El argumento en favor del crecimiento ecológico inclusivo

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Durante los últimos 20 años, el crecimiento económico ha ayudado a sacar de la pobreza extrema a casi 1000 millones de personas. Pero otros 1000 millones siguen siendo extremadamente pobres; 1100 millones viven sin electricidad y 2500 millones no tienen acceso a servicios de saneamiento. Para todas estas personas, el crecimiento no ha sido lo suficientemente inclusivo.

Además, el crecimiento se ha logrado a expensas del medio ambiente. Aunque la degradación ambiental nos afecta a todos, los pobres son los más vulnerables a los fenómenos meteorológicos extremos, las inundaciones y el cambio climático.

Los expertos en desarrollo, los responsables de formular las políticas y las instituciones como el Banco Mundial han aprendido una lección importante: si deseamos poner fin a la pobreza, el crecimiento debe ser inclusivo y sostenible.

Para conseguir esto, tres áreas son cruciales: el acceso a la energía, la gestión responsable de los recursos y el buen gobierno.

En primer lugar, las personas necesitan acceso a la energía para dejar atrás la pobreza. Pero el sector energético también tiene un potencial muy alto para reducir la pobreza a la vez que genera avances “ecológicos”.

Sin embargo, el problema de la falta de electricidad sigue siendo abrumador. En Etiopía, un país con una población de 91 millones de personas, 68 millones de habitantes viven en la oscuridad. Debido a la carencia de luz eléctrica, los niños no pueden hacer sus tareas en la noche, los empresarios no pueden gestionar empresas competitivas y los países no pueden activar sus economías.

Esta es la razón por la cual la energía sostenible constituye un objetivo de desarrollo en sí misma. Según  datos recientes, más personas pobres están obteniendo acceso a la electricidad a una tasa más rápida nunca antes vista. Pero los avances en cuanto a la generación de energías renovables y la eficiencia energética son demasiado lentos. Casi 3000 millones de personas siguen cocinando con combustibles contaminantes como keroseno, leña, carbón vegetal y estiércol.

La segunda área crucial para lograr el cambio hacia un crecimiento sostenible e inclusivo es la gestión responsable de los recursos.

El sector pesquero, por ejemplo, ofrece muchas oportunidades para un manejo inteligente y sostenible de los recursos.

Una economía “azul” bien gestionada puede asegurar la seguridad alimentaria, promover el turismo sostenible y aumentar la resiliencia. Anualmente, se pierden entre US$75 000 millones y US$125 000 millones de producción mundial debido al manejo ineficaz de las poblaciones de peces y la pesca ilegal anualmente, lo cual socava la seguridad alimentaria y los ingresos precedentes.

Indonesia tiene más de 2,6 millones de pescadores. Es el segundo productor mundial en términos de captura de peces silvestres. 

Si se mejora el buen gobierno del sector pesquero y se invierte en infraestructura de transporte marítimo y comercial a gran escala, el país podría duplicar la producción pesquera para 2019. 

La tercera área que necesita atención urgente es el buen gobierno. Para muchos países, esto es el principal desafío.

La tala ilegal provoca aproximadamente entre US$10 000 millones y US$15 000 millones en pérdidas anuales en todo el mundo, de acuerdo a ciertas estimaciones. (i)

Este es un dilema relacionado con la aplicación de las normativas existentes o el diseño de mejores leyes. Y es un problema de carácter mundial, extendido en muchos países ricos en recursos.

Mejorar la transparencia y el seguimiento es fundamental. Los organismos de los públicos a menudo no saben hasta qué grado los sectores son sostenibles y cuáles recursos naturales se están agotando.

El sector de la energía, por ejemplo, necesita más y mejores datos sobre el simple uso de la energía y las emisiones. Actualmente, falta esta “contabilidad ecológica” completa.

Pero también es un tema de liderazgo, de crear consensos, hacer frente a los intereses creados y manejar apropiadamente  las soluciones de compromiso con el fin de avanzar desde un crecimiento “sucio” y excluyente a uno sostenible e inclusivo.  

De modo que, ¿cómo podemos superar los obstáculos para hacer que el crecimiento sea sostenible e inclusivo?

Muchos temen que un crecimiento más ecológico es demasiado caro, que este podría disminuir la producción o que solo debería preocupar a los países de ingreso alto. Este miedo tiene poca visión de futuro. El crecimiento sostenible no es prohibitivo ni es técnicamente imposible de lograr.

Pero trae aparejados desafíos, que incluyen grandes costos iniciales y financiamiento a largo plazo de 15 a 25 años. Pocos países en desarrollo tienen los mercados de capital o los sectores bancarios adecuados.

Mejorar la combinación de energía, por ejemplo, reducirá tanto los riesgos ambientales como fiscales. Turquía disminuyó drásticamente la proporción de petróleo, favoreciendo el gas. Tailandia bajó su dependencia de productos petroleros de dos tercios a un tercio.

Otro desafío es la recuperación de los costos y el entorno de políticas adecuadas que nos garanticen que no solo estamos construyendo escuelas, sino que también estamos mejorando la educación. Ninguna central eléctrica será de utilidad si la empresa de servicios públicos funciona con enormes pérdidas.

Pocos proyectos de infraestructura pueden cobrar el costo completo. De modo que tenemos que encontrar maneras de facilitar la recuperación de los costos, manteniendo los servicios asequibles para las familias y las comunidades de ingreso bajo.

Necesitamos aprovechar sabiamente las oportunidades. Desde 2011 a 2012, las inversiones en tecnología limpia en los países en desarrollo aumentaron en un 19 %. Y el 90 % de las empresas de tecnología limpia subieron sus ingresos incluso durante la recesión económica mundial.

China ha registrado un crecimiento de hasta dos dígitos durante décadas, pero ha perdido un impactante 9 % de su producto interno bruto (PIB) debido al “crecimiento no ecológico”. Como respuesta, el país está orientando la actividad económica hacia la innovación y una producción con mayor valor agregado.

Asia oriental podría tomar el liderazgo en cuando al desarrollo ecológico. Camboya y Viet Nam han integrado planes de crecimiento verde en las políticas económicas. El último plan multianual de desarrollo de Tailandia incluye el objetivo de reducir la intensidad del uso de la energía en un 25 % para 2030.

Otros pueden aprender de estas experiencias. La buena noticia es que cada vez más y más países —desarrollados y en desarrollo— comprenden ahora que su éxito dependerá de “cómo” crezcan, no solo de “cuánto”.

Este blog se basa en un discurso pronunciado en junio de 2015, cuyo texto completo puede ser visto aquí: http://www.worldbank.org/en/news/speech/2015/06/09/the-case-for-inclusive-green-growth.

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