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Las medidas en relación con el cambio climático no requieren un sacrificio económico

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New Climate Economy Report

Se necesitan medidas urgentes en relación con el cambio climático, pero no tienen que ser a expensas del crecimiento económico. Este es el mensaje central de la Comisión Mundial sobre la Economía y el Clima (i) de la que tengo el privilegio de ser miembro.

El nuevo informe “New Climate Economy”, (i), publicado por la Comisión, refuerza la idea de que los grandes cambios estructurales y tecnológicos en la economía mundial ahora están haciendo posible lograr ambas cosas: el desarrollo con bajo nivel de emisiones de carbono y un crecimiento económico más sólido.

El documento plantea que a nivel mundial se invertirán alrededor de US$90 billones en las ciudades, el uso del suelo y la infraestructura energética de ahora a 2030. Queda claro que las opciones de inversión que adoptamos en el presente determinarán el futuro crecimiento e incluirán un rumbo con bajo o con alto nivel de emisiones de carbono.

El informe establece un detallado plan de acción mundial con recomendaciones prácticas que permitan lograr una mayor prosperidad y, al mismo tiempo, un clima más seguro, como, por ejemplo, la eliminación gradual de los subsidios a los combustibles fósiles, la restauración de las tierras forestales degradadas y la construcción de ciudades más compactas y mejor conectadas en base al transporte público masivo.

Una de sus principales sugerencias es la introducción de precios del carbono (i) fuertes y predecibles a fin de desbloquear las inversiones e innovaciones en una economía baja en carbono. En el Grupo del Banco Mundial estamos de acuerdo con estos planteamientos.

El precio del carbono proporciona una señal necesaria, aunque insuficiente, para las inversiones en crecimiento con bajas emisiones de carbono y capacidad de adaptación. Algunos responsables de la formulación de políticas pueden dudar. Sin embargo, con la vista puesta en sus vecinos, muchos líderes, enfrentados a condiciones económicas apremiantes, están estudiando políticas complejas en torno a la fijación del precio del carbono.

Tomemos el caso de la Unión Europea (UE) y su régimen de comercio de derechos de emisión (ETS, por sus siglas en inglés). La UE ha sido elogiada con razón, por el establecimiento del ETS, pero este mercado del carbono está experimentando graves dificultades, en parte porque la reciente recesión redujo la demanda industrial de sus permisos negociables, pero también porque las reglas del mercado no incluyeron ninguna disposición para ajustar la oferta a las crisis económicas, y las políticas retrasaron el necesario cambio de las regulaciones.

Otros países, estados y provincias están aprendiendo de estas experiencias. La gama de países que usan la fijación del precio del carbono muestra que lo pueden hacer por igual las economías de ingreso alto y las economías emergentes.
Hoy en día, casi 40 países y más de 20 ciudades, estados y provincias (i) usan mecanismos, tales como regímenes de comercio de derechos de emisión e impuestos sobre el carbono, o se están preparando para implementarlos.

China tiene ahora el segundo mercado del carbono más grande del mundo. Hasta la fecha, ha puesto en marcha siete sistemas piloto de intercambio de cuotas de emisión en cinco ciudades y dos provincias. En 2013, se introdujeron nuevos impuestos sobre el carbono en México y Francia. En EE. UU., los estados de Oregón y Washington están explorando opciones de precio del carbono con el fin de unirse a los esfuerzos conjuntos de California, Quebec y Columbia Británica para enfrentar el cambio climático. Sudáfrica prevé implementar un impuesto sobre el carbono a partir de 2016.

Al mismo tiempo, el sector privado ha apoyado cada vez más una futura fijación del precio de nuestra huella de carbono. Muchas empresas, incluyendo Google, Wal-Mart y Shell, ya usan precios sombra en sus planificaciones e inversiones.
Aprovechando este impulso, el Grupo del Banco Mundial alienta a los líderes empresariales y gubernamentales a registrar su apoyo a la Declaración sobre fijación del precio del carbono. (i)

En este documento, los Gobiernos se comprometen a trabajar con forma conjunta y las empresas se comprometen a trabajar con los Gobiernos en pos del objetivo a largo plazo de que la fijación del precio del carbono se use en toda la economía mundial.

Como lo aclara la publicación “New Climate Economy” y nuestros informes,  es imprescindible contar con señales de políticas gubernamentales claras, coherentes y creíbles para que las empresas y los inversores generen crecimiento y puestos de trabajo y estimulen la innovación.

Es una voz más que nos recuerda que las elecciones políticas inteligentes se pueden traducir en ventajas económicas y climáticas.

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