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paz y desarrollo

La onda expansiva de la guerra: la violencia continúa incluso después de la firma de los acuerdos de paz

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Un grupo de mujeres, hombres y niños en Kenya. © Curt Carnemark/Banco Mundial


Visité por primera vez la República Democrática del Congo en 2007  y mi intención como investigadora de temas de salud pública era tratar de entender el complejo problema del reclutamiento de hombres jóvenes por grupos rebeldes en regiones de África central devastadas por guerras . Lo que aprendí me sorprendió y conmovió: es más probable que una persona que sufre violencia bélica durante su infancia se involucre en conflictos armados durante su juventud. Los hombres jóvenes que fueron víctimas de violencia bélica extrema señalan que es o es una raz ón para tomar las armas . Y lo que es aún más trágico es que estos mismos jóvenes tienen dificultades para reintegrarse de manera pacífica en sus comunidades cuando las hostilidades han cesado. La violencia experimentada durante la guerra continúa al interior de sus hogares y comunidades incluso cuando la paz se ha declarado formalmente.

Los refugiados encuentran un nuevo hogar en Uganda

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Los refugiados encuentran un nuevo hogar en Uganda

Nuestro avión aterrizó en una pista casi de tierra, construida de manera precaria entre los arbustos en el distrito de Adjumani (norte de Uganda), que limita al noroeste con Sudán del Sur. En este distrito viven unos 227 000 refugiados, que representan alrededor del 60 % de la población total. Inmediatamente después de desembarcar, manejamos a través de un camino de tierra, rodeado de campos de maíz, plantaciones de plátano y árboles de mangos y que formaban una densa cobertura vegetal separada por estrechos senderos conducentes a chozas de barro. A medida que nos acercábamos al centro del distrito, traté de detectar las señales habituales de los barrios de refugiados, tales como cercas u otro tipo de demarcaciones.

No había ninguna.

En vez de ello, y para mi grata sorpresa, no existen zonas cercadas para los refugiados. Ellos viven junto a la población local. Este enfoque integrador no se limita a Adjumani. De hecho, Uganda ha sido elogiada por tener la política de refugiados más compasiva en el mundo. Aquí, se recibe cálidamente a los refugiados; se les entregan provisiones y parcelas de tierra, y se les anima a integrarse en la sociedad. Mientras viajaba por los caminos de tierra, era imposible distinguir entre las viviendas de los lugareños y los asentamientos de los recién llegados. También se comparten los servicios públicos comunitarios, tales como hospitales, clínicas de salud, escuelas, suministro de energía, agua potable y otros servicios.

Incluso la palabra “campamento” es mal vista por los funcionarios gubernamentales, quienes orgullosamente llaman “asentamientos” a los albergues.

Como representante especial del Grupo Banco Mundial (GBM) ante las Naciones Unidas, viajé a este país el mes pasado para participar en la Cumbre de Solidaridad sobre Refugiados en Uganda. El secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, y el presidente de Uganda, Yoweri Museveni, convocaron a la comunidad internacional para llamar la atención sobre la situación en Uganda.

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