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Lograr la cobertura universal de salud en una generación es posible

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A nurse cleans a newborn in a Sierra Leone hospital. © Dominic Chavez/World Bank


Como padre de cuatro hijos sé de la importancia del acceso a una atención de salud de buena calidad. Todos los padres aspiran a poder proporcionar dicho acceso a sus hijos. Por eso, el Grupo Banco Mundial (GBM) está trabajando con sus asociados en todo el mundo para hacer realidad la cobertura universal de salud (CUS). (i)

El nexo entre las finanzas y el desarrollo siempre ha sido mi pasión. Antes en mi carrera presté apoyo al entonces presidente de Francia, Jacques Chirac, para el establecimiento de un impuesto internacional de solidaridad a los pasajes aéreos (i) a fin de proporcionar bienes públicos mundiales a los pobres. Este tipo de ideas innovadoras llevó en última instancia a la creación del Mecanismo Internacional de Compra de Medicamentos (UNITAID), (i) cuyo objetivo es la prevención, el tratamiento y el diagnóstico más rápidos, económicos y eficaces del VIH/sida, la tuberculosis y el paludismo. Otros mecanismos novedosos de financiamiento creados son el Servicio Financiero Internacional para la Inmunización (IFFIm) (i) y la Alianza Mundial para el Fomento de la Vacunación y la Inmunización (GAVI). (i)

La cobertura universal de salud entraña que los ciudadanos reciban la atención de salud que necesitan sin experimentar dificultades financieras graves, un concepto fundamental para alcanzar los dos objetivos del GBM de poner fin a la pobreza extrema a más tardar en 2030 e impulsar la prosperidad compartida. Aún existen 400 millones de personas sin acceso a los servicios de salud esenciales. En los países en desarrollo, el 6 % de la población cae en la pobreza, o se sume aún más en esta situación por pagar los servicios de salud que las personas y sus familias necesitan.
 
El acceso a servicios de salud de calidad y a la protección financiera frente a los gastos catastróficos en atención médica es fundamental para ayudar a los pobres a ascender en la escala económica.

Tailandia constituye un buen ejemplo: la red tailandesa de médicos rurales aumentó el número de doctores y enfermeros que atienden a la población rural del país y, al mismo tiempo, incrementó los salarios básicos e introdujo incentivos para atraer y retener a los trabajadores sanitarios. Es así que en Tailandia se ha registrado una disminución considerable de los gastos catastróficos en salud. Es más, en la región rural nororiental más necesitada de ese país, el número de hogares pobres pasó del 3,4 % en 1996 a menos del 1,3 % en el período de 2006-09.

En Turquía, una crisis económica en los primeros años de la década de 2000 impulsó reformas importantes del sector de la salud que colocaron al país en la senda correcta de la CUS. En la actualidad, más del 95 % de la población de Turquía tiene cobertura de un seguro médico formal. Las tasas de mortalidad infantil bajaron de 28,5 por cada 1000 nacidos vivos en 2003 a 10,1 por cada 1000 nacidos vivos en 2010, y la tasa de mortalidad materna disminuyó de 61 muertes por cada 100 000 nacidos vivos en 2000 a 16,4 muertes por cada 100 000 nacidos vivos en 2010.

En todo el mundo, el sector de la salud ha crecido a un ritmo rápido; representa alrededor del 10 % del producto interno bruto (PIB) mundial, y es asimismo una fuente importante de empleo, como también lo fue durante la reciente recesión mundial.

Empero, este crecimiento no siempre ha sido equitativo o eficiente. Las inversiones se han concentrado en las zonas urbanas y en los grupos de ingreso alto. Si no actuamos para contrarrestar esta tendencia, corremos el riesgo de una disparidad cada vez mayor en el acceso a la atención de la salud y los resultados sanitarios entre los países de ingreso bajo y los de ingreso alto, y entre los pobres y los ricos.

Mediante el cambio de destino de las inversiones con miras al logro de la CUS podríamos subsanar estas diferencias. A más tardar en 2030 podríamos poner fin a las muertes de madres y niños que se pueden evitar y podríamos salvar alrededor de 10 millones de vidas al año, aumentar simultáneamente la productividad humana y el empleo, y promover el crecimiento económico.

Contamos con la tecnología y los recursos para ayudar a todos los países a alcanzar tasas universales bajas de infecciones y de muertes de madres y niños. Pero necesitamos contar con el liderazgo y el compromiso político a nivel mundial, regional y nacional para que estos posibles beneficios se traduzcan en inversiones efectivas y programas en el terreno.
Por eso el GBM y sus asociados respaldan el Servicio Mundial de Financiamiento en apoyo del movimiento Todas las mujeres, todos los niños. (i) Esta iniciativa impulsada por los países reúne a las partes interesadas en la salud materna, neonatal, infantil y del adolescente para proporcionar financiamiento inteligente, reforzado y sostenible con el propósito de acelerar los esfuerzos destinados a poner fin a las muertes evitables a más tardar en 2030.

La semana pasada estuve en Oslo para asistir al evento patrocinado por las Naciones Unidas “Crear la senda de la cobertura universal de salud: Financiamiento novedoso para el acceso a los medicamentos”. (i) No debe subestimarse la magnitud del desafío del financiamiento. En los 63 países donde se registra la carga más alta de mortalidad materna e infantil, se calcula que existe una deficiencia de financiamiento por valor de US$33 000 millones este año. La movilización de más recursos nacionales e internacionales de los sectores público y privado es fundamental para cubrir este déficit.

Los países también deben invertir en otros sectores además del de la salud para sentar las bases esenciales de una sociedad resiliente. Por ejemplo, poner dinero en manos de las madres pobres en forma de transferencias monetarias condicionadas puede mejorar la salud maternoinfantil.
Sabemos lo que da resultado y hay abundantes datos de que invertir en salud produce beneficios. Garantizar la igualdad de oportunidades de desarrollo saludable de los hombres, mujeres y niños en todas partes debería ser la piedra angular de los esfuerzos de la comunidad mundial para poner fin a la pobreza en una generación.
 

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