Cómo una rampa para personas con discapacidad puede marcar la diferencia en una gran ciudad

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¿Qué impacto puede tener en una gran ciudad una rampa para personas con discapacidades? La respuesta puede parecer obvia para muchos, pero sigan leyendo para que se den cuenta de las complejidades y matices que rodean el tema de la movilidad en las grandes metrópolis latinoamericanas.

Les cuento una anécdota. Estaba en el lanzamiento del proyecto “Transversalizacion del Diseño Inclusivo y la Movilidad Universal de Lima", financiado por el Programa para la formulación de políticas y el perfeccionamiento de los recursos humanos (PHRD) de Japón y, durante el receso de la conferencia, me sorprendió ver que los camareros les pedían a la gente en sillas de ruedas que se apartaran de la mesa donde se servía el café, los pasteles y las frutas.

En cambio, le abrían espacio a los ciegos, mudos, sordos y personas con problemas cognitivos, entre otras discapacidades. Estaba a punto de intervenir cuando me fijé que los camareros estaban llevando a las personas en sillas de ruedas a un área especial en donde cada uno recibía una pequeña bandeja que podían colocar sobre sus rodillas, con café pasteles y frutas.

Me acerqué a ellos y les pregunté como les iba en el evento. Me dijeron que estaban contentos con la organización, que reflejaba la sensibilidad ante cada tipo de discapacidad. Aprendí que la gente en silla de ruedas está en desventaja cuando se acercan a una mesa con alimentos. Las personas de pie pueden maniobrar y servirse primero. Para el momento en que la gente en silla de ruedas se puede acercar, normalmente queda poco de lo que escoger. Pero no en este evento, claramente.

Esta conferencia también significó la primera consulta que se está llevando a cabo de un proyecto de 2,5 millones de dólares para la comunidad de discapacitados en Lima.

El proyecto está diseñado para consultar a lo largo de su implementación a los participantes clave: la comunidad de discapacitados. Las consultas son fundamentales para ayudar a que el proyecto logre su objetivo: mejorar la respuesta de la ciudad de Lima a las necesidades de movilidad de las personas con discapacidad.

También pretende tomar en cuenta los requerimientos de la gente con discapacidad a la hora de diseñar y construir instalaciones para el transporte público y las aceras. La iniciativa también busca identificar las actuales limitaciones que afrontan las personas con discapacidad en la capital peruana y desarrollar mecanismos y herramientas para apoyar la movilidad sustentable.

El objetivo inicial es llevar a cabo pequeñas obras de construcción y modernizar un conjunto de calles para que sean de acceso universal: instalar rampas para sillas de ruedas (y cochecitos de bebé), superficies podotáctiles que permitan a los ciegos saber que se acercan al borde de una acera, o señales sonoras en los pasos de peatones, que les indiquen cuándo es seguro cruzar la calle.

Las lecciones aprendidas tanto del piloto como del proyecto permitirán a Lima avanzar más rápidamente hacia el logro de la meta de modernización de toda la ciudad para que sea lo más cercana posible al diseño universal. Como signatario de la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, el Perú se ha comprometido a la reconversión gradual de espacios públicos para que sean más accesibles para estas personas.

En el evento hablé sobre el alcance del proyecto, cómo las consultas eran fundamentales para su aplicación, y sobre el piloto que se llevará a cabo. Respondiendo a una pregunta que se hizo en varias ocasiones durante la consulta: ¿quién debe financiar esta amplio, gradual y obligatoria modernización del espacio público?, llegué a una conclusión.

Readaptar toda una ciudad del tamaño de Lima, con 9 millones de habitantes, podría costar cientos de millones de dólares. Los participantes en la consulta estaban preocupados de que, como serán los principales beneficiados de las obras, tendrían que pagar la factura. Mi respuesta fue categórica: la sociedad en general debería financiar esta reconversión, no sólo los principales beneficiarios.

¿Por qué? Una de las razones es que las personas que no sufren discapacidades suelen ganar más. Así que pueden darse el lujo de pagar más. Pero las razones principales se encuentran en la definición moderna de la discapacidad y en un hecho simple: La definición actual establece que la discapacidad es cuando alguien trata de interactuar con un objeto o infraestructura, pero no puede llevar a cabo su tarea.

Si tuviera que quitarme los anteojos, inmediatamente me convertiría en una persona con discapacidad. Sin ellas puedo hacer muy poco. El centro de la cuestión es que todos estamos en riesgo de quedar discapacitados. El envejecimiento es uno de los factores, otro es por pura casualidad. Los accidentes ocurren, las personas resultan heridas. Pagar por la modernización es, por tanto, como comprar un seguro que nos ayude a todos a hacer frente a una realidad de la vida: llegará el momento en que todos probablemente usaremos esa rampa y esa superficie podotáctil y daremos las gracias por su existencia.


Autores

Arturo Ardila

Economista principal de Transporte y líder de movilidad urbana del Banco Mundial

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