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Democracia y crimen: Una antigua pregunta que espera nuevas respuestas

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Los recientes disturbios  y la violencia política ocurridos en todo el mundo han revivido una antigua pregunta, una tan simple que rara vez recibe una respuesta sencilla y convincente: La democracia ¿aviva o aplaca la violencia? Durante décadas, sociólogos, historiadores, politólogos, criminólogos y economistas han postulado numerosas asociaciones, que predicen casi cualquier resultado.

Nos centraremos en la relación de la democracia con el crimen. Se pronosticó que las democracias alimentarían la delincuencia (teoría del conflicto), la reducirían (teoría de la civilización), la aumentarían al principio y luego la disminuirían (perspectiva de la modernización), no tendrían ningún efecto (hipótesis nula), o tendrían un impacto impredecible en función del desarrollo de sus instituciones políticas (teoría de la ventaja comparativa).

En un artículo recientemente publicado, (i) afirmo que las múltiples explicaciones que existen acerca de la relación entre crimen y democracia padecen de lo que describo como un problema de “identificación”. Las diferentes explicaciones no son necesariamente excluyentes en términos de sus determinantes, mecanismos, y predicciones, lo que hace que ponerlas a prueba sea bastante difícil. Por otra parte, las predicciones son imprecisas. Esto no es sorprendente cuando se trata de conceptos tan inciertos como democratización, transición política y madurez democrática. Los argumentos se refieren vagamente a etapas tempranas y tardías, y a corto o mediano plazo para describir la dinámica de los procesos. El resultado es una amplia gama de predicciones coherentes en forma simultánea con diversas hipótesis.

Empíricamente, los datos disponibles son por lo general limitados y sesgados hacia muestras occidentales. Además, gran parte del problema radica en que los estudios empíricos —con muy pocas excepciones— son incapaces de separar los aspectos cualitativos y cuantitativos de la democracia de una manera operativa, usando en su lugar representaciones planas y unidimensionales. Por lo tanto, una investigación que utiliza una variable ficticia que capta si el país es o no una democracia, oculta las diferencias en la calidad de la democracia entre los países y en el tiempo y genera un ruido no deseado en la forma de bruscos cambios de régimen en procesos de democratización verdaderamente graduales.
Entonces, ya que no puedo responder a la primera interrogante, me gustaría formular otra diferente: ¿Podemos mejorar la manera de explicar la relación entre democracia y crimen? Esta es mi respuesta: Es poco probable que se pueda proporcionar una evidencia más concluyente y convincente sin un mejoramiento de los datos y el método y la cantidad de la recopilación de información. De modo que el énfasis inmediato deberá ponerse en la generación de datos de calidad y no de más teorías.
La buena noticia es que hay varias fuentes sólidas que ya cumplen diversos criterios para datos que puedan captar la intensidad y calidad, y sean comparables entre países y en el tiempo, verdaderamente mundiales, y recopilados de manera periódica. La mala noticia es que no hay una única fuente que satisfaga todos los criterios. Esto sugiere que hace falta un esfuerzo coordinado que aproxime las iniciativas de recopilación de datos que ya existen y las fuentes futuras. A pesar de las múltiples complicaciones de coordinación, hay ejemplos exitosos a partir de los cuales aprender:

  • En el Sistema de Cuentas Nacionales, varias organizaciones internacionales establecen un marco conceptual de principios, definiciones, medidas y directrices de integración técnica en el que se articula el diseño de datos económicos, análisis económico, toma de decisiones y formulación de políticas.
  • START —el Consorcio Nacional para el Estudio del Terrorismo y Respuestas al Terrorismo— es una entidad internacional de más de 50 asociados del sector público y privado con sede en la Universidad de Maryland. Este establece y supervisa las directrices para la generación unificada de datos y la investigación entre varias instituciones internacionales, públicas y privadas, así como el mundo académico.

 

  • Un tercer modelo es un repositorio institucional de datos nacionales que con el tiempo influye en la estandarización de la recopilación y presentación de datos. Hay muchos ejemplos de este modelo, entre ellos el repositorio de indicadores nacionales relacionados con el desarrollo humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, o el repositorio de sondeos de hogares del Banco Mundial como parte de una iniciativa de encuestas de medición del nivel de vida.

Cualquiera sea el modelo, en el futuro se deberá contar con una institución guía que sea sólida y capaz de armonizar los aspectos técnicos y garantizar la sostenibilidad financiera del proyecto, sin exigir a los organismos generadores de datos existentes que renuncien a sus mandatos originales. Se buscan líderes para esta tarea.

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