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Las enseñanzas que nos proporciona la Amazonia sobre el desarrollo inteligente

Las enseñanzas que nos proporciona la Amazonia sobre el desarrollo inteligente Las enseñanzas que nos proporciona la Amazonia sobre el desarrollo inteligente

Para comprender realmente la Amazonia hay que adentrarse en los bosques, caminar por los senderos, sentir la humedad y escuchar a las personas que han vivido en esta región durante generaciones.

Una reciente visita a la comunidad de Tumbira, en el estado de Amazonas, en el norte de Brasil, me recordó la gran cantidad de conocimientos tradicionales que siguen estando, en gran medida, sin documentar. Las que pueden parecer prácticas sin importancia, como el uso de hormigas tapiba para ahuyentar a los mosquitos o la recolección de la resina dulce de amapa como fuente de energía para largas jornadas en el bosque, en realidad forman parte de un sofisticado sistema de conocimientos locales que se ha desarrollado a lo largo de siglos.

Esta experiencia reforzó algo simple pero profundo: la Amazonia es una biblioteca llena de vida. Si invertimos en sistematizar y ampliar dichos conocimientos tradicionales, ya sea para promover productos innovadores, pequeñas empresas sostenibles o turismo basado en la naturaleza, podemos ayudar a generar empleos e ingresos y, al mismo tiempo, proteger la riqueza ecológica y cultural de los bosques.

Sin embargo, para proteger a la Amazonia —y a nuestro planeta— debemos repensar el desarrollo de modo que las personas y la naturaleza prosperen juntas. Esto significa poner a las personas y la naturaleza en el centro del desarrollo, un enfoque que ayudará a preservar los bosques, empoderar a las comunidades, mejorar los medios de subsistencia y, en última instancia, crear un planeta habitable.

La Amazonia abarca casi 7 millones de kilómetros cuadrados —el doble de la superficie de India— y es el lugar donde se encuentra la mitad de los bosques tropicales que aún quedan en el planeta. Cubre alrededor del 40 % de América del Sur y atraviesa ocho países. Es el hogar de 47 millones de habitantes, donde los bosques y la vida son inseparables. Muchas de estas personas habitan en ciudades como Belém (Brasil), Iquitos (Perú) y Leticia (Colombia). Otras residen en pequeñas ciudades y pueblos ubicados en el borde o a lo largo de los bosques, rodeados de árboles imponentes y un mosaico de plantas.

Para la mayoría de los habitantes de estas zonas, los bosques han sido una ayuda vital y una fuente de identidad, especialmente para los 2 millones de pueblos indígenas (i) de la región que los han salvaguardado durante miles de años. Sin embargo, entre 2001 y 2020, la Amazonia sufrió una pérdida de cubierta forestal equivalente a la superficie de Francia. Aunque el ritmo de deforestación se ha desacelerado, la prevención de nuevas pérdidas debe seguir siendo una prioridad urgente.

Image Fotografía: Banco Mundial/Banksia Films.

Los bosques, que cubren más del 30 % de la superficie terrestre, limpian el aire, estabilizan el régimen de precipitaciones locales, enriquecen los suelos y preservan la biodiversidad. Pero su valor no se limita a eso. Los bosques saludables también respaldan millones de empleos en la agricultura, la silvicultura y el turismo basado en la naturaleza. Tan solo el sector forestal formal emplea a 33 millones de personas[MIS1]  en todo el mundo, creando un efecto dominó en todas las áreas económicas. Por cada 100 puestos de trabajo (i) en el sector forestal, se crean 73 empleos adicionales en toda la economía.

Los bosques también proporcionan materiales renovables que pueden ayudar a reducir las emisiones de carbono en los sistemas de producción, abarcando desde la construcción con madera hasta el embalaje de fibra que puede reemplazar a los plásticos.

También pueden promover la prosperidad. Consideremos la historia de Lucineide Garrido, de 55 años, conocida como Neide en su comunidad de Tumbira. Hace 14 años, cuando se prohibió la tala y su familia se enfrentó a la incertidumbre, ella convirtió su afición por la artesanía en un negocio, transformando semillas, fibras y materiales derivados de la palma en joyas y artículos decorativos. En la actualidad, puede mantener a su familia y da empleo a cuatro asistentes. La historia de Neide es uno de los miles de testimonios en la Amazonia, que muestran que si las comunidades tienen oportunidades pueden crear medios de subsistencia sostenibles para fortalecer tanto sus economías como los bosques que las rodean.

La experiencia del Grupo Banco Mundial demuestra que, cuando las comunidades tienen recursos, derechos y responsabilidades, se convierten en los administradores más eficaces de los bosques. Por esta razón, a través del enfoque de “Un Solo Grupo Banco Mundial”, estamos construyendo economías forestales sostenibles con asociados de los sectores público y privado, y junto con las comunidades indígenas y locales. De manera similar, la iniciativa Tropical Forest Forever Facility (i), que se puso en marcha en Belém durante la COP30, ofrece la oportunidad de ampliar lo que funciona, canalizando financiamiento a los grupos locales que protegen los bosques y, al mismo tiempo, mejoran los medios de subsistencia.

La Amazonia y los bosques de todo el mundo son los pulmones de nuestro planeta. Gestionarlos de manera sostenible no solo es esencial para el medio ambiente, sino que también es una prioridad en materia de creación de empleo y crecimiento económico. Para hacer las cosas bien, se necesitan alianzas en todos los niveles. Pero, sobre todo, es necesario elevar las voces y el liderazgo de las comunidades locales, como el pueblo tumbira. Estas comunidades nos muestran cómo los bosques pueden prosperar, las economías pueden crecer y las tradiciones pueden perdurar.

 


Axel van Trotsenburg

Director gerente sénior, Políticas de Desarrollo y Alianzas del Banco Mundial

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