras hay principalmente jóvenes y trabajadores, personas que usan la moto como medio para llegar a su empleo o estudiar. En un contexto donde la motocicleta es un modo de transporte cada vez más extendido, la pregunta es clara: ¿cómo hacer que viajar en moto no implique un riesgo?
Este fue el punto de partida para el desarrollo de un nuevo Plan Nacional para la Seguridad Vial de Motociclistas en Argentina, una iniciativa liderada por la Agencia Nacional de Seguridad Vial con el apoyo del Banco Mundial.
Con el auge del uso de motocicletas en toda América Latina, esta iniciativa se perfila también como un laboratorio de aprendizaje para la región.
Un cambio de enfoque: hacia una estrategia nacional integral de seguridad para motociclistas
Históricamente, la seguridad vial se centraba casi exclusivamente en "culpar" al conductor. El nuevo plan argentino adopta el enfoque de Sistema Seguro.
¿Qué significa esto? Significa diseñar un entorno de movilidad que asuma que los humanos cometen errores. El objetivo es que, cuando esos errores ocurran, el sistema (la infraestructura, el vehículo, la velocidad y la respuesta de emergencia) actúe como una red de contención para evitar que el siniestro sea fatal.
Datos para la toma de mejores decisiones
Una de las primeras conclusiones del proceso de elaboración del Plan fue la importancia de los datos. El diagnóstico del Plan muestra alta concentración de víctimas jóvenes, predominio masculino, siniestros urbanos y un peso significativo de factores evitables, como el no uso o uso incorrecto del casco, la falta de capacitación práctica y debilidades en la fiscalización.
Esta “radiografía” de la siniestralidad de motociclistas permitió pasar del diagnóstico general a la priorización de intervenciones concretas, con mayor potencial de impacto.
Tres líneas de acción
A partir de la evidencia, el Plan identifica tres áreas prioritarias de acción:
1. Cascos certificados y bien ajustados
El casco es una de las medidas de seguridad más costo-efectivas. Sin embargo, su uso sigue siendo irregular y la calidad no siempre está garantizada. El Plan propone fortalecer estándares, controles y campañas, combinando fiscalización con concientización y acceso a cascos seguros.
2. Capacitación práctica para conducir motos
Conducir una moto requiere habilidades específicas. El Plan pone énfasis en mejorar la formación práctica, especialmente para nuevos conductores, y en revisar cómo se otorgan las licencias, para asegurar que quienes conducen estén realmente preparados.
3. Protección de quienes usan la moto como herramienta de trabajo
Repartidores, mensajeros y trabajadores de plataformas digitales están entre los más expuestos. El Plan incorpora a este grupo como una prioridad, promoviendo medidas específicas de protección y articulación con empleadores y gobiernos locales.
De manera transversal, el Plan se apoya en regulación y tecnología y en la Plataforma Nacional de Movilidad Segura, un sistema de información interoperable que integra datos clave para fortalecer la gestión, el monitoreo y la toma de decisiones basada en evidencia.
Del nivel nacional a la acción local
Aunque el Plan es nacional, desde el inicio se trabajó con provincias y municipios para adaptar el enfoque a los contextos locales. Las primeras experiencias subnacionales, como las de Chaco y Tucumán, muestran cómo este marco puede traducirse en acciones concretas: diagnósticos propios, ajustes en los controles, campañas focalizadas y una mayor coordinación entre áreas que antes trabajaban por separado.
Estas experiencias tempranas no solo permiten aprender y calibrar las intervenciones, sino que también demuestran que es posible pasar del papel a la acción.
Una lección para la región
Reducir las muertes de motociclistas no es un objetivo de corto plazo, pero sí es alcanzable. La evidencia internacional muestra que los países que combinan datos sólidos, políticas integrales y coordinación institucional logran resultados sostenidos.
El Plan ofrece un camino claro para poner la vida en el centro del sistema de movilidad. Para el resto de América Latina, donde el parque de motocicletas crece exponencialmente, el caso argentino ofrece una lección valiosa: la seguridad vial no es un accidente, es una decisión de diseño.
Si la motocicleta llegó para quedarse, el desafío es asegurar que usarla no implique poner la vida en juego.
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