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Conferencia del Banco Mundial sobre la tierra y la pobreza: 20 años después

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Nok Lek/Shutterstock.com

En 1999, cuando algunos entusiastas acordaron reunirse anualmente en un esfuerzo por basar las intervenciones de tenencia de la tierra sobre datos empíricos y no en la ideología, pocos habrían esperado que esta iniciativa tuviera un impacto tan duradero. Después de 20 años, la pequeña reunión se transformó en una conferencia que aúna a más de 1500 participantes de Gobiernos, círculos académicos, la sociedad civil y el sector privado para discutir las más recientes investigaciones e innovaciones en materia de políticas y buenas prácticas relativas a la gobernanza de la tierra a nivel global.

Tres ejemplos ilustran cómo el dialogo ha sido cambiado a lo largo de los años:

  • En contraste con el paradigma entonces prevaleciente de la emisión de títulos individuales, las investigaciones han demostrado que el reconocimiento de los derechos colectivos suele ser más eficaz. Pasar a un continuo de derechos facilitó un cambio extraordinario en lo que respecta al reconocimiento de derechos sobre las tierras indígenas y su demarcación. La inscripción de más de 100 millones de hectáreas en México (los ejidos) produjo beneficios económicos evidentes y el registro ambiental en Brasil permitió reducir la deforestación y proporciona una base para el reconocimiento de derechos.
  • Con ayuda de los avances tecnológicos, los enfoques de alto costo que únicamente solían proporcionar rentas o sobornos a intereses particulares fueron reemplazados casi completamente por maneras de registrar derechos individuales "adecuadas al propósito", junto con una planificación simplificada. Esta modalidad transformó la mayor parte de Europa oriental y China y, basándose en los ejemplos de Rwanda y Etiopía, está empezando a abrirse camino en África.
  • Aunque la perspectiva de género apenas apareció hace dos décadas, un cúmulo de experiencias revela el amplio impacto de que las mujeres tengan derechos documentados y, por ende, exigibles sobre la tierra y los bienes, que son los activos más importantes del hogar. El registro conjunto de la tierra aumentó el poder de negociación de las mujeres y la educación de los niños en todo el mundo, e impulsó iniciativas para hacer que ese cambio sea permanente, por ejemplo, mediante la aclaración de los regímenes de propiedad conyugal y las disposiciones sobre la herencia.

Y la economía digital actual crea oportunidades en al menos tres aspectos:

  • Conectividad que expande el alcance, centrándo y facilitando procesos inclusivos y participatorios para los registros por primera vez y el mantenimiento para que los registros estén siempre actualizados. Permite el aprovechamiento de los derechos sobre la tierra para la inclusión financiera, mediante la movilización de los ahorros, seguros y (micro) préstamos.
  • Imágenes satelitales, que permiten no solo el registro por primera vez a un bajo costo sino, aún más importante, el vínculo de los derechos a las responsabilidades en terminos de gestión y uso sostenible de la tierra o el cumplimiento de las normas sobre ordenación territorial o los permisos de construcción, y el monitoreo del cumplimiento en tiempo casi real.
  • Interoperabilidad, que permite que los derechos sobre la tierra estén bien fundados vinculándolos con bases de datos de documentos de identidad nacionales, usando registros descentralizados, e imponiendo tributos sobre las tierras (urbanas) para generar ingresos propios, de modo que los recientes grandes aumentos de valor de las tierras urbanas se devenguen a favor del público y no de los propietarios.

Si se aprovechan estas oportunidades, en adelante la documentación de los derechos sobre la tierra puede cumplir una función importante para encarar desafíos mundiales como el cambio climático y la degradación de la tierra, la urbanización sostenible y la igualdad de género.
Para hacerlo, los estudios que usan los “macrodatos” de registro junto con imágenes satelitales y encuestas tendrán relevancia en las siguientes tres áreas:

  • Derechos sobre la tierra, potenciación y transformación estructural: al garantizar que los registros tengan una cobertura cabal y equilibrio de género, y que sean fidedignos, seguros, autofinanciados e interoperables para respaldar inversiones, transferencias de tierras que aumenten la eficiencia (en lugar del acaparamiento de tierras o los mercados monopólicos), y el acceso a financiamiento.
  • Tierras para ciudades verdes competitivas: el mejor uso de la tierra a través de la zonificación prospectiva que planifique la infraestructura arterial para que las ciudades se expandan de manera menos anárquica, permitiendo la prestación de servicios de bajo costo y la generación de ingresos propios sostenida para encauzar las economías de concentración y crear empleos.
  • Desafíos en materia de economía política: las regulaciones que benefician a intereses particulares, las instituciones públicas que simultáneamente se encargan de la regulación de las tierras y son propietarias de ellas o las administran, y los monopolios de facto en la prestación de servicios han afectado el sector de la tierra desde la época colonial y pueden reforzarse en un entorno digital si no son reguladas. Por lo tanto, las formas de aumentar la transparencia y la competencia, por ejemplo, a través de estudios comparativos internacionales o el trabajo con entidades subnacionales, son esenciales para crear condiciones equitativas y empoderar a los propietarios de tierras.

La tarea de garantizar los derechos jurídicos sobre la tierra y asegurar que se utilicen para beneficio de todos sigue siendo enorme:
Solo 22 % de los países del mundo (4 % de los países de África) hay derechos de dominio privado en la capital ubicados en mapas o registrados.

Y el Banco Mundial está en una posición para:

  1. Usar políticas de financiamiento para simplificar las regulaciones del registro y la planificación, reducir los costos de la prestación de servicios, y realizar pruebas piloto y evaluar enfoques simplificados que permitan la recuperación de costos;
  2. trasladar los datos sobre las tierras a un entorno plenamente digital que sea interoperable dentro del Gobierno (p. ej., registros de documentos de identidad y de empresas, permisos de construcción) a los que pueda acceder el sector privado (p. ej., los bancos) según sea necesario, y
  3. financiar la expansión de casos experimentales exitosos para crear sistemas sostenibles completos.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) tienen como propósito garantizar universalmente los derechos sobre la tierra documentados y seguros para 2030. Con escaso avance hasta ahora y un sinnúmero de obstáculos, esta parece una tarea casi imposible. Sin embargo, las dos últimas décadas han revelado que lo que era inimaginable entonces ahora es posible y, basandose en su singular capacidad para vincular las investigaciones a las actividades operacionales, el Banco está listo para contribuir a la superación de este desafío.

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