La adaptación al cambio climático suele tratarse como un problema del mañana. Adaptarse significa incorporar resiliencia en el capital físico, natural y humano en que los países se apoyan para generar empleo, prestar servicios y proteger a la población. Con 1.200 millones de jóvenes que ingresarán al mercado laboral en las economías en desarrollo durante la próxima década, la capacidad de los países para proteger y mejorar los medios de vida depende de que esos sistemas puedan resistir las presiones que el cambio climático ya ejerce sobre ellos.
Para muchos países, la adaptación no puede esperar. Los fenómenos meteorológicos extremos ya están presionando los presupuestos, dañando la infraestructura y afectando los medios de vida hoy mismo. Esto no es algo separado de la agenda de desarrollo más amplia: es central para ella. Nuestro apoyo al crecimiento y la creación de empleo se sustenta en tres pilares: invertir en infraestructura básica, crear un entorno favorable a los negocios y movilizar capital privado a escala. La resiliencia climática mantiene viables los tres pilares. Sin ella, la infraestructura se deteriora, la inversión se aleja y el sector privado no puede crear los empleos que los países necesitan.
Países y empresas ya están demostrando cómo se ve la adaptación en la práctica y qué puede escalarse. La serie de estudios de caso presentados en Adaptación y Resiliencia: Soluciones en Acción muestra cómo países y socios abordan los riesgos climáticos mediante políticas, programas y soluciones de financiamiento concretas. Basados en experiencias del mundo real, estos ejemplos ilustran cómo la adaptación y la resiliencia se están integrando en la planificación nacional y local, y los resultados que están generando. En distintas regiones y sectores, destacan cinco lecciones.
1. Una visión sistémica, no de proyectos aislados
Los países no pueden proteger sus logros en materia de desarrollo si la resiliencia se trata como un proyecto puntual, un complemento o algo que comienza solo después de una emergencia. Las inversiones de adaptación más sólidas incorporan la resiliencia desde el principio —en el diseño de la infraestructura, la prestación de servicios, los presupuestos y la coordinación institucional— en lugar de tratarla como una actividad separada.
En Bangladesh, las inversiones en los sistemas de pronóstico meteorológico no solo predicen el tiempo: conectan los datos climáticos con las decisiones que los agricultores toman cada día. Mejores sistemas de observación, alertas tempranas, asesoría especializada y distribución en la última milla a través de mensajes de texto, radio y quioscos agrometeorólogicos ayudan a los agricultores a decidir cuándo sembrar, cosechar y prepararse para fenómenos extremos. El resultado es un enfoque sistémico de resiliencia agrícola que conecta datos, instituciones y toma de decisiones local, y que ilustra cómo la adaptación puede escalarse a través de los sistemas nacionales existentes.
Esta es una lección que estamos incorporando, informada por análisis y trabajo ya en marcha a nivel de país, con el objetivo de lograr mayor impacto a través de plataformas como la iniciativa AgriConnect, que busca mejorar la vida y los medios de sustento de 300 millones de agricultores al llevarlos del cultivo de subsistencia hacia la cadena de valor, y Water Forward, que apunta a que más de 1.000 millones de personas cuenten con seguridad hídrica para 2030.
2. Información e incentivos para movilizar la acción privada
Los actores privados —desde agricultores hasta grandes empresas— ya están invirtiendo en resiliencia. Pero el capital no es la única limitante. La inversión privada fluye cuando las reglas son claras y los gobiernos ofrecen datos confiables y comparten riesgos de manera predecible y práctica.
En los sistemas alimentarios, las empresas están invirtiendo en cadenas de suministro, almacenamiento y producción más resilientes porque esto protege la productividad y reduce las pérdidas. En Japón, la planificación público-privada coordinada, la infraestructura resiliente y el financiamiento preestablecido ayudan a las empresas a recuperarse más rápido tras los desastres, protegiendo las cadenas de suministro y a las pequeñas y medianas empresas (pymes).
Movilizar financiamiento privado para la adaptación tiene menos que ver con nuevos instrumentos y más con lo básico que genera confianza: mejor información, estándares claros, incentivos inteligentes y distribución práctica del riesgo.
3. El financiamiento post-desastres importa, pero el diseño y la ejecución determinan el impacto
Incluso con una reducción de riesgos más sólida, los desastres seguirán ocurriendo. Por eso, los activadores de desembolso, los canales de apoyo y las instituciones deben organizarse de antemano para que los recursos puedan movilizarse rápidamente y llegar a las personas cuando más lo necesitan.
En Bangladesh, Nepal, Níger y Nigeria, los programas de acción temprana demuestran cómo el apoyo predecible puede proteger activos, la seguridad alimentaria y los medios de vida antes de que una crisis alcance su punto más crítico. Cuando los activadores basados en pronósticos indican que es probable una sequía o inundación, el financiamiento preestablecido puede liberarse para ayudar a los hogares antes de que las pérdidas se profundicen. A nivel regional, el programa REPAIR en África oriental y meridional aplica un principio similar: permite que 12 países accedan a financiamiento preestablecido para la recuperación en días, en lugar de meses.
Los seguros, el financiamiento de contingencia y la protección social no sustituyen las inversiones de adaptación a largo plazo. Son complementos esenciales que ayudan a hogares, empresas y gobiernos a evitar retrocesos prolongados, de modo que la recuperación no descarrile el desarrollo.
4. La resiliencia comunitaria depende tanto de sistemas sólidos como de la toma de decisiones local
La infraestructura a gran escala y los sistemas nacionales requieren planificación, financiamiento y coordinación a nivel nacional. Pero la resiliencia también se construye localmente, a través de inversiones comunitarias, sistemas de alerta temprana de confianza, soluciones basadas en la naturaleza y apoyo a las empresas locales.
El programa FLLoCA de Kenia muestra cómo los sistemas nacionales pueden habilitar la acción local. El programa canaliza el financiamiento a través de los gobiernos de los condados y permite que las comunidades identifiquen las prioridades de adaptación más relevantes para ellas, desde el acceso al agua y la infraestructura local hasta el apoyo a los medios de vida. En Zambia, las inversiones lideradas localmente apoyan la agricultura, las pequeñas empresas y la infraestructura comunitaria, y demuestran cómo las decisiones a nivel comunitario pueden fortalecer la resiliencia al tiempo que generan dividendos para el desarrollo.
Cuando los sistemas nacionales y la toma de decisiones local trabajan de manera conjunta, la adaptación está mejor orientada, genera mayor apropiación y se alinea mejor con las realidades locales.
5. Hacer que la resiliencia sea rentable, generando mejores empleos e ingresos
Los países no invierten en adaptación solo para evitar pérdidas. Invierten porque la resiliencia salva vidas, protege los medios de vida y da a las empresas la confianza para invertir, contratar y crecer.
En las Islas Salomón, los agricultores que participaron en alianzas agroindustriales vieron aumentar sus ingresos en 56% entre 2016-2019, a medida que las inversiones en resiliencia fortalecieron las cadenas de valor y conectaron a los productores con los mercados. En Bolivia, las inversiones en resiliencia están mejorando la productividad agrícola y apoyando los medios de vida rurales en zonas vulnerables al cambio climático.
Estos resultados no son secundarios. Son el propósito central: la adaptación protege y aumenta los ingresos, mantiene en operación a las empresas, fortalece las cadenas de suministro y apoya un crecimiento estable.
Viendo hacia el futuro
Estas experiencias demuestran que las acciones de resiliencia bien diseñadas generan resultados. La adaptación ayuda a los países a proteger el crecimiento, salvaguardar la inversión pública y privada, y reducir los impactos fiscales futuros. Herramientas como los Informes sobre el Clima y el Desarrollo del País y las Evaluaciones de Preparación para la Adaptación y la Resiliencia pueden contribuir a convertir ese cambio en decisiones concretas de inversión y política.
El avance es también medible: nuestro Tablero de Indicadores Corporativos ahora hace seguimiento de las personas con mayor resiliencia ante los riesgos climáticos como indicador central de resultados, lo que refleja nuestro compromiso con la rendición de cuentas en materia de adaptación como prioridad. Para el Grupo Banco Mundial, apoyar la transición hacia un desarrollo resiliente y duradero es el eje de nuestro trabajo: conectar la adaptación al cambio climático con la generación de empleo, la movilización de capital privado, el desarrollo humano y programas prioritarios como AgriConnect y Water Forward, que generan resultados duraderos para las personas.
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