Los precios de los metales preciosos cayeron en el segundo trimestre de 2026 (trimestre a trimestre) tras 14 meses consecutivos de aumentos hasta febrero, que incluye un alza del 24% en el primer trimestre de 2026. En junio, el oro se situaba aproximadamente un 15% por debajo de su máximo de febrero, mientras que la plata y el platino acumulaban caídas de alrededor del 25% frente a sus récords históricos de enero. Pese al retroceso, se proyecta que el índice de precios de los metales preciosos del Banco Mundial subirá un 42% en 2026 (año a año) antes de bajar un 8% en 2027. Se espera que el precio del oro continúe respaldado por la demanda de activos refugio y las compras sostenidas de los bancos centrales. Los precios de la plata y el platino deberían mantenerse sólidos, apoyados por la demanda industrial y una oferta limitada. Los riesgos se inclinan al alza, impulsados sobre todo por las nuevas tensiones geopolíticas, la incertidumbre normativa y la volatilidad de los mercados financieros.
El oro ha perdido algo de su esplendor, pero los precios se mantienen elevados. Los precios del oro retrocedieron en el segundo trimestre de 2026, cuando se afianzaron las expectativas de alzas de tasas de interés en Estados Unidos y el dólar subió a su nivel más alto en un año durante junio. La caída de los precios también reflejó cierta moderación en la demanda de activos refugio y la obtención de ganancias tras el vigoroso repunte registrado a comienzos del año. Aun después de este retroceso, los precios del primer semestre de 2026 promediaron casi un 37% por encima de su nivel de 2025. La demanda de oro cayó un 10% en el primer trimestre de 2026 (trimestre a trimestre), como reflejo de la menor demanda del sector de la joyería y de las entradas en fondos cotizados en bolsa respaldados por oro. Este descenso fue compensado en parte por la sólida demanda de lingotes y monedas, así como por las mayores compras de los bancos centrales. Se espera que las compras de los bancos centrales sigan respaldando los precios, mientras que la demanda del sector de la joyería probablemente permanecerá contenida en un entorno de precios elevados. Además, se proyecta que la oferta responderá solo de manera gradual: la producción minera se mantendrá en términos generales estable pese a los altos precios, en tanto que el oro reciclado —que representa casi el 30% de la oferta mundial— es probable que siga estando respaldado por los precios aún elevados. Como resultado, los precios del oro podrían subir alrededor de un 37% en 2026, antes de disminuir un 9% en 2027.
Por su parte, los precios de la plata cayeron alrededor de un 11% en el segundo trimestre de 2026, luego de dispararse un 55% en el primer trimestre y alcanzar máximos nominales históricos en enero. Pese al retroceso del segundo trimestre, los precios de la plata en el primer semestre de 2026 se situaron casi un 100% por encima de su promedio anual de 2025. Estos precios siguen estando respaldados por algunos de los mismos factores que sostienen al oro, así como por las limitaciones de la oferta. La plata es un insumo clave en sectores de crecimiento acelerado, como la energía renovable y los semiconductores, aunque la sustitución en las tecnologías fotovoltaicas previsiblemente moderará el aumento del consumo industrial. Se prevé que la demanda de inversión minorista —que incluye monedas, lingotes y fondos cotizados en bolsa— se mantendrá firme, lo que ayudará a compensar la menor demanda de joyas, artículos de plata y algunos usos industriales. Con una oferta que se prevé seguirá siendo ajustada y una demanda que se espera continúe siendo sólida, se proyecta que los precios aumentarán un 76% en 2026 antes de bajar alrededor de un 7% en 2027.
Los precios del platino alcanzaron máximos nominales históricos en enero para luego caer alrededor de un 27% hasta junio, a medida que la mejora en el suministro de la minería y el reciclaje atenuó las preocupaciones sobre la escasez física. La menor demanda de inversión y obtención de ganancias tras el repunte de principios de año también ejercieron presión sobre los precios. Se espera que la demanda del sector de la joyería se modere, con precios en el primer semestre de 2026 casi un 62% superiores al promedio de 2025. La demanda automotriz —el mayor uso final del platino— también podría debilitarse a medida que los productores sustituyan el platino por paladio, de menor costo. Se espera que la demanda industrial de platino se recupere en 2026 tras una marcada caída en 2025, lo que compensará en parte la debilidad registrada en otras áreas. Según las proyecciones, la oferta crecerá solo de manera moderada, con una producción minera estable en términos generales y un mayor reciclaje, a medida que los precios más altos estimulen flujos adicionales de chatarra. Aun así, se espera que el mercado siga siendo deficitario en 2026, lo que reducirá aún más las existencias disponibles en superficie. En este contexto, se proyecta que los precios del platino sean en promedio aproximadamente un 53% más altos en 2026, antes de caer alrededor de un 13% en 2027.
Las perspectivas de los precios de los metales preciosos siguen siendo muy inciertas, dada su sensibilidad a los cambios en la percepción del riesgo global y las condiciones macroeconómicas. En términos generales, los riesgos del pronóstico están sesgados al alza. Nuevos episodios de tensiones comerciales, la volatilidad de los mercados financieros o una resolución del conflicto en Oriente Medio más prolongada de lo previsto podrían fortalecer la demanda de activos refugio, en particular el oro y la plata, y empujar los precios por encima de las proyecciones actuales. La actividad especulativa elevada podría asimismo amplificar los efectos de las crisis de oferta o demanda en los precios. Los riesgos a la baja también son significativos. Las tasas de interés más altas de lo previsto elevarían el costo de oportunidad de mantener metales preciosos, que no generan rendimientos. Una relajación sostenida de las tensiones geopolíticas podría reducir la demanda de activos refugio, mientras que una desaceleración más pronunciada en las compras de oro por parte de los bancos centrales eliminaría una fuente de respaldo importante. Un crecimiento mundial más débil podría presionar a la baja la demanda industrial de plata y platino, en especial la proveniente de las tecnologías de transición energética, la industria electrónica y la producción automotriz.
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