La economía mundial está cambiando a una velocidad extraordinaria, y los sistemas de educación y formación tienen dificultades para seguir el ritmo. La inteligencia artificial (IA) está transformando los empleos prácticamente de la noche a la mañana. La transición verde creará decenas de millones de nuevos puestos de trabajo (en inglés). Para 2050, el 22% de la población mundial tendrá más de 60 años[MIS1] , lo que generará déficits de trabajadores de la salud y del área de cuidados personales. Y, sin embargo, pese a contar con una fuerza laboral mundial numerosa y subutilizada, los empleadores no logran encontrar el talento que necesitan. El resultado es una paradoja: una enorme demanda insatisfecha de talento, junto con una vasta fuerza laboral desaprovechada.
El desfase entre lo que producen los sistemas educativos y lo que necesitan los mercados laborales es hoy una de las mayores limitaciones para el crecimiento inclusivo y la productividad (en inglés). Los líderes empresariales ven claramente esta situación. Una proporción cada vez mayor de ejecutivos afirma que su fuerza laboral tendrá que adquirir nuevas competencias en unos pocos años solo debido a la IA (en inglés). En todas las regiones, los empleadores expresan la misma frustración: las habilidades que necesitan sencillamente no están disponibles, no porque las personas no estén dispuestas a aprender, sino porque los sistemas diseñados para prepararlas no han podido seguir el ritmo de los cambios. La rápida expansión del mercado mundial de la capacitación —que ya se acerca al medio billón de dólares— (en inglés) refleja tanto la urgencia del desafío como la magnitud de la oportunidad.
Un problema estructural que exige una respuesta estructural
La educación primaria y secundaria son puntos de entrada esenciales para el desarrollo del capital humano. La alfabetización, los conocimientos básicos de aritmética, la capacidad de resolver problemas y las competencias socioemocionales sientan las bases del aprendizaje permanente. Pero la educación postsecundaria, considerada durante mucho tiempo la vía para adquirir habilidades técnicas avanzadas, está sometida a una presión creciente. Las competencias que antes seguían siendo relevantes durante una década o más ahora pueden quedar obsoletas apenas unos años después de graduarse. Esto exige un cambio de fondo: los planes de estudio deben ser dinámicos en vez de estáticos, y elaborarse en torno a alianzas con la industria que permitan que los programas evolucionen casi en tiempo real. La capacidad de revisar, retirar e introducir programas con rapidez ya no es una ventaja competitiva, sino un requisito básico. Los empleadores también deben adaptarse, no pueden depender solo de las cualificaciones iniciales, y deben invertir en el desarrollo continuo de la fuerza laboral para seguir siendo competitivos. Las empresas pueden impartir formación de manera directa, indicar las nuevas demandas de habilidades, codiseñar planes de estudio con instituciones educativas, ofrecer programas de aprendizaje, respaldar certificaciones reconocidas por la industria o cofinanciar el desarrollo continuo de la fuerza laboral.
Hay tres razones de peso por las que el sector privado debe ser un coarquitecto de los sistemas de habilidades.
Rapidez. Las empresas a la vanguardia tecnológica saben qué competencias están surgiendo, cuáles se están volviendo obsoletas, y a qué velocidad está sucediendo. En España, Santander Open Academy ofrece cientos de cursos gratuitos de IA y ciberseguridad, y ha llegado a millones de personas en un solo año. Ningún proceso tradicional de elaboración de planes de estudio avanza a ese ritmo.
Claridad de la señal. Cuando las empresas invierten sus propios recursos en capacitación, revelan lo que ninguna encuesta puede: qué habilidades se traducen en productividad real y empleos de calidad. El auge de las certificaciones de la industria proporcionadas por Amazon Web Services, Microsoft, Google, Cisco y Salesforce —muy valoradas en las carreras tecnológicas— es una tendencia que solo se acelerará. En Filipinas, la transición de la industria de la tercerización de los procesos de negocios hacia la nube y la IA está impulsando la demanda de certificados de Google Career y certificaciones de AWS, que el Gobierno está incorporando al marco nacional de calificaciones.
Escala. Las grandes empresas y las coaliciones industriales cuentan con la infraestructura, las plataformas digitales y las redes globales necesarias para impartir aprendizaje de alta calidad a una escala que las instituciones académicas a menudo no pueden alcanzar por sí solas.
Pero ninguna industria puede hacer esto por sí sola
La industria diseña la capacitación en torno a las necesidades actuales y a corto plazo, pero proporcionar habilidades relevantes para el mercado no es suficiente. Lo que se enseña debe conducir a credenciales que sean reconocidas, transferibles y alineadas con los estándares de calificación de los países. Por sí sola, la capacitación de la industria también puede dejar fuera a quienes están más allá de su alcance inmediato: trabajadores informales, trabajadores del área de cuidado, trabajadores en sectores en declive, y pequeñas empresas sin presupuesto para capacitación. Reducir estas brechas requiere una gestión pública que salvaguarde no solo la calidad y la transferibilidad de los programas de formación, sino también su amplitud y alcance.
El Marco Europeo de Cualificaciones (en inglés), junto con el nuevo enfoque de la Unión Europea sobre las microcredenciales, ofrece una referencia útil: una estructura común que permite a los sistemas nacionales vincular la capacitación breve, impulsada por la industria, con niveles de calificación reconocidos, haciéndola más transparente y transferible a través de las fronteras.
De la ambición a la acción
América Latina y el Caribe ilustran tanto los riesgos de la falta de acción como los potenciales beneficios de hacerlo bien. La región cuenta con abundantes recursos naturales, una población joven y una creciente conectividad. Sin embargo, la mitad de su fuerza laboral sigue atrapada en empleos informales de baja productividad, y las mujeres y los jóvenes se ven afectados de manera desproporcionada. Aproximadamente 17 millones de empleos en la región podrían beneficiarse de las mejoras de productividad impulsadas por la IA, pero no pueden hacerlo porque los trabajadores no tienen acceso a computadores o internet en el trabajo.
Una nueva ola de iniciativas está empezando a cambiar la situación. En Argentina, el Grupo Banco Mundial apoya un modelo de colaboración entre universidades y empresas en el sector minero que, según previsiones, creará más de 10.000 empleos directos y 50.000 empleos indirectos de aquí a 2033. En Malasia, a medida que aumenta el número de trabajadores en la economía digital y la adopción de robots reconfigura los mercados laborales en toda Asia oriental, IFC apoya a la Asia Pacific University of Technology and Innovation (APU) (en inglés) para ampliar el acceso a programas de tecnología e innovación de alta calidad en toda la región, bajo el liderazgo de grupos industriales locales.
Estos ejemplos comparten una arquitectura común: la capacitación se diseña desde el principio en torno a empleos decentes —y no solo las cifras de matriculación— como la medida del éxito. La industria actúa como copiloto, la demanda influye en el contenido en tiempo real, y las alianzas entre empresas, Gobiernos e instituciones financieras de desarrollo ayudan a extender los beneficios más allá de los grandes empleadores hacia proveedores, pequeñas empresas y comunidades.
Este enfoque es central en la estrategia del Grupo Banco Mundial sobre educación y habilidades, y será uno de los temas decisivos de la Décima Conferencia Mundial sobre Educación del Grupo Banco Mundial, que se celebrará esta semana en Madrid (en inglés). La brecha de habilidades es grave y va en aumento, pero también crece la evidencia de que, cuando la industria lidera el diseño de los planes de estudio sobre competencias, puede ayudar a reducir este déficit.
This approach is central to the World Bank Group's strategy on education and skills. It will be a defining theme of the 10th World Bank Group Global Education Conference in Madrid this week. The skills gap is acute and growing — but so is the evidence that when industry leads the way in designing the skills curricula, it can help close this gap.
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