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La naturaleza no es una alternativa a la tecnología moderna. Es tecnología.

La naturaleza no es una alternativa a la tecnología moderna. Es tecnología. Personas dedicadas al cultivo de algas marinas en Tanzania. Foto proporcionada por el Gobierno Autónomo de Zanzíbar de Tanzania/Kyodo.

A menudo se proclama que la tecnología es un motor del crecimiento y el desarrollo, aludiendo a imágenes de maquinaria avanzada, inteligencia artificial e innovación de última generación. La naturaleza, en cambio, se considera con demasiada frecuencia un dominio independiente de la tecnología, o incluso se ve como algo que necesita protegerse del progreso tecnológico o contrarrestarse frente a este. Pero este planteamiento pasa por alto una verdad más profunda. La naturaleza es inteligencia milenaria. Es la inteligencia artificial (IA) original.

En muchos mercados emergentes y economías en desarrollo, la naturaleza es una de las formas de tecnología más poderosas, accesibles y asequibles. Los manglares que protegen las costas frente a las marejadas ciclónicas y los sistemas agroforestales que mejoran la fertilidad del suelo y la resiliencia de los cultivos no son características del paisaje fortuitas Se trata de sistemas perfeccionados a lo largo de milenios, que brindan servicios ecosistémicos como el agua y la madera de los que dependen las economías modernas. La naturaleza es la tecnología habilitante de sectores como la agrosilvicultura y el turismo, y los recursos que proporciona constituyen la base de las cadenas de valor renovables y la creación de empleo.

En el Grupo Banco Mundial, nuestro objetivo último es ayudar a los países a construir economías que conviertan el crecimiento en empleos locales, y a generar oportunidades en los paisajes terrestres y marinos costeros donde viven las personas más vulnerables.  Los empleos son una fuente de ingresos, esperanza y dignidad, y también son el fundamento de la prosperidad y la estabilidad mundiales.

En los próximos 10 a 15 años, 1.200 millones de jóvenes que viven en los países en desarrollo alcanzarán la edad de trabajar. Enfrentar esto requiere inversión en la infraestructura física, humana y natural fundamental para el empleo, así como un entorno favorable para las empresas y la movilización de capital privado.

El propósito es garantizar que estos cimientos generen puestos de trabajo en sectores que no se puedan externalizar fácilmente o son desplazados por la tecnología moderna. La naturaleza es la tecnología habilitante de cinco sectores generadores de empleo infraestructura y energía, agroindustria, atención primaria de la salud, turismo y manufacturas con valor agregado que pueden ayudar a comunidades, países y empresas a modernizarse, crecer y crear empleo a gran escala.

Tomemos como ejemplo la agroindustria. Este sector sigue siendo el pilar de los medios de subsistencia y las cadenas de valor para millones de personas. Las inversiones en los bosques, la pesca y la acuicultura ayudan a diversificar los sistemas de producción y las fuentes de ingresos, lo que aumenta la resiliencia de las comunidades frente a las conmociones y les permite pasar de la subsistencia al superávit. Los ecosistemas forestales desempeñan una función directa en el sostenimiento de la agricultura: el 40% de las precipitaciones en los países de ingreso bajo proviene de la humedad del suelo de los bosques. Cuando estos sistemas se degradan, la productividad baja; cuando se recuperan, aumentan los rendimientos, los ingresos, las oportunidades de mercado y la seguridad alimentaria.

En la atención de salud, los vínculos con la naturaleza son igualmente directos, aunque a menudo se pasan por alto. Brindar una atención médica asequible y de calidad no se trata solo de hospitales y medicamentos; muchas familias no tienen acceso a fármacos modernos. La naturaleza llena ese vacío, al aportar tecnología medicinal probada a lo largo de siglos, tecnología que hoy es central en muchos medicamentos actuales. Pero el papel de la naturaleza en la salud va más allá de la farmacología. La contaminación atmosférica, la exposición al plomo y la polución química imponen elevados costos a los sistemas de salud pública y las economías. Reducir estos riesgos mejora la productividad laboral, fortalece los resultados educativos y disminuye la carga de morbilidad. Las inversiones que hacen frente a estos desafíos son inversiones en la fuerza laboral y en las economías del mañana.

La infraestructura y los sistemas energéticos están igualmente entrelazados con la naturaleza. Para los cientos de millones de personas que no tienen acceso confiable a la red eléctrica —o para quienes la electricidad sigue siendo un servicio intermitente o inasequible—, la bioenergía que se obtiene a partir de la naturaleza no es una opción de respaldo. Es su principal fuente de energía vital. Esta y otras fuentes de energía basadas en la naturaleza pueden suministrar electricidad a hogares, escuelas y pequeñas empresas por una fracción de lo que costaría la infraestructura para la ampliación de la red eléctrica.

El turismo brinda otro ejemplo claro. Los tres segmentos de mayor crecimiento del sector —el turismo de aventura, de bienestar y el basado en la naturaleza— están todos arraigados en la naturaleza. Si se administran bien, estos activos pueden generar ingresos económicos significativos: investigaciones muestran (en inglés) que el turismo basado en la naturaleza puede multiplicar el ingreso de los hogares locales aproximadamente entre US$2 y US$5 por cada dólar que gastan los turistas. La oportunidad va más allá de los ingresos. El turismo crea empleo a lo largo de cadenas de valor completas, desde los guías y los trabajadores de los hoteles hasta los proveedores de transporte y los artesanos.

Los recursos naturales también son centrales para las manufacturas con valor agregado. Los enfoques de economía circular —reducir los residuos, reutilizar los materiales y mejorar la eficiencia en el uso de los recursos— aumentan la competitividad y, al mismo tiempo, reducen los costos. Para los países con abundante capital natural renovable, avanzar en la cadena de valor ofrece una vía para diversificar los ingresos y ampliar el acceso a los mercados. Por ejemplo, estudios sugieren (en inglés) que la demanda anual de madera industrial podría cuadruplicarse y alcanzar 300 millones de metros cúbicos para 2030 en 12 países de África occidental y central, mientras que se prevé que la oferta alcanzará solo 81 millones de metros cúbicos por año. Esta brecha cada vez mayor pone de relieve la necesidad urgente de ampliar el suministro sostenible de madera, pero también la gran oportunidad de impulsar la fabricación nacional de muebles y crear empleo en la región.

En todos estos sectores, se repite un elemento común: la naturaleza no es una limitación para el crecimiento económico; actúa como un factor facilitador. Proporciona la infraestructura básica que respalda la productividad, genera nuevas oportunidades de negocios e impulsa la creación de empleo.

Pero para materializar este potencial se requiere una acción deliberada. El capital natural debe gestionarse mejor e integrarse en la planificación económica. Además, debe complementarse con inversiones en infraestructura física y capital humano. Y se requiere un esfuerzo concertado que desbloquee y movilice capital privado para inversiones que generan empleo basadas en recursos naturales renovables.

Nunca habrá un mundo sin pobreza en un mundo sin naturaleza. El desafío —y la oportunidad— es traducir la promesa del capital natural en resultados tangibles para las personas.

 


Valerie Hickey

Directora de la Práctica Global de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Economía Azul del Banco Mundial

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