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El bienestar de los refugiados sirios y las perspectivas futuras

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En imágenes: Refugiados sirios que viven en Jordania y Líbano


Desde el comienzo de la crisis en Siria, más de 6,5 millones de habitantes del país han sido desplazados internamente y casi 4,4 millones han sido registrados como refugiados, lo que equivale a casi la mitad de la población de Siria previa a la crisis. Alrededor de 1,7 millones de personas han huido a países vecinos como Jordania y Líbano. Antes de convertirse en refugiadas, muchas de esas personas sufrieron en repetidas ocasiones crisis dentro del país, lo que las forzó a abandonar sus bienes, propiedades y capital para buscar seguridad en los países vecinos.

La crisis de Siria se ha convertido ahora en una de las mayores crisis humanitarias de nuestro tiempo. Las cifras son alarmantes. Alrededor de la mitad de la población que tenía Siria antes del conflicto ha sido desplazada, más de 200 000 personas han sido asesinadas, millones de sirios han sido heridos o sufrido experiencias traumáticas, y millones más han huido a los países vecinos y otros lugares. Sin embargo, se sabe muy poco sobre las condiciones de vida de aquellos que sufren la crisis. Acerca de las personas que han permanecido en Siria, la información es muy escasa o inexistente. En relación con los que han emigrado a Europa, se tiene una información en general anecdótica que mezcla las historias de las víctimas de la crisis siria con otros tipos de migrantes. Sobre los sirios que han huido a los países vecinos y han sido registrados como refugiados, se cuenta con una gran cantidad de información, pero hasta la fecha estos datos han sido poco usados para estudiar el nivel de bienestar de los refugiados.

En un informe (i) reciente, elaborado por el Grupo Banco Mundial (GBM) y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), se ha intentado llenar este vacío con respecto a las poblaciones sirias de las que tenemos más información: los refugiados que huyeron a Jordania y Líbano. Aprovechando la información de la base de datos del registro de refugiados del ACNUR y varias encuestas de hogares realizadas en Jordania y Líbano, el informe ofrece una primera evaluación del bienestar de los refugiados sirios. Los resultados indican una situación compleja y difícil que expone las limitaciones de las actuales políticas y estrategias destinadas a manejar las situaciones de los refugiados en el mediano y largo plazo. Estos puntos se presentan en una breve reseña de las principales conclusiones del informe y algunas preguntas clave.
 
Algunas conclusiones clave. Según el informe, 7 de cada 10 refugiados son pobres de acuerdo a los criterios del programa de asistencia económica en efectivo usados por el ACNUR. Esta cifra aumenta hasta 9 de cada 10 refugiados si se toman en cuenta los umbrales de pobreza de Jordania o Líbano. Sin la existencia de programas de asistencia humanitaria, la pobreza es evidentemente generalizada entre los refugiados. Además, la vulnerabilidad monetaria y no monetaria es alta. Si consideramos vulnerables a los que podrían ser pobres en un futuro próximo, solo un 12 % de los refugiados puede considerarse fuera de riesgo. Los refugiados también padecen una multiplicidad de vulnerabilidades que no se resuelven siempre de manera fácil a través de medios monetarios.
 
¿Es la respuesta humanitaria adecuada a las necesidades existentes? Los dos principales programas de asistencia a los refugiados la ayuda en efectivo del ACNUR y los bonos para comidas del Programa Mundial de Alimentos (PMA), son muy eficaces en la reducción de la pobreza. Si se administran de manera individual pueden reducir la pobreza a la mitad y si se administran de forma conjunta y universal pueden reducir la pobreza a menos del 10 %. Sin embargo, las limitaciones de financiamiento han reducido significativamente esta capacidad y la inseguridad económica y los frecuentes cambios en el nivel de bienestar hacen que la focalización sea muy compleja. Por lo tanto, muchos refugiados que los necesitan no son alcanzados por los programas, ya sea porque los fondos son insuficientes o por una focalización incorrecta.
 
¿Es sostenible el planteamiento vigente de gestión de la crisis de los refugiados? Esto es cuestionable por dos razones importantes. La primera razón se relaciona con el financiamiento y la focalización como ya se ha explicado. El financiamiento para la ayuda humanitaria no es sostenible en el mediano y largo plazo y la focalización es compleja. La segunda razón se refiere a la situación y las perspectivas de los refugiados en el mediano plazo. Incluso si las organizaciones humanitarias fueran capaces de proporcionar un financiamiento adecuado, la asistencia social por sí sola no es la respuesta más allá del corto plazo. Si la repatriación no es una opción en el mediano plazo, los refugiados no pueden vivir indefinidamente de los programas de protección social. Ellos tienen que crear medios de subsistencia por su cuenta. Para que esto suceda, los refugiados deben tener acceso a los mercados y los servicios, ser incluidos en la economía de los países de acogida y ser autosuficientes.
 
¿Cuál es la alternativa? El informe muestra que las políticas estándar de oferta de mano de obra destinadas a mejorar las habilidades, la educación y la empleabilidad de los refugiados no funcionarán si los refugiados no pueden acceder a los mercados y los servicios. En consecuencia, la respuesta a la pregunta anterior es la inclusión económica de los refugiados. Sin embargo, la inclusión económica no puede ocurrir a expensas de los países y las comunidades de acogida, que también se ven afectados por la crisis. La inclusión económica debe responder a la demanda y basarse en el crecimiento económico que puede beneficiar por igual a los refugiados y las comunidades de acogida.

Este cambio de paradigma implica un cambio en el enfoque sobre la población, la política económica y el contrato social. El enfoque debe ampliarse más allá de la población de refugiados para incluir también a las poblaciones vulnerables afectadas por las crisis de los refugiados; la política económica debe enfocarse en el crecimiento económico y la creación de empleo y no solo en la asistencia social, y el contrato social debe establecerse entre la comunidad internacional y los países que acogen a los refugiados. Este nuevo contrato social debe reconocer formalmente el impacto de los flujos masivos de refugiados en los países y proporcionar los medios necesarios para apoyar a estos últimos con los recursos adecuados que permitan respaldar a los sectores clave e impulsar el crecimiento económico. Esto permitiría a los organismos humanitarios especializados, como el ACNUR y el PMA, centrarse en las necesidades de protección específicas y de corto plazo de los refugiados, mientras que la comunidad internacional del desarrollo podría enfocarse en el crecimiento económico a mediano plazo en beneficio de los refugiados y las comunidades de acogida por igual.
 

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