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Manteniendo lo público y lo privado en las APPs

George Castellanos's picture


Tomas Castelazo | Wikimedia Commons

La revista colombiana Dinero, una de las publicaciones económicas más reconocidas de América Latina, recientemente publicó un estudio del Banco Mundial en el que clasificaba a Colombia como el segundo país más competitivo del mundo—detrás de un empate entre Gran Bretaña y Australia—para financiar obras de infraestructura bajo el modelo de Alianzas Público-Privadas (conocidas como APP). De igual manera, este puntaje (de 83 puntos sobre 100) fue también compartido por las naciones de Paraguay y Filipinas.

A primera vista, este es un virtuoso reconocimiento—por lo menos en papel. En la práctica diaria en la región latinoamericana, así como en la mayoría de las economías emergentes, la complejidad administrativa de los órganos gubernamentales aún representa uno de los más altos retos que demanda de atención inmediata para que las APPs puedan alcanzar su potencial máximo. Hacer esto correctamente integraría realmente el modelo de PPP en el motor de desarrollo económico y social requerido para competir en una economía globalizada.

Honduras lanza nuevo portal de transparencia de APPs

Giorgio Valentini's picture




Durante la primavera pasada, Honduras dio un paso importante para mejorar la transparencia y la rendición de cuentas con respecto a las Alianzas Público Privadas (APPs) con el lanzamiento de una plataforma online que permite acceder a información detallada sobre estas iniciativas.
 
El portal, creado con el apoyo del Banco Mundial y en coordinación con la Iniciativa de Transparencia en el Sector Construcción (CoST), permite acceder a información sobre las APPs a lo largo de todo el ciclo del proyecto.Este es un logro significativo que promueve la transparencia en la planificación, la contratación, la ejecución y el monitoreo de las APPs en Honduras, haciendo que la información sea fácilmente accesible para los ciudadanos.

La tecnología ayuda a combatir la corrupción

Jim Yong Kim's picture

World Bank Group President Jim Yong Kim and Philippines President Benigno S. Aquino III on July 15, 2014. © Dominic Chavez/World Bank

El buen gobierno es fundamental para todos los países del mundo hoy en día. Cuando no existe, muchos Gobiernos no están en condiciones de entregar servicios públicos con eficacia; la salud y la educación son a menudo de baja calidad; la corrupción persiste por igual en los países ricos y pobres, frenando las oportunidades y el crecimiento. Será difícil reducir la pobreza extrema —y mucho más, terminarla— si no se aborda la importancia que tiene el buen gobierno.

Recorrer el último tramo: Cómo resolver los problemas más difíciles con el Gobierno y la sociedad civil

Roby Senderowitsch's picture

© Courtesy CARE Bangladesh.Siempre me ha intrigado el desafío de encontrar nuevas soluciones para los problemas cotidianos, algo así como los rompecabezas en tres dimensiones para adultos. Hay problemas que parecen simples si se los mira desde afuera, pero son realmente difíciles de resolver cuando uno se centra en ellos, tal como pasa con los retos en materia de desarrollo que enfrentan los países. Ya existe una amplia gama de soluciones técnicas sólidas y probadas para el acceso a servicios básicos como la educación o la salud, la construcción de la infraestructura necesaria para conectar a los productores con los mercados, o el suministro de agua potable para todos. Sin embargo, millones de niños siguen recibiendo una educación de mala calidad, las madres continúan muriendo al dar a luz, y las familias pobres pasan una buena parte de su día caminando solo para conseguir agua potable.

¿Por qué es tan complicado conseguir soluciones para quienes más las necesitan? Muchas veces, la respuesta casi automática es que aunque existe el conocimiento, los países carecen de los recursos necesarios para abordar estos problemas. Pero muy rápidamente se aporta más dinero sin cambiar las cuestiones fundamentales, con lo que se obtiene poco éxito en el mejor de los casos. En otras ocasiones, se gastan millones de dólares en la creación de capacidad y el intercambio de conocimientos, pero es arduo obtener resultados porque falta apoyo institucional para las soluciones.

Una voz contra la corrupción

Leonard McCarthy's picture

La semana pasada, Transparencia Internacional publicó su Barómetro Global de Corrupción 2013, (i) que presenta los resultados de una encuesta a 114.000 personas de 107 países, en la que se les consultó sobre sus interacciones con la corrupción, cuáles instituciones y  sectores son los que ven como más corruptos, y su percepción acerca de si tienen un papel en la lucha contra este problema. El informe recoge una serie de tendencias, que incluyen la idea de que la corrupción está empeorando en muchos sectores, y además insta a los Gobiernos a fortalecer sus plataformas de rendición de cuentas y mejorar las normas de contratación y la administración de las finanzas públicas.

Según el estudio de este año, el 27% de las personas declara haber pagado un soborno en los últimos 12 meses, casi el mismo porcentaje que en el informe 2010/2011 (26%). Esto indica que más de una cuarta parte de las personas entrevistadas ha cometido este delito.

Hubo una pregunta de seguimiento: ¿cuál fue la razón para pagar un soborno? La respuesta más frecuente, en el 40% de los casos, fue: “para acelerar las cosas”. Esta alta tasa de cohecho para agilizar el servicio sugiere, a mi juicio, una complicidad preocupante: la persona que paga puede sentirse con derecho a tener un servicio más rápido a expensas de los demás.

Aunque muchas de las tendencias captadas por el informe se pueden confirmar mediante pruebas obtenidas en algunas de las investigaciones del Banco Mundial, (i) también nos inclinamos a ver que la corrupción a menudo ocurre en interacciones más sutiles, y centrarse solamente en el soborno dejaría de lado gran parte de la historia. De modo que me alegró ver que el informe equilibra su análisis con medios menos obvios de tráfico de influencias.