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La participación de la comunidad es clave para erradicar el ébola

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16 de enero de 2019 - Beni, República Democrática del Congo.  Los trabajadores de salud monitorean la salud de un paciente a través del cubo transparente de cuarentena, que permite que los trabajadores de salud y familiares vean al paciente desde el exterior. Vincent Tremeau / Banco Mundial 2019


Durante muchos años, el ébola ha devastado nuestro continente, especialmente en las comunidades de África central y occidental. Está dejando un grave saldo de víctimas humanas y causando pérdidas económicas considerables en regiones que ya soportan la carga de la pobreza extrema. Mi hogar, la República Democrática del Congo, actualmente está luchando contra el décimo brote de ébola desde 1976.

Muchos observadores consideran que la devastación causada por esta enfermedad es el resultado de nuestros sistemas de salud deficientes, que no alcanzan para responder a este tipo de conmociones. Otros apuntan a las dificultades que encuentran los asociados para coordinar sus medidas. Cada brote epidémico nuevo desencadena una serie de respuestas conocidas: se movilizan los prestadores de servicios de salud junto con los asociados técnicos y financieros, se despliegan amplios recursos materiales y humanos, los medios de comunicación comienzan a difundir la situación, etc.

¿Qué podemos aprender de estas epidemias sucesivas pero independientes? Antes de ingresar al Banco Mundial como especialista en salud pública, trabajaba como médico en las zonas rurales de la República Democrática del Congo; en aquel momento me enfrentaba a mi sexto brote epidémico. De mis experiencias he aprendido tres cosas.

Primero, cada epidemia tiene características distintas. Es fundamental tener en cuenta el contexto geográfico, sociocultural o económico, y adaptar nuestra respuesta adecuadamente. Segundo, disponer de los recursos —aunque sean abundantes— no es suficiente si no se aplican mecanismos apropiados para facilitar la coordinación entre los asociados que trabajan para contener la epidemia. Y tercero —la enseñanza más importante, desde mi punto de vista—, para poder frenar el ébola, las comunidades deben hacerse responsables de las tareas de respuesta.

En 2007, mientras participaba de una misión de supervisión a los hospitales rurales de Mweka, un poblado de la provincia de Kasaï, escuché que el personal de salud hablaba de un ingreso inusual de pacientes con síntomas persistentes de fiebre, diarrea y dolor de estómago acompañado de vómitos. Durante una visita al hospital, nos comentaron del caso de un joven que había muerto horas antes y que se había presentado con síntomas de hemorragia. Cuando se mencionan esos síntomas, uno piensa inmediatamente en el ébola, pero deja pasar la idea. No obstante, un colega de la Organización Mundial de la Salud que estaba en el hospital sugirió que se le tomara una muestra de sangre. El diagnóstico no dejó lugar a dudas. De todos modos, yo me seguía preguntando lo mismo: a pesar de que las epidemias en el país son recurrentes, ¿por qué nos lleva tanto tiempo (a nosotros, el personal médico) darnos cuenta de que es ébola?

Todos los que hemos trabajado como médicos en África al sur del Sahara sabemos que estos síntomas forman parte de la vida cotidiana y podrían estar relacionados con el paludismo o la fiebre tifoidea, dos enfermedades comunes. Cuando en 2008 se detectó un nuevo brote de ébola en Mweka, la comunidad se involucró de inmediato ante los primeros signos de enfermedad, lo que ayudó a detectar y erradicar la epidemia rápidamente. Debido a que la comunidad había tomado conciencia (ya no se veía como víctima sino como un asociado de igual importancia), asumió la responsabilidad por las actividades de respuesta. Los participantes realizaron un seguimiento de los contactos, buscaron activamente a los pacientes que se habían perdido de vista y proporcionaron apoyo social y psicológico a las personas afectadas.

Por lo tanto, es clave que las comunidades desempeñen un papel de liderazgo en la planificación de los programas de atención de la salud. Sabemos que la resistencia de las comunidades ha obstaculizado los esfuerzos de los especialistas en salud en Béni (Kivu del Norte), el epicentro de este décimo brote de ébola que afecta a la República Democrática del Congo. Pero las comunidades son nuestras mejores aliadas si queremos poner freno a la epidemia. Los trabajadores sanitarios locales tienen un papel decisivo porque distribuyen la información en las comunidades y detectan los primeros signos.

Nuestros esfuerzos por combatir el ébola suelen orientarse demasiado al aspecto médico de la respuesta y se han centrado principalmente en los recursos financieros, logísticos y técnicos. La paradoja es que, si bien es verdad que necesitamos recursos considerables, incluidos centros de tratamiento de última generación con médicos y enfermeros en trajes de astronauta, aprovechar la intervención de las comunidades para contener la epidemia es tan importante o más. Por eso el Grupo Banco Mundial, un participante clave en los esfuerzos dirigidos a combatir el ébola, centra su atención en la participación comunitaria como elemento clave de la lucha contra la epidemia.

Sin embargo, no seamos ingenuos. La acción comunitaria es un esfuerzo a largo plazo, y generar confianza entre las comunidades y los proveedores de los centros de salud es crucial. La continuación de las prácticas fundamentales de higiene personal y de los alimentos —que suelen dejarse de lado una vez erradicada la epidemia— dependerá en gran medida del nivel de participación comunitaria. Cuando visito hogares que han sido afectados por el ébola, a veces me asombra ver que algunos de mis conciudadanos aún comen carne de animales salvajes en zonas de alto riesgo. Pero esto forma parte de la realidad: las comunidades extremadamente pobres deben hacer lo que haga falta para sobrevivir.

En definitiva, el ébola también es —antes que nada— un desafío de desarrollo. La mejor forma de defendernos contra la enfermedad es ayudar a las comunidades a ganarse la vida mediante la creación de empleos u otras oportunidades de generación de ingresos, al tiempo que se mejora el acceso a los servicios de salud y a la educación.

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