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primavera árabe

Cinco mujeres árabes que rompen estereotipos y ayudan a construir sus países

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Hay un dicho antiguo muy desagradable en algunos países árabes: las mujeres pertenecen solo a sus hogares y maridos. No deben ser educadas, ni trabajar, ni tener una opinión. Esta creencia, lamentablemente, todavía predomina en algunas áreas del mundo árabe. Sin embargo, las mujeres y los hombres árabes modernos, educados y de convicciones férreas consideran este adagio como algo retrógrado e inadecuado.

Las mujeres representan el 49,7 % de los aproximadamente 345,5 millones de habitantes de la región de Oriente Medio y Norte de África. (i) En Occidente, algunos imaginan a esas mujeres encerradas en una tienda de campaña en el desierto, probablemente golpeadas por sus maridos, un estereotipo que muchas mujeres árabes de hoy en día combaten y desmienten. (i)

Sí, todavía quedan muchos obstáculos para cerrar la brecha de género en el mundo árabe, pero se han logrado importantes avances en las áreas de la educación, la política, el espíritu empresarial, el empleo y la salud. Las mujeres árabes hoy en día son empresarias, (i) dirigentes, (i) activistas, (i) educadoras, (i) ganadoras del premio Nobel, (i) y mucho más. Ellas están transformando sus sociedades y allanando el camino hacia la igualdad de género y el empoderamiento de las niñas de las futuras generaciones.

Estas son algunas de las muchas historias sobre cómo las mujeres de diferentes países árabes están cambiando sus sociedades y luchando contra la desigualdad de género:

La desigualdad extrema es síntoma de una sociedad fracturada

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© Curt Carnemark/World Bank


La desigualdad es un problema que enfrentan todos los países, sean estos pobres, ricos, o de situación intermedia. Cierto grado de desigualdad puede ser un subproducto temporal del crecimiento económico cuando no todos avanzan al mismo ritmo y al mismo tiempo. Pero cuando la mayoría de la gente sufre un estancamiento económico y social, la desigualdad representa una verdadera amenaza para el progreso de las personas y de países enteros.

Por esta razón, la desigualdad elevada y persistente no solo es moralmente incorrecta, sino también un síntoma de una sociedad fracturada. Puede conducir a una pobreza generalizada, asfixiar el crecimiento y provocar conflictos sociales. Es por ello también que los objetivos del Banco Mundial no consisten únicamente en poner fin a la pobreza, sino además en promover la prosperidad compartida.

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