Publicado en Voces

El desarrollo es seguridad: El argumento a favor de la AIF en un mundo inestable

El desarrollo es seguridad: El argumento a favor de la AIF en un mundo inestable Por Akihiko Nishio, vicepresidente de Financiamiento para el Desarrollo, Grupo Banco Mundial

El mes pasado, estuve junto al presidente Macron, ministros de Salud y líderes mundiales en la Cumbre del G7 sobre el enfoque Una Sola Salud, que se celebró en Lyon, Francia. El vínculo entre el desarrollo y la seguridad fue una idea que se repitió una y otra vez a lo largo de los dos días que duró el evento, en los distintos debates de panel, en los pasillos, en la cena y otros encuentros.

Es un nexo en el que he pensado por varios años y que, a mi juicio, se está convirtiendo en el argumento definitorio de nuestra época sobre por qué el financiamiento para el desarrollo es importante.

La seguridad ha cambiado, y nuestra forma de pensar al respecto debe ponerse al día.

Cuando la mayoría de la gente piensa en la seguridad, se imagina ejércitos y métodos de disuasión. Estas cosas importan, pero ya no lo son todo. Como señaló recientemente Stephan Exo-Kreischer, de ONE Campaign (Europa), “el desarrollo y la diplomacia son partes integrales de la seguridad humana a largo plazo”.

Y tiene razón.

Hoy en día, la seguridad nacional se construye más allá de las fronteras, y debe sustentarse en la estabilidad y el crecimiento de los países más vulnerables. Las crisis económicas, sociales y ambientales superpuestas en los países de ingreso bajo están acelerando la fragilidad de los Estados, impulsando la migración irregular y aumentando la probabilidad de inestabilidad regional. Estas no son una amenaza abstracta. Se trata de condiciones que pueden causar crisis que acaban en las portadas de todo el mundo.

Y, sin embargo, justo cuando estas dinámicas se intensifican, la asistencia oficial para el desarrollo (AOD) está disminuyendo. Se proyecta que la AOD vuelva a los niveles de 2020 de aquí a 2027. Los presupuestos de defensa están aumentando (el gasto en defensa se ha incrementado un 30% en los países de la OCDE en la última década), mientras que las inversiones que propician condiciones para prevenir conflictos están bajando.

La AIF crea las bases de la estabilidad

Cada vez más, reconocemos que el gasto en desarrollo y el gasto en seguridad no son alternativas. Son complementos.

La Asociación Internacional de Fomento[MIS1]  o AIF del Banco Mundial trabaja en 78 de los países más pobres del mundo, donde los riesgos suelen ser mayores y la capacidad para gestionarlos es menor. Entre 2022 y 2025[MIS2] , la AIF ayudó a casi 200 millones de personas de países frágiles a acceder a servicios de salud y educación y a mejorar sus medios de vida; entre estos, se incluyen unos 70 millones de personas que se beneficiaron con oportunidades laborales y económicas. Son 70 millones de personas a las que les interesa la estabilidad, que tienen empleo, y que tienen motivos para quedarse, desarrollarse e invertir en sus comunidades, en lugar de escapar.

Para quienes estén menos familiarizados con la labor de la AIF, les decimos que no se trata de un programa de ayuda tradicional. La AIF es un fondo que agrupa las contribuciones de los Gobiernos donantes, y luego las moviliza gracias a su calificación crediticia triple A para obtener financiamiento en los mercados de capital y desplegar recursos mucho mayores de los que los donantes podrían conseguir por sí solos.

Esos recursos se destinan a los 78 países más pobres del mundo en forma de donaciones y préstamos a largo plazo y de bajo costo, vinculados a resultados y reformas. La AIF financia los pilares fundamentales —como los sistemas de salud, la educación, la infraestructura, la agricultura y la resiliencia climática— y trabaja directamente con los Gobiernos para fortalecer las instituciones y capacidades que hacen que el desarrollo sea duradero. Está presente sobre el terreno en estos países, proporcionando conocimientos técnicos especializados e interactuando con los países para convertir el financiamiento en resultados. Y, lo más importante, la AIF sigue presente (en inglés): no solo en una crisis, sino también entre las crisis, fortaleciendo los sistemas para que la próxima conmoción no llegue a ser una catástrofe.

Prevenir las crisis es más barato que abordarlas… por un amplio margen.

Un análisis (en inglés) de ONE Campaign muestra que puede ser hasta 103 veces más costoso hacer frente a una crisis que prevenirla desde el principio. Eso no es un error de redondeo. Se trata de un argumento fundamental para decidir dónde deberíamos invertir los recursos.

La AIF opera bajo esta lógica. Cada dólar aportado por los donantes se multiplica hasta por cuatro gracias a la calificación crediticia AAA de la AIF y su acceso a los mercados de capitales. En la AIF-20, se movilizaron US$93.000 millones. En la AIF-21 se están proporcionando US$99.000 millones.

Como lo expresó Heleen Uijt de Haag, directora de Asuntos Financieros Internacionales del Ministerio de Finanzas de los Países Bajos: “La AIF reúne financiamiento y multiplica las contribuciones de los donantes para invertir a una escala que los países, de manera individual, nunca podrían alcanzar. Esto es el multilateralismo en su máxima expresión”.

Y añadió algo que escucho cada vez más en los ministerios de finanzas de todo el mundo: “En un mundo con presupuestos cada vez más bajos, es clave gastar el dinero con prudencia. La AIF representa el mejor negocio en el ámbito del desarrollo”.

La AIF en contextos de fragilidad, conflictos y violencia (FCV): Los lugares donde más importa

El desplazamiento forzado ha alcanzado niveles récord en todo el mundo: más de 117 millones de personas fueron desplazadas por los conflictos y las persecuciones en 2025. En regiones con alta presión migratoria (como el Sahel y partes del norte de África y Oriente Medio), la AIF apoya la educación de las niñas, el empoderamiento de las mujeres y los medios de subsistencia rurales climáticamente inteligentes. Tales intervenciones tempranas pueden reducir los costos posteriores de la migración, los conflictos y las crisis humanitarias.

Incluso en los lugares a los que el capital privado no llega, donde el riesgo es demasiado elevado, la infraestructura es demasiado deficiente y la gobernanza demasiado frágil, la AIF actúa a través del Servicio de Financiamiento para el Sector Privado[MIS1]  (en inglés) y el financiamiento de proyectos de servicios básicos que se ejecutan con asociados. Sabemos por experiencia que, si dejamos esos lugares sin inversión, el problema no desaparecerá. Por el contrario, empeorará.

La seguridad sanitaria como seguridad mundial

Sería una omisión de mi parte no mencionar una dimensión de este argumento sobre la seguridad que ha cobrado un impulso importante: el vínculo entre los sistemas de salud y la seguridad mundial.

En la Cumbre del G7 sobre el enfoque Una Sola Salud, celebrada en Lyon, el mensaje enfático fue que un riesgo sanitario puede convertirse en una crisis de seguridad mundial en cualquier momento. Cuando se produce una pandemia en un Estado frágil y no se controla, las consecuencias para el mundo en su conjunto pueden ser nefastas.

Desde 2021, el Grupo Banco Mundial ha comprometido aproximadamente US$4.000 millones para 34 proyectos del enfoque Una Salud, que abarcan los sectores de la salud, la agricultura y el medio ambiente. El Programa de Mejoramiento de los Sistemas Regionales de Vigilancia de Enfermedades (REDISSE) de la AIF es el vivo ejemplo de este tipo de enfoque proactivo. REDISSE ha creado sistemas de vigilancia transfronteriza en 16 países de África occidental y central, ha capacitado a miles de trabajadores sanitarios y ha modernizado cientos de laboratorios. Cuando empezó la pandemia de COVID-19, esos sistemas resistieron.

De nuevo, la prevención es mucho menos costosa que la respuesta.

La conclusión

Quizá lo que más me llama la atención en las conversaciones que he mantenido con donantes y asociados no es solo el argumento financiero, por convincente que sea, sino también las justificaciones políticas e institucionales. En medio de alianzas que se separan e intereses contrapuestos, la AIF es uno de los pocos instrumentos multilaterales en los que 189 países miembros —donantes y prestatarios por igual— siguen encontrando puntos en común. Ese consenso es, en sí mismo, una forma de arquitectura de seguridad.

Creo que el argumento a favor de la AIF nunca ha sido más sólido ni más urgente. Nos encontramos en un punto de inflexión. Los países que deciden cómo contribuir a la AIF no solo están tomando una decisión en materia de desarrollo; están tomando una decisión con respecto a la seguridad, el clima y la migración y, en última instancia, sobre el tipo de mundo que heredarán sus ciudadanos.


Akihiko Nishio

Vicepresidente de Financiamiento para el Desarrollo, Banco Mundial

Únase a la conversación

Este contenido no se mostrará públicamente
Caracteres restantes: 1000