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Los refugiados encuentran un nuevo hogar en Uganda

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Los refugiados encuentran un nuevo hogar en Uganda

Nuestro avión aterrizó en una pista casi de tierra, construida de manera precaria entre los arbustos en el distrito de Adjumani (norte de Uganda), que limita al noroeste con Sudán del Sur. En este distrito viven unos 227 000 refugiados, que representan alrededor del 60 % de la población total. Inmediatamente después de desembarcar, manejamos a través de un camino de tierra, rodeado de campos de maíz, plantaciones de plátano y árboles de mangos y que formaban una densa cobertura vegetal separada por estrechos senderos conducentes a chozas de barro. A medida que nos acercábamos al centro del distrito, traté de detectar las señales habituales de los barrios de refugiados, tales como cercas u otro tipo de demarcaciones.

No había ninguna.

En vez de ello, y para mi grata sorpresa, no existen zonas cercadas para los refugiados. Ellos viven junto a la población local. Este enfoque integrador no se limita a Adjumani. De hecho, Uganda ha sido elogiada por tener la política de refugiados más compasiva en el mundo. Aquí, se recibe cálidamente a los refugiados; se les entregan provisiones y parcelas de tierra, y se les anima a integrarse en la sociedad. Mientras viajaba por los caminos de tierra, era imposible distinguir entre las viviendas de los lugareños y los asentamientos de los recién llegados. También se comparten los servicios públicos comunitarios, tales como hospitales, clínicas de salud, escuelas, suministro de energía, agua potable y otros servicios.

Incluso la palabra “campamento” es mal vista por los funcionarios gubernamentales, quienes orgullosamente llaman “asentamientos” a los albergues.

Como representante especial del Grupo Banco Mundial (GBM) ante las Naciones Unidas, viajé a este país el mes pasado para participar en la Cumbre de Solidaridad sobre Refugiados en Uganda. El secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, y el presidente de Uganda, Yoweri Museveni, convocaron a la comunidad internacional para llamar la atención sobre la situación en Uganda.

Superar la brecha entre las acciones humanitarias y de desarrollo en la respuesta para la hambruna

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 UNICEF
Un grupo de personas espera para conseguir agua en un pozo proporcionado por UNICEF en el campamento Muna Dalti para desplazados internos, ubicado en Maiduguri en el estado de Borno (Nigeria), el jueves 2 de marzo de 2017.
Crédito: UNICEF.

La semana pasada representé al Grupo Banco Mundial en una sesión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) (i) sobre la respuesta a la hambruna en Nigeria, Somalia, Sudán del Sur y Yemen. En estos cuatro países, más de 20 millones de personas padecerán hambre o estarán en peligro de ser afectadas por este problema en los próximos seis meses, y se necesitan medidas urgentes para evitar que la situación se agrave aún más.
 
El Consejo de Seguridad podría parecer un lugar poco usual para que esté presente una institución de desarrollo como el Banco Mundial, especialmente cuando se aborda una crisis humanitaria como la hambruna.

¿Papeles, por favor?”: por qué es importante que los refugiados y desplazados a la fuerza puedan probar su identidad

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Un refugiado llena un formulario en el centro de registros de ACNUR en Trípoli, Líbano.
© Mohamed Azakir/Banco Mundial.

Si lo obligaran a huir para salvarse en medio de bombas que caen o en el momento en que se acerca un huracán, ¿qué llevaría consigo usted, además de sus niños y sus seres queridos? Sería aconsejable que empaque en primer lugar sus documentos de identidad. Los certificados de nacimiento, cédulas nacionales de identidad, pasaportes, permisos de residencia, e incluso una licencia de conducir, son documentos que le permitirán probar quién es usted ante las autoridades del país al cual huye y a las autoridades en su país natal cuando pueda regresar.

Aumentar la resiliencia de los refugiados y ayudarlos a reconstruir sus vidas con dignidad

Jim Yong Kim's picture
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© Dominic Chavez/World Bank

En el Día Mundial de los Refugiados, rendimos homenaje a los rostros de la resiliencia: madres, padres, esposos, esposas y niños, que huyeron de horribles circunstancias, y que continúan luchando todos los días para reconstruir sus vidas con dignidad.

En momentos en que el número de desplazados por los conflictos aumenta a máximos históricos, es fácil perder de vista los rostros detrás de las estadísticas. Pero, recientemente, ha habido un cambio radical en la manera en que el mundo está manejando esta crisis, poniendo a la gente en primer lugar, y haciendo posible que los refugiados trabajen o vayan a la escuela y lleguen a ser autosuficientes, que formen parte integral del desarrollo de los países anfitriones.

Tres amenazas para el futuro de Afganistán: aumento de la pobreza, inseguridad y crecimiento lento

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La semana pasada, uno de los tantos camiones cisternas que recorren las calles de Kabul se desplazó pese a la congestión vehicular, pasó por edificios del Gobierno y embajadas, y llegó hasta la plaza Zanbaq. Cuando se tuvo que detener en un puesto de control, el chofer del camión hizo explotar 1500 kilos de explosivos que estaban ocultos en el tanque. Eran las 8.22 de la mañana y muchos afganos iban camino al trabajo y muchos niños se dirigían a la escuela. La explosión causó la muerte de 150 viajeros y transeúntes y otros cientos de personas resultaron heridas. Este es apenas uno de los numerosos hechos que afectan las vidas y los medios de subsistencia de los afganos.

Día Internacional del Migrante: impulsar la prosperidad a través de la movilidad

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Estamos en la antesala del inicio de una era de mayor movilidad. Foto: © Dominic Chavez/Banco Mundial.

En todas partes existen historias y anécdotas de cómo los migrantes contribuyen a nuestras economías. En un informe del McKinsey Global Institute, (i) publicado recientemente, se dieron a conocer algunas cifras. Los migrantes representan solo el 3,4 % de la población en el mundo, pero generan el 9,4 % de la producción mundial, o unos USD 6,7 billones. Esto es casi tanto como el volumen de los PIB combinados de Francia, Alemania y Suiza. Al compararse con lo que habrían producido si se hubieran quedado en sus países de origen, ellos aportarían USD 3 billones, es decir, aproximadamente la producción económica combinada de India e Indonesia.

¿Cómo logramos dar acceso a la energía a los desplazados?

Liliana Elisabeta Benitez's picture
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Vista aérea del campamento de refugiados de Zaatari en Jordania. Foto: Departamento de Estado de EE. UU.

“Abandonarás todo lo que más has amado: esa es la primera flecha que dispara el arco del exilio”, escribió Dante en su libro La Divina Comedia.

Para la mayoría de los 65 millones de personas desplazadas, que se estima existen hoy en el mundo, la vida es una lucha cotidiana. Después de sobrevivir a una travesía tumultuosa con la esperanza de comenzar de nuevo, ¿cómo una persona desplazada puede empezar a sanar sus heridas y echar raíces en una tierra nueva y extraña?

Sensibilizar acerca de los desafíos del desarrollo mediante la realidad virtual

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Cuatro niños y sus padres están alrededor de una bandeja de metal redonda. En ella, hay platos llenos de fideos instantáneos, humus, lebne [yogur colado], aceitunas y berenjenas en escabeche. Miro a la izquierda y hay una tetera de plata. Miro a la derecha y veo una bolsa plástica con pan pita.
 
La bandeja está sobre un piso de cemento sin terminar y cubierto con un montón de frazadas de invierno. Las paredes de ladrillos están tapadas parcialmente con sábanas, mientras que piezas de ropa de invierno cuelgan en una cañería de agua.
 
Levanto mi cabeza y veo un foco que pende de un cielo raso de cemento inacabado. Cuando miro hacia abajo, veo a una bebé pequeña que se me acerca para tratar de tocar mis ojos, hasta que me doy cuenta que no estoy realmente ahí y que ella solo está tratando de palpar la cámara de 360 grados.
 

Deportistas del equipo olímpico de refugiados: Un mensaje agridulce al mundo

Farhad Peikar's picture
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En el estadio Maracaná de Brasil, miles de espectadores estaban de pie, en puntillas, mientras que en el resto del mundo millones de jubilosos televidentes seguían las imágenes en directo del desfile del primer equipo olímpico de refugiados (identificado con el código ROT por el Comité Olímpico Internacional) durante la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016. Los 10 integrantes —seis hombres y cuatro mujeres— fueron seleccionados entre 43 posibles candidatos. El equipo está compuesto por cinco atletas de Sudán del Sur y uno de Etiopía, dos yudocas de la República Democrática del Congo y dos nadadores de Siria. Su inclusión en los actuales JJ. OO. ha sido uno de los momentos más esperanzadores del certamen, porque estos 10 deportistas, además de portar la bandera olímpica, llevaban consigo un mensaje de aliento a millones de jóvenes que han sido desalojados forzosamente de sus hogares.

Sin embargo, si bien hay mucho que celebrar y tantos a quienes congratular por esta iniciativa histórica sin precedente en el ámbito deportivo, en un mundo ideal no debería existir un equipo de esta naturaleza. Los escasos momentos de júbilo —exacerbados por nuestros gritos de aliento— no deberían ocultar la realidad del sufrimiento humano sin parangón que se vive en los campamentos de refugiados de todo el mundo. La mera existencia de un equipo como este nos recuerda que el mundo, en forma colectiva, ha sido incapaz de ayudar a más de 65 millones de desplazados (i) a regresar a sus hogares o a encontrar otro lugar que pueda convertirse en su hogar permanente. Estos deportistas representan a una comunidad que huye de conflictos regionales, guerras civiles, agresiones, genocidios, hambrunas, la pobreza y las enfermedades; algunas de estas situaciones están tan arraigadas, que parece difícil encontrar soluciones viables.

Una historia de resiliencia: Desde un viaje en un bote de goma en el mar a nadar en las Olimpíadas de Río

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Un frío día en octubre de 2015, Rami Anis, de 24 años de edad, se subió a un bote de goma en el mar Egeo en Turquía. Su destino era Europa, y su meta era tener una vida mejor lejos de la guerra y el sufrimiento.

Al mirar a las personas que lo rodeaban en el bote, se horrorizó. Eran niños, hombres y mujeres. Nunca dejó de pensar que era probable que no lo consiguieran, aun cuando él es un nadador profesional.

“Porque con el mar no puedes jugar”, dijo el refugiado sirio.

Pero el 11 de agosto, en vez de estar preocupado de nadar en el mar, Rami participará en las competencias de natación en las olimpíadas. Él arribó de manera segura a Bélgica después de días de realizar un viaje desgarrador, desde Estambul a Esmirna; y luego de Esmirna a Grecia, antes de emprender una caminata a través de Macedonia, Serbia, Croacia, Hungría, Austria, Alemania y, finalmente, llegar a Bélgica.

Rami competirá en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro de 2016, como integrante del equipo olímpico de refugiados —el primero de su tipo— y marchará con la bandera olímpica inmediatamente antes de la nación anfitriona, Brasil, durante la ceremonia de apertura.

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