Hacia un nuevo modelo de desarrollo sostenible para la Orinoquía en Colombia

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La Orinoquía, la última frontera agrícola de Colombia, es el hogar de 1.3 millones de personas, entre las cuales se incluyen 12 grupos étnicos, que destacan la diversidad de pensamiento y cosmovisiones de esta región no solo ligada al imaginario del “llanero”, término como comúnmente se reconoce a los habitantes de esta región. 

Esta área en el este del país, también conocida como los llanos orientales, posee gran diversidad de ecosistemas y especies, sin mencionar la invaluable riqueza en biodiversidad todavía desconocidos; el 35% de las especies que allí habitan son únicas de esta región. Sus humedales representan el 34% de los existentes en el país, lo que demuestra su enorme riqueza hídrica. 

Todo este capital natural y cultural soporta el desarrollo económico de esta región que sin sus servicios ecosistémicos difícilmente podría liderar los rankings en producción agropecuaria que hoy ostenta a nivel nacional. Los departamentos de la Orinoquia (Meta, Casanare, Arauca, Vichada) generan el 7% del PIB nacional liderando la producción de arroz, palma, ganadería, entre otros productos agropecuarios 

Desde luego, todo esto es posible por los servicios hídricos, de polinización, regulación del clima, entre otros, que el ecosistema provee, sin los cuales, el escenario sería muy distinto. 

Sin embargo, los ecosistemas naturales de la Orinoquía se vienen transformando a una tasa alarmante – 200.000 hectáreas por año - convirtiéndose en cultivos con sistemas productivos y/o extractivos poco sostenibles , lo que genera pérdidas para la misma economía, el ambiente y la sociedad.

Si un ecosistema natural se transforma en un monocultivo se pierden la flora y fauna que puede ser útil para la población en términos de seguridad alimentaria, medicina tradicional y polinización para sus cultivos, sin mencionar los efectos en el ciclo hídrico y climático que esto implica. 

Son múltiples los reportes que indican que en el mundo se están degradando los sistemas naturales más rápido de lo que la naturaleza puede reponer y restaurar lo que supera la biocapacidad de la tierra. Estos mismos reportes destacan que si no se aborda esta situación se aumentarán los riesgos en las cadenas de suministro y en la seguridad alimentaria lo que trae altos costos a la economía.

La pandemia nos ha recordado que nuestras economías están íntimamente relacionadas con la salud de los ecosistemas , pero la economía todavía no reconoce que la salud humana, la productividad y la riqueza dependen de cuidar la salud ambiental.

Por todas estas razones en la Orinoquía deben convivir en un mismo territorio distintas visiones de desarrollo para generar bienestar de una forma sostenible. 

Unidos por la Orinoquía

El 4 de septiembre de 2021 se lanzó oficialmente el Proyecto de Paisajes Integrados y Sostenibles de la Orinoquía , que se desarrollará en los departamentos de Arauca, Casanare, Meta y Vichada. Este es financiado con recursos del Fondo Mundial para el Medio Ambiente (GEF por sus siglas en ingles) y es ejecutado por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF-Colombia) junto con Parques Nacionales Naturales y Corporinoquía, bajo la supervisión del Ministerio de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible. 

El Banco Mundial supervisará la ejecución y también será el puente con las inversiones del Fondo Biocarbono en la Orinoquía para lograr sinergias que faciliten el desarrollo sostenible en la región.

Este proyecto es una oportunidad para fortalecer a los entes territoriales en temas de planeación y uso sostenible del suelo, crecimiento agropecuario bajo en carbono, el manejo y consolidación del sistema regional de áreas protegidas y de otras medidas efectivas de conservación en la región. 

También es una oportunidad para entablar mesas de diálogo con los sectores productivos y poner en marcha negocios verdes con un enfoque de bioeconomía para aportar a la reactivación económica sin poner en riesgo la sostenibilidad ambiental y social de la Orinoquía.

De esta manera, la reactivación económica en la Orinoquía, para evitar caer en los riesgos del pasado, debe ser una reactivación verde, resiliente, y sostenible en lo ambiental, social y económico , y considerando los impactos actuales y futuros de la variabilidad climática.

Incluir las diversas visiones de desarrollo es fundamental, y generar riqueza incluyendo la biodiversidad y sus servicios ecosistémicos es indispensable. La bioeconomía podría integrar estos aspectos del desarrollo sostenible y el proyecto del GEF es una gran oportunidad para lograrlo!

No te pierdas esta video entrevista sobre el tema:

Autores

Marcela Portocarrero Aya

Especialista en Recursos Naturales de la práctica global de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Economía Azul

Julian Lee

Especialista senior en Medio Ambiente en la Práctica Global de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Economía Azul

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