Entre en un hospital de Nigeria, donde un médico atiende a 9.000 pacientes: una proporción 15 veces superior a la recomendada por la OMS. Cada minuto que ese médico dedica a tareas administrativas es un minuto que se le resta a un paciente que quizá haya esperado horas para ser atendido.
Una startup (empresa emergente) de Nigeria decidió hacer algo al respecto, y creó una herramienta de voz que transcribe y organiza las notas clínicas en tiempo real, sin conexión a internet, en un pequeño dispositivo informático instalado directamente en el pabellón de un hospital. Los médicos recuperan tiempo. Los pacientes reciben más atención. La empresa emergente no adaptó una herramienta creada para un hospital de Boston o Berlín. La desarrolló para adaptarse a las condiciones existentes en el terreno, en el idioma que habla la población local. El resultado atrajo a inversionistas, y ofrece una vía hacia el crecimiento sostenible.
Ese caso no es una excepción. Es el modelo a seguir.
La brecha es real, y también lo es la oportunidad
La IA avanza a una velocidad extraordinaria. Sin embargo, los beneficios no se distribuyen de manera equitativa. A comienzos de 2025, casi una cuarta parte de los usuarios de internet en los países de ingreso alto ya utilizaba herramientas de IA generativa. En los países de ingreso bajo, esa cifra era inferior al 1%, y la brecha va en aumento.
No se trata simplemente de un problema de conectividad. Es un problema del ecosistema. La mayoría de las herramientas de IA están diseñadas para condiciones que no existen en gran parte del mundo en desarrollo: electricidad fiable, internet rápido y grandes conjuntos de datos propios. Pero lo contrario también es cierto: los problemas que la IA podría resolver con mayor impacto —en las áreas de la salud, la agricultura, la educación y las pequeñas empresas— se concentran precisamente en los mercados emergentes para los cuales la industria mundial de la IA no está diseñando soluciones.
Ahí es donde radica la oportunidad, que pertenece a los emprendedores locales.
Pequeña en términos de diseño, transformadora en términos de impacto
Lo que llamamos “IA a pequeña escala” no significa una ambición menor. Es una IA diseñada específicamente para la tarea en cuestión, lo suficientemente eficiente para funcionar con energía limitada, lo suficientemente flexible para operar con servicios de internet intermitentes, y basada en los idiomas y las realidades locales. Plantea una pregunta diferente: no “¿cómo traemos aquí el modelo más potente del mundo?”, sino “¿qué es lo más útil que la IA puede hacer por los agricultores, los maestros y los propietarios de pequeñas empresas en las economías en desarrollo, teniendo en cuenta lo que realmente está disponible?”.
Los resultados ya son extraordinarios. En Ghana, el Grupo Banco Mundial respaldó la implementación de un tutor de matemáticas por WhatsApp que permitió lograr avances de aprendizaje equivalentes a un año completo en solo ocho meses, a un costo de US$5 por estudiante. En Kenya, una empresa emergente incorporó su solución de IA en la aplicación M-Pesa para convertir los datos transaccionales de los pequeños comerciantes en información útil para sus negocios, ayudándolos a aumentar sus ingresos sin necesidad de usar una nueva aplicación o interfaz. En la India, una aplicación de IA para la detección de la tuberculosis mediante el análisis de la tos ha evaluado a más de 120.000 pacientes, lo que ha incrementado los diagnósticos correctos en hasta un 16%.
La tecnología no es la limitación. Estos emprendedores ya lo han demostrado. Lo que necesitan ahora es un ecosistema que esté a la altura de sus aspiraciones.
La pieza que falta es el ecosistema
La pregunta más difícil en materia de IA para el desarrollo no es si la tecnología funciona. Por esta razón, muy pocas startups con soluciones funcionales logran crecer a escala. Lo que falta es el ecosistema que les permita pasar de una idea prometedora a convertirse en una empresa capaz de ampliarse, atraer capital y perdurar.
Construir ese ecosistema es la manera de convertir este momento tecnológico en una transformación económica sostenida.
Para muchos países, eso implica actualizar sus enfoques normativos y de inversión, pasando de sentar las bases a construir los ecosistemas que ayuden a las startups de IA a ponerse en marcha y crecer. Los Gobiernos deberán crear las condiciones para un crecimiento sensato de la IA, que incluyen la infraestructura de datos, los bienes públicos digitales y los marcos regulatorios que respalden la innovación responsable. Los asociados internacionales pueden ayudar a mitigar el riesgo de las inversiones iniciales en mercados donde las fuentes de capital comercial siguen mostrándose reticentes. Y las startups locales de IA necesitan vínculos más sólidos con los programas de tutoría, las alianzas, los clientes y las entidades de financiamiento que las ayuden a avanzar de la fase piloto a la implementación a escala.
Estamos trabajando con asociados con el fin de desarrollar un programa de aceleración mundial para apoyar a las startups de IA en todos los mercados emergentes, desde las etapas iniciales hasta la viabilidad financiera y la escala comercial. Las lecciones de este programa también servirán de referencia a los países y los bancos multilaterales de desarrollo, apoyándolos a la hora de definir inversiones y políticas para fortalecer los ecosistemas de IA locales.
La confianza es la base
A medida que las herramientas de IA llegan a más personas, garantizar su seguridad y fiabilidad es esencial para impulsar su adopción y un uso sostenido que permita generar beneficios. Las personas necesitan saber que sus datos están protegidos, que las herramientas que orientan las decisiones sobre su salud o su dinero son seguras y que alguien rinde cuentas si las cosas salen mal. En los lugares donde estas protecciones aún se están construyendo, cometer errores no solo frena el progreso, sino que excluye por completo a las personas de la posibilidad de participar.
Una oportunidad de desarrollo de magnitud histórica
Los países que adopten el enfoque adecuado sobre la IA lograrán mucho más que ayudar a sus ciudadanos a beneficiarse de esta tecnología. Darán a los emprendedores las herramientas necesarias para crear y ampliar soluciones que generen empleo, aumenten la productividad y resuelvan desafíos locales. Al hacerlo, podrán desarrollar nuevas industrias, aumentar las exportaciones y garantizar que los beneficios de la IA se traduzcan en una prosperidad más amplia.
El Grupo Banco Mundial se ha comprometido a ayudar a los países a sentar las bases de este futuro: ampliar el acceso digital y su asequibilidad, fortalecer las habilidades, movilizar inversiones y apoyar a los innovadores que están convirtiendo la IA en soluciones prácticas para los desafíos cotidianos del desarrollo. La oportunidad no consiste simplemente en adoptar la IA, sino en adaptarla de manera que genere crecimiento, empleo y oportunidades para millones de personas.
Mientras los líderes mundiales se reúnen en la Cumbre “AI for Good” en Ginebra para trazar el rumbo del desarrollo de la IA, las decisiones que se tomen ahora —sobre quién construye la IA, quién la regula y quién se beneficia de ella— determinarán si esta transformación tecnológica cumple su promesa para todos, y no solo para unos pocos.
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