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¿Para qué se necesitan las Unidades de Economía del Comportamiento?

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El premio Nobel de Economía otorgado a Richard Thaler por su contribución a la economía del comportamiento es una señal importante que confirma que esta disciplina no es una moda pasajera, sino que ha llegado para quedarse. Tan es así que es cada vez más común en los países desarrollados la creación de distintas unidades de análisis del comportamiento, tal como la Unidad de Economía del Comportamiento de la Autoridad de Energía Sostenible de Irlanda. De manera que cabe preguntarse ¿Por qué es tan importante que todo país cuente con su propia Unidad de Economía del Comportamiento?


Se me ocurren varias respuestas:

1. Los hallazgos colectivos y el desarrollo de esta disciplina económica podrían cambiar la manera cómo los gobiernos prestan servicios, construyen carreteras y abordan asuntos complejos como la desigualdad y la violencia de género. Para lograrlo, no basta con que entusiastas funcionarios y profesionales del sector público desarrollen experimentos ad-hoc; en lugar de ello, es necesario pensar en la sostenibilidad, escalabilidad y sistematización de las ciencias del comportamiento dentro de la propia estructura gubernamental.  

2. Una verdadera contribución a las políticas públicas consistiría en lograr aplicar un enfoque institucional sobre las ciencias del comportamiento, con el fin de complementar las intervenciones realizadas por los distintos ministerios. Una de las razones se debe a que el valor de las ciencias del comportamiento no reside únicamente en lo que funcionó, sino también en lo que no funcionó, ya que proporciona importante información en relación a su aplicabilidad en diferentes contextos y ámbitos normativos.

3. Asimismo, el enfoque del comportamiento se basa en una orientación adaptativa e iterativa para definir el programa, así como para su diagnóstico, diseño, evaluación y aprendizaje. Esto requiere de un compromiso continuo con especialistas con el fin de afinar las intervenciones y programas.

4. Finalmente, aún deben tomarse en consideración ciertos aspectos éticos relacionados con el uso del análisis del comportamiento en la política pública. El cambio de una operación ad-hoc a una operación estratégica asegura que la unidad adopte medidas de transparencia y de rendición de cuentas destinadas a mitigar el riesgo de usos inapropiados de la ciencias del comportamiento.

Ejemplos de todo el mundo

En 2010, el Reino Unido estableció la primera Unidad de Análisis del Comportamiento  dentro de la Oficina del Gabinete, a modo de prueba. Otros países siguieron, incluyendo Estados Unidos, Australia, Canadá, Holanda y Alemania. Poco después, países como la India, Indonesia, Perú, Singapur y muchos otros comenzaron a explorar la aplicación del análisis del comportamiento dentro de sus políticas y programas. Las instituciones internacionales, como el Banco Mundial, agencias de la ONU, la OCDE y la UE también han establecido unidades de análisis del comportamiento para apoyar sus programas. Y este mismo mes, la Autoridad de Energía Sostenible de Irlanda antes mencionada.
 
El Futuro

eMBeD, la unidad de ciencias del comportamiento del Banco Mundial, continúa apoyando a gobiernos de todo el mundo para implementar sus unidades. A continuación, presentamos algunas de las preguntas más comunes que recibimos.

¿Cuáles serían los modelos para organizar una Unidad de Economía del Comportamiento a nivel  gobierno?

No puede recetarse un único modelo, pues la organización varía y puede ir de centralizada o descentralizada hasta en red. Reino Unido (Oficina del Primer Ministro), Alemania (oficina del Canciller Federal en la Unidad de Planeamiento de Políticas) y Estados Unidos (originalmente en la Oficina de Ciencias Naturales y Políticas Tecnológicas de la Casa Blanca) establecieron, en un primero momento, equipos a nivel federal, centralizando el abastecimiento de apoyo de análisis del comportamiento a nivel ejecutivo. Los equipos trabajaron directamente con las agencias ejecutoras para el diagnóstico, diseño, verificación y evaluación de intervenciones con mayor información a nivel comportamiento. Sin embargo, en esos tres casos, también se formaron equipos de análisis del comportamiento a nivel ministerial y/o estatal. Los equipos federales proporcionaron orientación estratégica general, desarrollo de capacidades y apoyo directo a las agencias gubernamentales.

Inicialmente, en algunos países se instituyeron unidades a nivel ministerial. Un ejemplo de ello es MineduLab en el Perú, que se estableció con la ayuda de eMBeD. Esta unidad funciona como un laboratorio de innovación, realizando investigaciones rigurosas y a la vanguardia para enfrentar temas como el ausentismo y motivación de los maestros, el compromiso de los padres y el desempeño de los alumnos.  
  
¿Cuál debería ser la estructura del equipo?

La mayoría de las unidades comienza con un equipo de entre dos y cuatro personas a tiempo completo. Los perfiles incluyen asesores de políticas, sicólogos sociales, economistas experimentales y científicos del comportamiento.

La experiencia en el sector público resulta esencial para poder navegar por aguas gubernamentales y para ganar apoyo. También resulta importante contar con personal que esté familiarizado con el diseño y la ejecución de experimentos. Otras habilidades importantes incluyen la sicología, sicología social, antropología, pensamiento creativo y marketing. Si bien este tipo de capacidades no siempre se encuentra disponible en el sector público, es importante notar que todas las unidades de análisis del comportamiento se han asociado con académicos y especialistas del rubro.   
MineduLab en el Perú se ha asociado con los principales especialistas, incluyendo Abdul Latif Jameel Poverty Action Lab (J-PAL), Fortalecimiento de la Gestión de la Educación (FORGE), Innovations for Poverty Action (IPA) y el Banco Mundial.

Asimismo, la mayoría de unidades cuenta con un órgano consultivo conformado por funcionarios gubernamentales, académicos y especialistas que proporcionan orientación y apoyan al equipo. Como esta disciplina aún se encuentra en evolución, puede ser útil aprovechar la experiencia externa a través de asociaciones que brinden lo último en experiencia y conocimiento.   

¿Cómo empezar?

Reclutar a un defensor: El contar con un funcionario de alto nivel dentro del gobierno ayuda a impulsar la agenda, atraer a otros grupos de interés, y navegar con eficiencia por el entorno normativo.

Asegurar que exista un compromiso de entre dos y tres años. La etapa inicial suele ser lenta, especialmente si el equipo está ubicado fuera de las agencias ejecutoras. Se necesita tomar en consideración la cantidad de tiempo necesario para reunir al equipo; establecer un comité de asesoría (con miembros interministeriales, de la academia, think tanks en investigación y el sector privado); concientizar a nivel interno; identificar las 3-4 áreas de políticas (que pueden elegirse en base a prioridades o en base a la demanda); conducir diagnósticos; identificar fuentes de información necesarias para medir y evaluar; y diseñar y verificar las intervenciones.

Elegir las opciones más factibles. Por lo general resulta útil seleccionar asuntos relacionados a políticas que puedan ser verificados fácilmente, rápidamente y a bajo costo. Resulta imperativo demostrar eficacia dentro del primer año. La identificación de programas que cuentan con datos disponibles (es decir, de tipo administrativo, de hogares), una infraestructura de comunicación establecida con los beneficiarios (SMS, correo postal, correo electrónico, centros) y contar con entusiastas ejecutores permitirá al equipo avanzar más rápidamente en el diagnóstico, verificación e implementación de la intervención.

Adaptar los análisis del comportamiento para fortalecer la confianza pública: El concepto de “nudging” (impulsar, dar “un empujón”) en la esfera de las políticas públicas sigue enfrentando problemas relacionados con manipulación, paternalismo y eliminación de la libertad de elección. A pesar de ello, como Sunstein y otros impulsores han expresado, todos los programas gubernamentales están aplicando, a algún nivel, arquitectura de elección y “nudging”. El establecimiento de opciones estándares y de opciones de diseño para programas de forma más consciente, guiándose por la ciencia, puede mejorar la prestación de servicios e incrementar el bienestar de los ciudadanos. Sin embargo, es pertinente señalar que aún persisten las críticas. Por lo tanto, resulta esencial actuar con transparencia y aplicar la rendición de cuentas en las intervenciones del comportamiento para desarrollar o mantener la confianza en el gobierno. Las intervenciones del tipo “nudge” y otras inspiradas en las ciencias del comportamiento necesitan divulgarse y debatirse públicamente, como es también el caso de las políticas públicas en general. Las investigaciones  realizadas por George Loewenstein y sus colegas demuestran que la divulgación de los “nudges” no los hace menos eficientes.  

Efecto dominó

Del mismo modo, como el reconocimiento global de las ciencias del comportamiento abrió las puertas para la aplicación sistemática y presentación de análisis provenientes de la psicología, sicología social, neurociencia y otros campos; la institucionalización de las ciencias del comportamiento en los gobiernos podría garantizar el uso sistemático, escalable y sostenible de estos análisis en una forma transformadora. Los profesionales y entusiastas de las ciencias del comportamiento están viviendo tiempos apasionantes; la disciplina está creciendo con rapidez y las prácticas de colaboración e intercambio de conocimientos están generando un efecto dominó en todas las áreas de políticas públicas en todo el mundo. Ya no se nos pregunta si los gobiernos deberían tener unidades de economía del comportamiento, sino más bien, cuándo y cómo hacerlo.

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