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Alza en el precio de los alimentos: ¿es el momento de hablar menos y hacer más?

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Es innegable que el alto precio de los alimentos tiene un fuerte impacto en las familias, empresas y gobiernos de América Latina, con efectos colaterales en los bolsillos de los ciudadanos y la economía en general.

Sin embargo, detrás de los fríos números en torno al alza de los precios, menores presupuestos y temores inflacionarios, la verdad es que el precio de los alimentos puede matar — o perjudicar de manera significativa — a mucha gente, especialmente a los niños en situación de pobreza.

A medida que el precio de los alimentos aumenta por tercera vez en cinco años, es difícil predecir qué hará América Latina para evitar sus efectos perjudiciales. Y con el precio del maíz, un alimento básico para buena parte de la población más pobre, subiendo aceleradamente, uno se pregunta, “¿los países latinoamericanos están invirtiendo donde más importa para proteger a los más vulnerables?” La respuesta corta es: “no lo suficiente”.

Varios países incrementaron sus mecanismos de respuesta durante las últimas crisis, tales como comidas escolares, transferencias de efectivo, programas laborales y una baja arancelaria para las importaciones de alimentos o cereales. Pero pocos países de la región establecieron sistemas para prevenir la pérdida de capital humano, derivada de la desnutrición infantil por la persistencia de los elevados precios de los alimentos.

Un estudio regional, actualmente en preparación, muestra que un gran número de países latinoamericanos no ha sabido incorporar actividades esenciales a sus planes de respuesta ante la crisis. Por ejemplo, promover la lactancia materna, distribuir raciones nutricionales adaptadas entre madres y niños pobres, complementar la nutrición de los niños con polvos micronutricionales de bajo costo, tratar a los niños con desnutrición moderada y utilizar el zinc en el tratamiento contra la diarrea.

Es crucial invertir en los primeros 1000 días de vida

Una buena nutrición es particularmente crítica durante los primeros 1000 días de vida: esto es, desde el momento que un niño es concebido hasta que cumple dos años.

En América Latina los problemas nutricionales más preocupantes son el retraso en el crecimiento, la anemia y la obesidad. El retraso en el crecimiento (ser demasiado bajo para la edad), dado que refleja los efectos permanentes y a largo plazo de la falta de alimentos y la privación. La anemia, debido al mayor riesgo de que una mujer embarazada muera durante el parto y el daño irreversible que esto genera en el cerebro y el cuerpo del bebé durante la gestación y hasta los dos años. La obesidad, porque se traduce en enfermedades crónicas y debilitantes como la diabetes, cáncer y afecciones cardíacas. Todas ellas pueden vincularse a la nutrición recibida durante los primeros 1000 días de vida.

Si bien los niveles regionales han descendido, la prevalencia de la subnutrición entre los más pobres, los menos educados y la población indígena, muchas veces muestra un nivel similar o superior a los países más pobres del África subsahariana. La OPS estima que 7,2 millones de jóvenes latinoamericanos sufren de retraso en el crecimiento y 22,5 millones de anemia; más de ⅔ de los cuales se encuentran en esa edad crítica entre los 6 a los 24 meses.

Las consecuencias irreversibles del alto precio de los alimentos

En tiempos difíciles, las familias pobres muchas veces reemplazan alimentos de alto contenido nutricional por alternativas de menor calidad, reducen la cantidad que consumen y recortan la utilización de servicios preventivos de salud. Algunos estudios muestran que cuando suben los precios de los alimentos, el crecimiento de los niños se retrasa de manera progresiva. Durante la crisis alimentaria de 2007-2008 en El Salvador, el nivel de retraso en el crecimiento infantil aumentó, aun en aquellas familias cubiertas por programas de transferencias condicionadas de efectivo. En años recientes, el aumento en la incidencia de anemia y sobrenutrición en la región puede vincularse al cambio de alimentos nutritivos por fuentes más económicas pero con más calorías, como azúcares y grasas refinadas.

Como resultado, cada vez más niños latinoamericanos corren riesgo de padecer de talla baja, anemia o sobrepeso. A nivel mundial, tres de los cuatro países con mayor porcentaje de madres con sobrepeso y jóvenes desnutridos viviendo en un mismo hogar se encuentran en América Latina: Guatemala, Bolivia y Nicaragua.

El crecimiento económico por sí solo no es suficiente para protegerse de la desnutrición

Si bien en algunos países un mejor crecimiento económico no ha significado una disminución de los casos de retraso en el crecimiento de los niños — en especial en Guatemala, Costa Rica, Colombia, Bolivia y Honduras —, en otros, como Brasil, El Salvador, México, Perú y República Dominicana, hay algunos progresos. Esto puede atribuirse en parte a las estrategias para la disminución de la pobreza, específicamente las enfocadas en mejorar la nutrición durante los primeros 1000 días de vida.


Fuente: Messier, MC. ¿Se alcanzará el ODM para nutrición en América Latina y el Caribe? Banco Mundial, junio de 2012

Las inversiones que redundarán en resultados a largo plazo

Más temprano que tarde, los gobernantes deberán adoptar decisiones difíciles sobre dónde van a invertir sus limitados recursos para contrarrestar de la mejor manera posible los efectos en la población del alto precios de los alimentos. Si quieren maximizar su inversión a largo plazo, deberían estudiar seriamente la posibilidad de, antes que nada, proteger de la desnutrición a las madres y a los niños pequeños.

Para lograrlo se necesita una estrategia equilibrada, que combine un aumento en el ingreso con inversiones más directas en la salud y nutrición. Esto requerirá la colaboración de los sectores de la salud, protección social, agropecuario y educativo, entre otros. Eso asegurará que las madres y jóvenes tengan fácil acceso a una cantidad adecuada de alimentos nutritivos, vitaminas y minerales, así como servicios de salud y nutrición.

Haciendo esto, no solo se le proporcionará una base sólida a la próxima generación para un futuro alentador y provechoso, sino que contribuirá a un mayor crecimiento económico. Es una situación en donde todos ganan.

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