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Cambiando el Enfoque Sobre el Desempleo Juvenil

María de los Ángeles Lasa's picture

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) publicó un informe con las tendencias mundiales del empleo juvenil1 en el que afirma que en el mundo hay alrededor de 75 millones de jóvenes, entre los 15 y los 24 años de edad, desempleados.

Además advierte en el informe elaborado en el 2011, que la actual generación de trabajadores jóvenes estará “marcada” por una peligrosa mezcla de alto desempleo, creciente inactividad y trabajo precario.

En una clase de Macroeconomía, un profesor nos dijo que el desempleo es un desequilibrio entre la oferta y la demanda de trabajo. A veces –pocas veces o casi nunca–, hay más oferta que demanda. Otras veces –casi siempre–, hay más demanda que oferta. Hasta aquí, en pocas palabras, la explicación “técnica”. Pero ¿qué significa el desempleo para los jóvenes?

En 2009, yo era una joven desempleada. Tenía 22 años, un excelente promedio académico y muchas ilusiones de conseguir mi primer trabajo. Mis búsquedas se extendieron a lo largo de meses pero… ¿ya lo adivinan? No conseguía empleo. A mis compañeros no les iba mucho mejor, sólo obtenían trabajos temporales y mal pagados, de modo que nos consolábamos mutuamente con un “¡Ya encontraremos algo!”.

Mi familia me alentaba incansablemente recordándome que siempre estaría allí para ayudarme. Pero mi angustia no se iba. Es muy difícil explicar con palabras lo que se siente ser un “joven desempleado”, uno empieza a pensar que es poco útil, entonces te invade una terrible depresión y una profunda tristeza. Sin embargo, lo curioso es que no te falta voluntad, ni ganas de trabajar, y menos aún iniciativa y entusiasmo: me faltaba una oportunidad.

Entonces… ¡un momento! ¡volvamos atrás! ¿Me faltaban las oportunidades? ¿Realmente estaba convencida de no existían las oportunidades? Probablemente no, pero ciertamente tenía que cambiar mi enfoque.

Hay una historia que me gusta mucho y que la comparto siempre que puedo. Se llama La princesa miope, y creo que la riqueza de su mensaje ayuda mucho a cambiar el enfoque. ¿La leemos juntos?

En una serie de dibujos animados de la República Checa, se relata la historia de una princesa cuya mano es disputada por un gran número de pretendientes. Éstos, capítulo tras capítulo, emplean diversos recursos de seducción para que la princesa los acepte, pero ella apenas se conmueve. Uno, por ejemplo, le muestra una lluvia de luces y estrellas. Otro, comienza a volar majestuosamente delante de la doncella. Pero nada. La princesa siempre termina imperturbable. En el último capítulo de la serie, sin embargo, está el inesperado final: el último de los pretendientes lleva escondido en su capa un par de lentes que, con humildad, se los ofrece a la princesa. La princesa se los pone, sonríe y… ¡acepta su mano!

Sin saber este final, todos podríamos pensar: ¿qué es lo que quería esta princesa?, ¿qué cosa extraordinaria estaba esperando? Claro que después caemos en la cuenta que la princesa era miope y, debido su falta de visión, no podía emocionarse ante nada. ¡Así que ahí estaba el problema! No era que los pretendientes no le ofrecieran cosas bellas, ni que la princesa fuera insaciable o inconmovible: la princesa, simplemente, no veía. Y ahí estaba el último pretendiente: cambiando el enfoque del asunto y mirando el problema desde otra perspectiva.

Muchas veces creo que confundimos estar desempleado con estar desocupado; a veces pienso que nos comportamos más como una princesa miope que como el último pretendiente.

No hace falta estar empleado para crear oportunidades, innovar, cambiar nuestro entorno, emprender.

En este sentido, podemos ser una generación acechada por el alto desempleo, una creciente inactividad y un trabajo precario –como señaló la OIT–; podemos ser una generación “miope”. Pero también podemos ser una generación que cree empleos y oportunidades en lugar de esperar a que le lleguen.

No pretendo negar los efectos nocivos del desempleo. Los sufrí en carne propia y créanme que fue devastador. Pero terminé por darme cuenta que todo depende de la perspectiva desde la cual miremos los problemas, porque yo misma estaba siendo miope y necesitaba de modo urgente un par de lentes.

Cualquier joven, en este momento, puede ser una princesa miope. Con lentes, la realidad no va a ser distinta: ni mejor, ni peor. Pero cambiando el enfoque del asunto, se puede mirar el problema de otra manera, y mirando el problema de otra manera, seguramente encontraremos una solución.

Photo:http://www.entremujeres.com/trabajo/

Comments

ENVIADO POR Josep el
Está claro que quizá deberíamos pensar más en emprender... pero ni así uno sale de la CRISIS ya que para emprender necesitas o trabajadores/cooperantes gratuitos o dinero para invertir en tu proyecto. Y te aseguro, desde España, que aquí dinero no hay ni en los bancos...