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“¡Derrotaremos al ébola!”: voces y rostros de la respuesta a la epidemia del ébola en la República Democrática del Congo

Franck Sidney Chrysantheme Bitemo's picture
Las imágenes que se ven en todo el mundo son ahora sinónimos del ébola: profesionales de la salud con sus trajes de protección, desinfectando instalaciones acordonadas con redes de color naranja, cuidando pacientes en salas de emergencia biológicamente seguras para epidemias (o “cubes”, por su sigla en francés), y poniendo los cuerpos sin vida en bolsas para cadáveres cuando no se puede salvar a un paciente. Sin embargo, ¿quiénes son estas personas extraordinarias, que arriesgan sus vidas a diario con la esperanza de contener el ébola, pero cuyos rostros suelen estar ocultos detrás de máscaras?
 
He aquí cinco perfiles de héroes no reconocidos que trabajan en el centro de tratamiento del ébola establecido por la organización no gubernamental ALIMA (Alianza para la Acción Médica Internacional) en Beni, ciudad en la provincia de Kivu del Norte, uno de los epicentros de la actual epidemia en la República Democrática del Congo.
 
Dr. Junior Ikomo, 33 años, médico
 
© Vincent Tremeau/Banco Mundial
© Vincent Tremeau/Banco Mundial
 
“Formé parte del primer equipo de ALIMA que se desplegó en Beni en agosto de 2018, al principio del décimo brote de ébola en la República Democrática del Congo. El personal del centro de tratamiento está vacunado contra el virus del Ébola porque el riesgo de contraer la enfermedad es alto y las normas de bioseguridad son obligatorias. Todo nuestro personal sabe qué debe hacer una vez que ingresa al centro, y el tipo de ropa que se debe usar en zonas de bajo y alto riesgo. Hemos sido capacitados en estas prácticas, y realizamos reuniones informativas semanales para recordarle a todos la necesidad de cumplir con los principios de bioseguridad. Lo que me enorgullece es que, a pesar de los desafíos y las dificultades, nunca nos hemos dado por vencido. Siempre hemos estado disponibles para recibir y cuidar a nuestros pacientes, porque es nuestro deber y nuestra responsabilidad”.
 
Louange Katehero, 23 años, psicoterapeuta/trabajadora social
 
© Vincent Tremeau/Banco Mundial
© Vincent Tremeau/Banco Mundial
 
Su nombre de pila Louange significa “alabanzas” en francés, por lo que quizás fue inevitable que se ganara la admiración de sus pares. A los 23 años, Louange, de Butembo, una ciudad en Kivu del Norte a unos 50 kilómetros de Beni y también azotada por la epidemia del ébola, fue contratada como sicoterapeuta/trabajadora social en el centro de tratamiento del ébola. Su misión es explicar a los pacientes infectados y a sus familias que el ébola es solo una enfermedad más, darles información sobre el tratamiento y ayudarles a superar la angustia y luchar contra la estigmatización. En resumen, prepararlos sicológicamente para la vida antes, durante y después del ébola. Ella también ha tenido que usar sus conocimientos sicológicos para tranquilizar a sus propios familiares y amigos: “Ellos pensaban que yo llevaría el ébola a donde viven”.
 
Antes de unirse al centro de tratamiento, Louange recibió una capacitación especial, pero solo durante tres días. Ella aceptó rápidamente el trabajo sin reservas. “En situaciones de emergencia, debes estar lista para ayudar a los que lo necesitan. Como psicóloga, tener miedo no es una opción. De lo contrario, ¿cómo podría ayudar a los pacientes y a sus seres queridos?”, dijo.  
 
Rodrigue Mumbere Kasyenene, 24 años, rociador
 
© Vincent Tremeau/Banco Mundial
© Vincent Tremeau/Banco Mundial
 
“Soy responsable de desinfectar las plantas de los pies de las personas cuando entran y salen de la guardería, donde se alojan los niños de las mujeres que son atendidas en el centro de tratamiento del ébola de Beni. Es importante porque, gracias a lo que hago, me protejo a mí mismo y protejo a los otros. He trabajado en el centro en los últimos dos meses. Cuatro de nosotros trabajamos por turnos todos los días. Gano US 10 diarios. Antes, era técnico informático, y no sabía nada sobre el ébola. No entendía la gravedad de la situación hasta que empecé a trabajar en el centro de tratamiento. Estaba asustado, pero eso también me dio el valor para sensibilizar a otros sobre la enfermedad y la necesidad de protegerse. Tengo confianza en que la epidemia terminará, porque ya las cosas han mejorado. El número de casos en el centro de tratamiento continúa disminuyendo a medida que la gente toma más conciencia. Cuando se acabe el ébola, no me será difícil volver a mi trabajo de tiempo completo como técnico informático”.
 
Ruth Kayindo Kamavu, 19 años, agente de fomento de la salud
 
© Vincent Tremeau/Banco Mundial
© Vincent Tremeau/Banco Mundial

“He trabajado en el centro de tratamiento del ébola desde diciembre de 2018. Nunca sentí miedo porque ya me había vacunado voluntariamente, y creo que el ébola es solo una enfermedad más. En el centro, educo a los pacientes, les doy sus comidas y vestimentas, y les ayudo a lavarse. Trato de satisfacer todas sus necesidades. Desde mi llegada, he visto a muchos pacientes, y en Beni todos han tomado conciencia. Las personas están cada vez más convencidas de que nuestro trabajo da resultados porque ven que los enfermos se curan. Por supuesto, no faltan aquellos que no son tan afortunados. Cuando la epidemia acabe, buscaré otro trabajo, por la gracia de Dios”.
 
Ghislain Nzanzu Kasirikani, 28 años, encargado de eliminar los trajes de protección
 
© Vincent Tremeau/Banco Mundial
© Vincent Tremeau/Banco Mundial

“Soy agrónomo de formación, pero no podía trabajar debido a la falta de seguridad en mi provincia, donde estaban secuestrando a las personas en los bosques. Por lo que empecé a trabajar en el día en el centro de tratamiento del ébola en noviembre de 2018. Primero fui ‘rociador’ [cuya tarea es desinfectar las plantas de los pies de las personas que entran y salen del centro]; después, me pusieron a cargo de eliminar los trajes de protección de los trabajadores sanitarios. Cuando comenzamos, los residentes locales nos apuntaban, y se mostraban claramente escépticos acerca de la enfermedad. Pero cambiaron de opinión cuando empezaron a ver morir a sus familiares. Hoy, la comunidad en Beni muestra cada vez menos resistencia. Si esto sigue así, ¡estoy seguro de que pronto derrotaremos al ébola!”.
 
 

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