Al mirar hacia el futuro de la región amazónica, una verdad se destaca: el camino hacia el desarrollo sostenible depende de su bioeconomía. La bioeconomía amazónica, arraigada en el uso responsable de su biodiversidad, ofrece una oportunidad para crear empleos, mejorar los ingresos locales y preservar el bosque actual. Sin embargo, a pesar de su promesa, la bioeconomía sigue limitada por un desafío fundamental: las brechas de infraestructura.
¿Qué es la bioeconomía y por qué es importante?
La bioeconomía aprovecha los recursos biológicos, el conocimiento tradicional y la innovación para crear productos sostenibles. En la Amazonía, esto significa aprovechar el açaí, las nueces de Brasil, el pescado pirarucú y el cacao de la región para alimentos, productos farmacéuticos, cosméticos y otros bienes de valor agregado. Las comunidades en la Amazonía desempeñan un papel central en la protección del bosque tropical, por lo tanto, la expansión de oportunidades de empleo a través de la bioeconomía es esencial tanto para sostener sus medios de vida como para asegurar que el bosque permanezca en pie, mientras se fortalecen las tradiciones y los derechos de los pueblos indígenas y locales. Si se hace correctamente, la bioeconomía puede impulsar la prosperidad mientras preserva la integridad ecológica de la selva tropical, con estimaciones de productividad actuales que sugieren que aproximadamente 42,000 nuevos empleos podrían generarse hasta el 2050.
Infraestructura: el eslabón perdido
En cada etapa, desde la cosecha hasta el mercado, la infraestructura limita el desarrollo de la bioeconomía amazónica en Brasil, Colombia y Perú.
Transportar bienes bioeconómicos desde bosques remotos a mercados depende de pequeñas embarcaciones que navegan por ríos impredecibles y muelles improvisados que a menudo fallan durante las sequías. Para los productos perecederos, hasta los retrasos cortos pueden significar pérdidas importantes. Con más de 380,000 km, la red fluvial proporciona una conexión natural con comunidades agrupadas naturalmente cerca de los ríos. Sin embargo, los 730 puertos y muelles ofrecen un acceso limitado y a menudo precario, con un solo puerto/muelle disponible por cada 43,000 personas.
La inestabilidad de la electricidad y el almacenamiento en frío limitado restringen el procesamiento y la adición de valor. Muchas comunidades dependen de generadores de diésel costosos, lo que provoca cortes frecuentes que estropean hasta la mitad de las capturas de pirarucú y el 40% de la producción de açaí. Los cortes de electricidad son comunes, ocurriendo 310 días al año en Caquetá (Colombia) y 114 días al año en Madre de Dios (Perú). Las instalaciones de procesamiento son escasas en las zonas rurales y selváticas profundas de la Amazonía, lo que empuja la mayoría de las actividades de valor agregado, y los empleos, hacia centros urbanos distantes.
La conectividad digital limitada agrava los desafíos, impidiendo que los productores coordinen la logística, aseguren la trazabilidad o accedan a los mercados digitales. La conectividad de alta calidad solo llega alrededor del 20% de la población y muchas áreas de alta producción permanecen digitalmente aisladas.
Ruta estratégica: enfoques integrados con base territorial
El próximo informe del Banco Mundial en América Latina y el Caribe, "Un Enfoque de Infraestructura Basado en el Lugar para las Bioeconomías en la Región Amazónica", revela cómo las soluciones integradas y basadas en el lugar que fortalecen el transporte fluvial, la energía renovable y la conectividad digital son clave para desbloquear el crecimiento sostenible, mejorar los medios de vida y preservar la riqueza forestal de la Amazonía.
Nota:La Amazonía Urbana (morado), la Amazonía Rural (dorado) y la Amazonía de Bosque Profundo (verde) se definen aquí en función de los niveles de conectividad en transporte, energía y digital; el acceso a los servicios; y las características ambientales.
- En la Amazonía urbana, donde las ciudades y sus periferias están muy desarrolladas, es crucial mejorar la calidad, resiliencia e integración de la infraestructura y los servicios.
- En la Amazonía rural, las bioeconomías y las comunidades se extienden a lo largo de los principales ríos y carreteras; aquí, el enfoque está en equilibrar la sensibilidad ecológica con la conectividad, transformando los centros urbanos y los pueblos ribereños en centros de desarrollo estratégicos que anclan la actividad económica y extienden las oportunidades a las áreas menos conectadas.
- Para la Amazonía de selva profunda, que está aislada y densamente boscosa, se necesitan soluciones innovadoras de bajo impacto, como el transporte con drones, sistemas de energía descentralizados y conectividad satelital, para llegar a las comunidades remotas de manera sostenible.
La integración es clave: la agrupación de infraestructura de transporte, energía y digital crea sinergias, mejora la eficiencia de costos y maximiza el impacto. Por ejemplo, la mejora de los puertos fluviales debería ir de la mano con inversiones en electricidad confiable, almacenamiento en frío y conectividad digital. Para garantizar la sostenibilidad a largo plazo, los mecanismos de financiación innovadores, como los bonos verdes, la compensación por biodiversidad y el financiamiento mixto, son vitales para atraer la inversión privada y continuar apoyando el desarrollo.
El camino a seguir
La bioeconomía amazónica promete empleos, mejores medios de vida y protección forestal. La realización de la promesa de la bioeconomía requerirá una acción coordinada de los gobiernos, el sector privado, la sociedad civil y aliados internacionales, guiada por inversiones en infraestructura integradas y basadas en datos. No se trata de construir infraestructura; se trata de construir un futuro resiliente, equitativo y sostenible para la Amazonía y su gente.
Nota: Este análisis fue apoyado por el Fondo Fiduciario de España para América Latina y el Caribe.
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