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Mujer e indígena, dos realidades con múltiples desventajas en Bolivia

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Florina López habló de manera conmovedora sobre la discriminación que ha sufrido, por su doble condición de indígena y mujer, en la ceremonia de lanzamiento del nuevo informe del Grupo Banco Mundial titulado Latinoamérica Indígena en el Siglo XXI. López pertenece al pueblo Guna, de Panamá, y ha trabajado durante décadas en movimientos indígenas, desde el nivel comunitario hasta su actual posición como coordinadora de la Red de Mujeres Indígenas sobre Biodiversidad, una iniciativa de carácter regional.
 
López es una de las tantas mujeres indígenas en América Latina que han dedicado su vida a crear sociedades más inclusivas. Si bien es importante reconocer que no todos los pueblos indígenas ni todas las mujeres tienen las mismas experiencias, el concepto de intersección de identidades ayuda a explicar la noción de "desventaja (o ventaja) multiplicada" o "agregada" (i). Las personas forman parte de múltiples estructuras sociales y tienen roles simultáneos, y estas estructuras interactúan entre sí e influyen en sus experiencias, relaciones y resultados.

La intersección entre género y etnicidad, por ejemplo, puede profundizar las brechas en algunos resultados de desarrollo. En la publicación “Latinoamérica Indígena en el Siglo XXI” se explica que, aunque el acceso de los pueblos indígenas a los servicios ha mejorado significativamente, estos no están generalmente adaptados a su cultura, por lo que los grupos a los que están dirigidos no sacan el máximo provecho de ellos. En Bolivia, donde más del 40 por ciento de la población se identifica como indígena o afrodescendiente, según el Censo Nacional de Población y Vivienda 2012, las mujeres indígenas enfrentan un mayor riesgo de ser excluidas. Además, de acuerdo a una Encuesta Nacional de Discriminación y Exclusión Social desde la Percepción de las Mujeres de 2014, todas las mujeres se sienten discriminadas en diferentes aspectos de su vida, siendo las mujeres indígenas especialmente afectadas.

 Género y Etinicidad

¿Cómo se manifiestan la interseccionalidad y la discriminación en la educación y la salud?

El acceso a la educación ha mejorado considerablemente en Bolivia en los últimos años. Hoy en día, las tasas de finalización de la escuela primaria y de matrícula de educación secundaria son similares para los niños y las niñas. Sin embargo, persisten importantes brechas de género entre los estudiantes indígenas y rurales.
 
En zonas urbanas de Bolivia, las mujeres tienen menos probabilidades de terminar la escuela secundaria que los varones. En estas áreas, una estudiante indígena tiene aproximadamente la mitad de probabilidades de completar la escuela secundaria en comparación con un alumno varón no indígena. Pero una mujer indígena de zonas rurales tiene cinco veces menos probabilidades que un varón no indígena de zonas urbanas de finalizar la escuela secundaria (véase el gráfico, basado en el Censo 2012):

 Género y Etnicidad
 
Hay muchos factores que impiden que las niñas alcancen niveles más altos de escolaridad en Bolivia, entre ellas las labores domésticas y de cuidado de otros miembros de la familia, el embarazo adolescente, y la necesidad de obtener ingresos. Pero las jóvenes que continúan en la educación secundaria y superior enfrentan otros obstáculos. Una de cada cinco estudiantes de entre 15 y 24 años declara haber sido discriminada en los ámbitos académicos: el 25 por ciento de las mujeres indígenas frente al 18 por ciento de las mujeres no indígenas.

La situación es similar en términos de acceso a los servicios básicos de salud. De acuerdo con datos de la encuesta de hogares (2013), aunque casi todas las mujeres no indígenas de zonas urbanas de Bolivia dan a luz ya sea en presencia de una enfermera o un médico, solo 6 de cada 10 mujeres indígenas de zonas rurales dan a luz en presencia de un especialista de salud. Si bien esta situación puede deberse en parte a la preferencia de muchas mujeres indígenas de acudir a sus parteras tradicionales, la diferencia en las tasas de acceso puede ser provocada también por la discriminación percibida. Según la Encuesta de Percepción, el 20 por ciento de las mujeres indígenas informa haber sufrido discriminación cuando buscó atención médica, en comparación con el 14 por ciento entre las mujeres no indígenas.
 
Las inversiones en educación y salud determinan la capacidad de los hombres y las mujeres de alcanzar su máximo potencial, permitiéndoles aprovechar las oportunidades económicas y llevar una vida productiva. El acceso limitado a este tipo de inversiones no solo afecta negativamente las oportunidades de una persona, sino que también puede tener costos significativos para las economías y comunidades enteras.

La inclusión debe ocupar un lugar central en la agenda de desarrollo. Se necesita más y mejor información, tanto cualitativa como cuantitativa, para poner de manifiesto el problema persistente de desventajas superpuestas. Esto nos permitirá, en última instancia, hacer mucho más por ampliar la capacidad de cada persona de participar plenamente y en igualdad de condiciones y desarrollar todo su potencial. Como dijo Florina López en el lanzamiento de nuestro reporte, “sin la participación efectiva de las mujeres indígenas en la sociedad, será difícil eliminar la pobreza y la pobreza extrema en que vivimos”.


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