COVID-19 y Educación: Algunos desafíos y oportunidades

Ecole secondaire de Shreeshitalacom au Népal. © Banque mondiale Ecole secondaire de Shreeshitalacom au Népal. © Banque mondiale

Estamos viviendo la que es potencialmente una de las mayores amenazas en nuestra vida para la educación global. Al 28 de marzo de 2020, más de 1600 millones de niños y jóvenes no asisten a la escuela en 161 países por la pandemia del COVID-19.  Esto representa cerca del 80 % de los estudiantes en edad escolar en el mundo. Ya estábamos experimentando una crisis global de aprendizajes. Ya sabíamos que muchos estudiantes, aún cuando estaban en la escuela, no estaban adquiriendo las habilidades fundamentales necesarias para la vida. El indicador de "pobreza de aprendizajes" del Banco Mundial, es decir el porcentaje de niños que a los 10 años no pueden leer ni comprender un texto simple, era de 53 % en niños en países de ingresos bajos y medianos. Esto era antes de la crisis. Esta pandemia tiene el potencial de empeorar aún más estos resultados si no se actúa de manera adecuada.

¿Cómo puede afectar esta fase de la crisis a los niños y jóvenes? 1. Pérdidas en los aprendizajes. 2. Aumento de las tasas de deserción. 3. Niños que pierden la comida más importante del día. Más aún, la mayoría de los países tienen sistemas educativos muy desiguales, y los niños más pobres son quienes se verán más afectados. Lloverá sobre mojado para ellos.

Aprendizajes. El comenzar el año escolar tarde o interrumpirlo (dependiendo de si viven en el hemisferio sur o norte) alterará por completo la vida de muchos niños, sus padres y maestros. Pero bastante se puede hacer para al menos reducir este impacto a través de estrategias de aprendizaje remoto. Los países más ricos están mejor preparados para avanzar hacia estrategias de aprendizaje en línea (aunque con mucho esfuerzo y desafíos para los maestros y los padres). En cambio, en los países de ingresos medios y los más pobres, la situación es muy heterogénea; y sin intervenciones correctas, la gran desigualdad de oportunidades que existe (ya inmensa e inaceptable para empezar) se amplificará. Muchos niños no tienen un escritorio, libros, material de lectura, conexión a internet, una computadora en casa o padres que los apoyen. Otros si los tienen. Lo que debemos evitar, o minimizar en la medida de lo posible, es que esas diferencias en las oportunidades se expandan y causen que la crisis tenga un efecto negativo aún mayor en los aprendizajes de los niños pobres.

Afortunadamente, estamos viendo mucha creatividad. A muchos ministerios de educación les preocupa que basar el aprendizaje remoto sólo en estrategias en línea implicará llegar solo a los niños de familias más acomodadas. La estrategia apropiada en muchos países es utilizar todas las modalidades posibles de entrega utilizando la infraestructura existente. Usar herramientas en línea para asegurar que las guías pedagógicas con planes de clase detallados, videos, tutoriales y otros recursos estén disponibles para algunos estudiantes y probablemente para la mayoría de los maestros. Pero también, podcasts y otros recursos que requieran menos uso de datos al bajarlos en un smartphone. Trabajar en conjunto con compañías de telecomunicaciones para implementar programas de “Tasa-cero’, eliminando el costo de bajar material de sitios web educativos, o portales del ministerios de educación puede incentivar el acceso a través de un teléfono inteligente, dispositivo al que más estudiantes tienen acceso.

Pero eso no es suficiente. La radio y la televisión también son herramientas muy poderosas. La ventaja que tenemos hoy en día es que, a través de las redes sociales, WhatsApp o SMS, los ministerios de educación pueden comunicarse de manera efectiva con los padres y los maestros y proporcionar pautas, instrucciones y estructura para el proceso de aprendizaje, utilizando contenido entregado por radio o TV. El aprendizaje remoto hoy no solo es aprendizaje en línea, es el aprendizaje utilizando todas las plataformas de comunicación, con el objetivo de llegar a la mayor cantidad de estudiantes posible.

Mantenerse enganchados. Es fundamental mantener el vínculo de los estudiantes con el proceso educativo, especialmente los jóvenes de secundaria. Las tasas de deserción escolar siguen siendo muy altas en muchos países, y un largo período de falta de clases puede resultar en un aumento mayor.  Muchos jóvenes pueden simplemente no regresar a la escuela. Es importante mantenerse conectado con la escuela por cualquier medio necesario.  

Este es además un momento para desarrollar habilidades socioemocionales y aprender más sobre cómo contribuir a la sociedad como ciudadano. La escuela no es solo aprender matemáticas y ciencias; es también relaciones sociales e interacciones (y aprendizaje) entre pares. El papel de los padres y la familia, que siempre ha sido extremadamente importante, adquiere ahora una mucho mayor importancia. Por eso, gran parte de la ayuda que proporcionan los ministerios de educación, trabajando a través de la radio, la televisión y los mensajes SMS debe dirigirse a apoyar a los padres,  dándoles consejos y sugerencias sobre cómo apoyar mejor a sus hijos en esta compleja coyuntura.

Alimentación. En muchas partes del mundo, los programas de alimentación escolar brindan a los niños la comida más nutritiva del día. Son esenciales para el desarrollo cognitivo y el bienestar. Estos programas son esfuerzos logísticos y administrativos muy complejos. No es fácil, pero los países deben encontrar la manera de proporcionar estas comidas utilizando las instalaciones escolares de manera organizada, o redes comunitarias o, si es necesario, distribuirlas directamente a las familias. Si la entrega de comidas o alimentos no es factible desde el punto de vista logístico, los programas de subsidio monetario deben ampliarse o implementarse para compensar a los padres.

Las respuestas a la crisis generado por el COVID-19  requieren planificación, pero hay que estar preparado para ir ajustando los planes, ya que los escenario sobre la pandemia cambian día a día,  y existe además incertidumbre en torno a la efectividad y cumplimiento de las medidas de mitigación que los países están tomando. Las  reaperturas de escuelas podrían ser graduales, ya que las autoridades querrán reducir la aglomeración o la posibilidad de una segunda ola de la pandemia. En este contexto incierto, podría ser mejor tomar decisiones suponiendo un escenario de suspensión de clases largo que uno corto.

La buena noticia es que muchas de las mejoras, iniciativas e inversiones que los sistemas escolares tendrán que hacer podrían tener un efecto positivo a largo plazo. Algunos países podrán aumentar las habilidades digitales de sus maestros. Las estaciones de radio y televisión reconocerán su papel clave en el apoyo a los objetivos educativos nacionales y, esperemos, mejorarán la calidad de su programación entendiendo su inmensa responsabilidad social. Los padres estarán más involucrados en el proceso educativo de sus hijos. Los ministerios de educación tendrán una comprensión más clara de las brechas y desafíos (en conectividad, hardware, integración de herramientas digitales en el plan de estudios) que existen para usar la tecnología de manera efectiva y podrán actuar para reducir esas brechas. Todo esto puede fortalecer el sistema educativo de un país.

La misión de todos los sistemas educativos se mantiene. Es superar la crisis de aprendizajes que ya estábamos viviendo. El desafío actual es reducir al máximo el impacto negativo que esta pandemia tendrá en el aprendizaje y la educación, y aprovechar esta experiencia para retomar una ruta acelerada de mejora en los aprendizajes. A medida que los sistemas educativos hacen frente a esta crisis, también deben planificar cómo recuperarse, con un renovado sentido de responsabilidad de todos los actores y con una mejor comprensión y un sentido de urgencia de la necesidad de asegurar que todos los niños tengan las mismas posibilidades de recibir una educación de calidad.


Autores

Jaime Saavedra

Director de Desarrollo Humano para América Latina y el Caribe del Banco Mundial

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