¿Cómo garantizar que los niños estén bien cuidados en caso de desastre?

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Vivimos en un mundo turbulento, asolado por crisis provocadas por el hombre y expuesto a desastres naturales y problemas climáticos cada vez más graves. Como consecuencia, los niños y jóvenes quedan en una situación de vulnerabilidad frente a riesgos de gran magnitud en todo el mundo. Cada año, aproximadamente 175 millones de niños ven interrumpida su escolaridad a causa de los desastres.  Desde 2013, los conflictos de Yemen, Siria, Ucrania Bangladesh y otros países han forzado a millones de personas a abandonar sus hogares en busca de sitios más seguros. Una proporción significativa de los desplazados son niños en edad prescolar y escolar. Si el sector educativo no está adecuadamente preparado para recuperarse con rapidez después de una crisis o un desastre grave, el impacto sobre estos niños puede ser profundo y de largo plazo. 

La educación desempeña una función esencial en la protección de las comunidades frente a los nuevos riesgos y las vulnerabilidades que surgen tras un desastre o una crisis. Las escuelas pueden ofrecer espacios seguros, normalizar las actividades cotidianas de los niños y proporcionarles conocimientos y aptitudes que les salven la vida y les generen bienestar. La educación también incrementa la resiliencia de las personas y las impulsa a recuperarse y participar activamente en actividades que reducen la exposición a nuevos riesgos.  Por tal motivo, es importante que los Gobiernos respondan con rapidez para restablecer los servicios educativos, con el objetivo de largo plazo de mejorar con la reconstrucción (i).

A partir de su experiencia en el trabajo a favor de la educación resiliente en todo el mundo, el Banco Mundial y el Fondo Mundial para la Reducción de los Desastres y la Recuperación (GFDRR) publicaron recientemente una nota de orientación sobre la recuperación del sector educativo (i). En ese documento se incluyen observaciones clave que los funcionarios gubernamentales, el sector privado y los profesionales dedicados al desarrollo deberían tener en cuenta en las iniciativas de recuperación y reconstrucción del sector educativo  a lo largo de tres fases claramente diferenciadas.

La fase de respuesta abarca el suministro de asistencia pública y servicios de emergencia durante el desastre o inmediatamente después. El objetivo aquí es salvar vidas, reducir los impactos sobre la salud, garantizar la seguridad pública y satisfacer las necesidades básicas de subsistencia de las personas afectadas. Por lo general, la fase de respuesta se centra en las necesidades inmediatas y de corto plazo. En lo que respecta al sector educativo, la interrupción prolongada de servicios esenciales y la destrucción de establecimientos escolares implica que las medidas de respuesta a menudo se extienden durante la fase de recuperación.

La fase de recuperación conlleva la restauración y mejora de las instalaciones, los medios de subsistencia y las condiciones de vida. También implica abordar el bienestar psicosocial de las comunidades afectadas, entre otras cosas, a través de medidas dirigidas a reducir los factores de riesgo de desastres.

La fase de preparación se centra en la prevención y mitigación de los peligros. En el momento del desastre, estos peligros pueden representar un riesgo significativo para las personas y la propiedad. Esta fase comprende las actividades y medidas adoptadas antes de un acontecimiento peligroso o entre dos eventos de este tipo, con el objeto de generar conciencia y promover medidas que garanticen una respuesta eficaz. Es esencial que durante esta fase todas las partes interesadas se centren en generar resiliencia, conocimientos y capacidades.

Como se pone de relieve en la mencionada nota de orientación, la respuesta inmediata es fundamental para salvar la vida de las personas y brindar atención a los más vulnerables (como los niños con discapacidad) mediante el apoyo material y psicológico adecuado. La calidad de la respuesta inmediata influirá en la etapa de recuperación. En el caso ideal, las comunidades o los países pueden salir del proceso de reconstrucción más fuertes y mejor preparados para futuros desastres, cuando no sea posible evitarlos.

Esta guía también incluye consideraciones específicas sobre cinco ámbitos de acción, que pueden aplicarse en cada una de las tres fases.

  1. Evaluación, políticas y planificación. Garantizar que se disponga de las estructuras, los sistemas y las condiciones que permitan abordar las necesidades del sector educativo.
  2. Infraestructura. Garantizar que todas las instalaciones educativas sean de fácil acceso y seguras, y que protejan a los estudiantes de los peligros y todas las posibles formas de daño.
  3. Participación, coordinación y comunicación. Garantizar que se comprendan adecuadamente las diversas funciones y las responsabilidades, y que las partes interesadas estén en condiciones de llevar adelante las medidas acordadas.
  4. Capacidad y aptitud. Garantizar que se destinen los recursos suficientes para satisfacer las necesidades y que las partes interesadas tengan las aptitudes requeridas para desempeñar su tarea.
  5. Enseñanza y aprendizaje. Garantizar que los dirigentes del sector educativo y los docentes desarrollen conocimientos, aptitudes y conductas que reduzcan los riesgos y eviten posibles daños a los alumnos.

En el texto completo de la nota de orientación (i) encontrará un análisis más profundo sobre el modo en que el sector puede reconstruirse de mejor manera después de un desastre o una crisis. Esperamos que el documento responda muchas preguntas clave sobre cómo reconstruir el sector de la educación tras un desastre. También puede servir para recordarnos a todos la importancia de garantizar que el sector educativo esté preparado para emergencias, se trate de un país de ingreso bajo, mediano o alto.

Enlaces relacionados:

  1. Nota de orientación sobre la recuperación del sector educativo (i)
  2. De vuelta a la escuela: Caminos para reincorporar en el sistema educativo a los jóvenes no escolarizados (i)
  3. Hoja de ruta para lograr escuelas más seguras (i)
  4. El impacto de la infraestructura escolar en el aprendizaje: Resumen de las evidencias (i)
Temas

Autores

Joel Reyes

Senior Institutional Development Specialist

Koji Miyamoto

Senior Economist for Education Global Practice, World Bank

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