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Conflict

Por qué poner fin a la violencia es un imperativo del desarrollo

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Cada año, alrededor de medio millón de personas son víctimas de homicidios intencionales. Esto significa que se pierde una vida cada minuto debido a la violencia en todo el mundo.
América Latina y el Caribe es una de las regiones más afectadas por la violencia crónica. Hoy, en la región se registra una tasa promedio de 24 homicidios por cada 100 000 habitantes, es decir más del doble del umbral de violencia endémica que establece la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Si la violencia es una epidemia, los jóvenes constituyen, por una gran diferencia, el grupo más grande en situación de riesgo. En América Latina, el índice de homicidios de hombres de entre 15 y 24 años de edad llega a ser de 92 por cada 100 000 habitantes, casi cuatro veces el promedio regional. Los jóvenes de entre 25 y 29 años, predominantemente varones, son también los autores principales de delitos y actos de violencia, según un próximo informe del Banco Mundial.

La violencia endémica se traduce también en menos productividad, peores resultados en materia de salud y elevados costos de seguridad. Los costos acumulados de la violencia son enormes (representan hasta el 10 % del PIB en algunos países), y tienen consecuencias negativas a largo plazo en materia de desarrollo humano, social, económico y sostenible.

Poner fin a la violencia no solo es un deber en los ámbitos del derecho y la justicia, sino también un imperativo del desarrollo.

La buena noticia es que la violencia se puede prevenir. Por ejemplo, ciudades como Medellín en Colombia y Diadema en Brasil lograron reducir considerablemente la tasa de homicidios en las últimas décadas, gracias a soluciones ajustadas a sus situaciones específicas y respaldadas por análisis de datos sólidos y un enfoque que incluye a “toda la sociedad”.

En este video, analizaremos por qué la violencia es una cuestión de desarrollo importante; cómo los países y las ciudades pueden combatir eficazmente la violencia y el delito, y qué iniciativas están llevando a cabo el Banco Mundial y sus asociados a fin de garantizar condiciones de seguridad y oportunidades para todos, en especial los jóvenes y las personas pobres que viven en zonas urbanas.


Enlaces relacionados:
Artículo: Violencia urbana: un problema con proporciones de epidemia
Artículo: La violencia en América Latina: ¿una epidemia peor que el ébola o el sida?
Blog: Obstáculos para el desarrollo: ¿qué datos sobre la fragilidad, los conflictos y la violencia están disponibles?


 

Deportistas del equipo olímpico de refugiados: Un mensaje agridulce al mundo

Farhad Peikar's picture
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En el estadio Maracaná de Brasil, miles de espectadores estaban de pie, en puntillas, mientras que en el resto del mundo millones de jubilosos televidentes seguían las imágenes en directo del desfile del primer equipo olímpico de refugiados (identificado con el código ROT por el Comité Olímpico Internacional) durante la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016. Los 10 integrantes —seis hombres y cuatro mujeres— fueron seleccionados entre 43 posibles candidatos. El equipo está compuesto por cinco atletas de Sudán del Sur y uno de Etiopía, dos yudocas de la República Democrática del Congo y dos nadadores de Siria. Su inclusión en los actuales JJ. OO. ha sido uno de los momentos más esperanzadores del certamen, porque estos 10 deportistas, además de portar la bandera olímpica, llevaban consigo un mensaje de aliento a millones de jóvenes que han sido desalojados forzosamente de sus hogares.

Sin embargo, si bien hay mucho que celebrar y tantos a quienes congratular por esta iniciativa histórica sin precedente en el ámbito deportivo, en un mundo ideal no debería existir un equipo de esta naturaleza. Los escasos momentos de júbilo —exacerbados por nuestros gritos de aliento— no deberían ocultar la realidad del sufrimiento humano sin parangón que se vive en los campamentos de refugiados de todo el mundo. La mera existencia de un equipo como este nos recuerda que el mundo, en forma colectiva, ha sido incapaz de ayudar a más de 65 millones de desplazados (i) a regresar a sus hogares o a encontrar otro lugar que pueda convertirse en su hogar permanente. Estos deportistas representan a una comunidad que huye de conflictos regionales, guerras civiles, agresiones, genocidios, hambrunas, la pobreza y las enfermedades; algunas de estas situaciones están tan arraigadas, que parece difícil encontrar soluciones viables.

Los jóvenes y la consolidación de la paz: una “función de teatro” a la vez

Bassam Sebti's picture
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Según Aristóteles “los buenos hábitos adquiridos en la juventud marcan la diferencia”, y ¡qué gran diferencia está haciendo un grupo de jóvenes libaneses (hombres y mujeres) que abogan por la paz!

Sus edades fluctúan entre los 16 años y los 25 años. Son pobres y están desempleados. En el pasado lucharon, literalmente, unos contra otros en Trípoli, una ciudad libanesa dividida por grupos sectarios. Los suníes del barrio de Bab al-Tabbaneh y los alauíes del barrio de Jabal Mohsen se enfrentaron en reiteradas ocasiones.

Pero a comienzos de 2015, el Gobierno declaró un cese al fuego que puso fin a las series interminables de feroces enfrentamientos y restauró la calma en la ciudad.

En ese momento fue cuando representantes de una organización sin fines de lucro libanesa, que promueve la paz mediante el arte, fueron hasta Trípoli para realizar un tipo diferente de “reclutamiento”: uno en favor de la paz. March (i) congregó a los jóvenes para que fueran parte de ¡una obra de teatro!

El grupo organizó audiciones en las que pudieron participar más de 100 jóvenes de los dos barrios, y 16 de ellos fueron seleccionados: ocho de cada “bando”. La idea era simple: escribir y producir una comedia que se basara en sus vidas, y que fuera interpretada por aquellos que quisieran ser actores y presentada en todo Líbano. El proyecto los juntó e hizo que dejaran de ser actores de la guerra para convertirse en actores de teatro.

Una historia de resiliencia: Desde un viaje en un bote de goma en el mar a nadar en las Olimpíadas de Río

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Un frío día en octubre de 2015, Rami Anis, de 24 años de edad, se subió a un bote de goma en el mar Egeo en Turquía. Su destino era Europa, y su meta era tener una vida mejor lejos de la guerra y el sufrimiento.

Al mirar a las personas que lo rodeaban en el bote, se horrorizó. Eran niños, hombres y mujeres. Nunca dejó de pensar que era probable que no lo consiguieran, aun cuando él es un nadador profesional.

“Porque con el mar no puedes jugar”, dijo el refugiado sirio.

Pero el 11 de agosto, en vez de estar preocupado de nadar en el mar, Rami participará en las competencias de natación en las olimpíadas. Él arribó de manera segura a Bélgica después de días de realizar un viaje desgarrador, desde Estambul a Esmirna; y luego de Esmirna a Grecia, antes de emprender una caminata a través de Macedonia, Serbia, Croacia, Hungría, Austria, Alemania y, finalmente, llegar a Bélgica.

Rami competirá en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro de 2016, como integrante del equipo olímpico de refugiados —el primero de su tipo— y marchará con la bandera olímpica inmediatamente antes de la nación anfitriona, Brasil, durante la ceremonia de apertura.

Rapera adolescente de Afganistán canta y aboga por el fin del matrimonio infantil

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A primera vista, ella parece como cualquier novia: tiene puesto un vestido de boda blanco, su cara está cubierta con un velo y lleva consigo un ramo nupcial. Solo que ella no es una novia común y corriente. Ella fue vendida.

Al quitarse el velo de su rostro, en su frente se puede ver la marca de un código. Su ojo izquierdo está muy amoratado y un gran rasguño en su mejilla es tan rojo como una herida de guerra.

El papel de la niña en el video musical “Brides for Sale” (Novias a la venta) lo hace Sonita Alizadeh, una rapera adolescente afgana que canta en el video acerca de la dura experiencia por la que pasan muchas niñas en Afganistán cuando son vendidas por sus familias para casarse a corta edad a cambio de dinero.

¿Pero por qué ella canta sobre este tema?

Programa de telerrealidad árabe pone a prueba la sensibilidad y la empatía de los participantes

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Es el mes del Ramadán y los canales de TV árabes están engalanados con programas que incluyen desde populares telenovelas que se repiten hasta shows de cocina y de concursos, pero hay uno que está en boca de todos.

Al Sadma, o “El choque”, es una versión en árabe del famoso show estadounidense What Would You Do, un programa de telerrealidad de bromas. Pero este no es como muchos otros programas de telerrealidad de mal gusto que aplican el miedo (i) e incluso el terror; (i) se trata de un programa en que se aborda la moralidad y se analiza la sensibilidad de los participantes.

Se necesita una respuesta humanitaria y de largo plazo para la crisis mundial de refugiados

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Denham and his family have been refugees living in this tent for the last four years. © Dominic Chavez/World Bank


Los principales riesgos mundiales no se limitan a las fronteras de un país. Esto queda claro al observar el caso de la actual crisis de refugiados, cuya magnitud no tiene precedentes y que afecta a personas y lugares lejos de donde ocurren las guerras civiles, los conflictos y las situaciones de fragilidad. (i) El voto de los habitantes del Reino Unido en favor de abandonar la Unión Europea mostró, en parte, el alcance de los impactos del desplazamiento forzado y la inestabilidad que este fenómeno provoca.

Surge la esperanza para los más pobres del mundo en Myanmar

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Aung San Suu Kyi, state counselor and minister of foreign affairs for Myanmar, addresses an IDA 18 replenishment meeting on June 21, 2016. © Aung San/World Bank

Daw Aung San Suu Kyi, consejera de Estado de Myanmar y ganadora del Premio Nobel de la Paz, se dirigió a representantes de Gobiernos de países ricos y pobres durante una reunión realizada esta semana en Myanmar. En la ocasión, ella dijo que para reducir la pobreza y garantizar que todos se beneficien del crecimiento económico se debe poner especial atención a los problemas de la fragilidad y el conflicto, el cambio climático, la igualdad de género, la creación de empleo y el buen gobierno.
 
Suu Kyi habló al inicio (i) de una reunión de la Asociación Internacional de Fomento (AIF), el fondo del Banco Mundial para los más pobres, (i) en la cual donantes, representantes de los prestatarios y directivos del Grupo Banco Mundial buscan formas para lograr estos objetivos. Señaló que los habitantes de Myanmar constituyen la verdadera riqueza del país, y que ellos necesitan ser apoyados de la manera adecuada.

Los 65 millones de desplazados por los conflictos constituyen un desafío para los actores en el ámbito del desarrollo

Xavier Devictor's picture
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La publicación del informe sobre Tendencias globales del desplazamiento forzado en 2015 del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados apareció en los titulares esta semana. El número de desplazados por la fuerza aumentó una vez más, llegando a aproximadamente 65 millones de personas en todo el mundo.

Si todas estas personas vivieran en un país, este tendría una población superior a la del Reino Unido. Se trata de un evidente desafío para el desarrollo, dado que los desplazados a menudo son personas pobres en condiciones de gran vulnerabilidad. Su presencia también cambia el contexto en el cual los países y las comunidades de acogida diseñan e implementan sus propios esfuerzos de reducción de la pobreza.
Refugiados sirios en el pueblo de Zouq Bhanin (Líbano).
Refugiados sirios en el pueblo de Zouq Bhanin (Líbano).

Detrás de estas estadísticas existe un enorme sufrimiento humano. La historia personal de cada persona desplazada por la fuerza es con frecuencia desgarradora. Si esta historia se multiplica por 65 millones se convierte en una tragedia mundial.
 
Pero ¿quiénes son exactamente estos 65 millones de desplazados? De hecho, la cifra total encubre diferencias importantes en al menos tres grupos distintos.

Hay alrededor de 20 millones de refugiados y solicitantes de asilo bajo el mandato del ACNUR: se trata de personas que han cruzado una frontera internacional huyendo de la violencia y la persecución. A menudo viven “en un limbo” con derechos limitados y perspectivas inciertas por un periodo prolongado de tiempo. Ellas han escapado en su mayoría de un reducido número de conflictos que han estado ocurriendo durante mucho tiempo en Siria, Afganistán, Somalia, Sudán, Sudán del Sur, y otros lugares.


Existe también una cantidad adicional de 5 millones de refugiados palestinos. Se definen de manera específica, y es probable que permanezcan siendo refugiados hasta que se resuelva la situación de Palestina, incluso si obtienen una nueva ciudadanía en otro país. Se considera que su número aumentará con el crecimiento demográfico que se registra hasta el momento.

Cómo estamos combatiendo el conflicto y la fragilidad en los lugares donde la pobreza es mayor

Sri Mulyani Indrawati's picture
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View from cave, Mali. © Curt Carnemark/World Bank

Por primera vez en la historia, la cantidad de personas que viven en extrema pobreza ha bajado a menos del 10 %. El mundo nunca ha tenido metas tan ambiciosas en materia de desarrollo como sucede hoy. Luego de la adopción de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la firma del Acuerdo de París sobre Cambio Climático a fines de 2015, la comunidad mundial está ahora evaluando las mejores y más eficaces vías de alcanzar estos hitos. En esta serie de cinco partes, me referiré a lo que el Grupo Banco Mundial está haciendo y lo que estamos planeando realizar en áreas clave que son cruciales para poner fin a la pobreza a más tardar en 2030:
buen gobierno, igualdad de género, conflicto y fragilidad, creación de empleos y, por último, prevención y adaptación al cambio climático.

A fines de 2030, más de la mitad de las personas pobres del mundo vivirán en países muy pobres afectados por conflictos y fragilidad, o altos niveles de violencia.

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