Haití: La atención a la salud materna e infantil sigue en pañales

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Foto: Anne Poulsen

La historia de Nelta no es inusual en el Haití de hoy. Hace unos meses, ella dio a luz a su segundo hijo, Jasmine, en su modesto hogar ubicado en Jacmel, 50 km al sur de Puerto Príncipe.

De manera inesperada, sus contracciones comenzaron a los siete meses de embarazo, pero vivía muy lejos de la clínica como para poder llegar a tiempo para el parto. Jasmine nació de manera prematura y con bajo peso.

 

Afortunadamente, tanto la madre como el bebé están en buen estado de salud y uno ve lo contenta que está ella de poder ver el pequeño rostro sonriente de su hija. Sin embargo, asegurar que su bebé reciba atención médica de manera regular y crezca adecuadamente se convierte en una lucha diaria: los alimentos nutritivos muchas veces son escasos en donde vive y Nelta debe caminar alrededor de una hora, a través de empinadas calles de tierra, para llegar a la clínica (uno de cada tres haitianos pobres debe trasladarse más de cinco kilómetros para llegar a una clínica).

Empeorando la situación, el terremoto destruyó la infraestructura de salud de Jacmel, como hospitales y clínicas, matando a muchos trabajadores de la salud.

Al igual que Nelta, el 70 por ciento de las mujeres haitianas dan a luz en el hogar, contribuyendo de esta manera a una de las tasas de mortalidad materna e infantil más elevadas del hemisferio occidental —la mortalidad infantil es tres veces más alta que el promedio para la región.

En Haití, la capacidad de un niño de sobrevivir, desarrollarse, triunfar en la escuela y convertirse en un adulto con un nivel de vida decente es socavada por la desnutrición crónica y deficiencias vitamínicas y minerales. Buena parte de los niños haitianos sufren deficiencia de iodo y de vitamina A, algo que impacta en el desarrollo del cerebro y debilita el sistema inmunológico. Los más pequeños son particularmente susceptibles a la anemia y al retraso en el crecimiento, dañando de manera irreversible las capacidades cognitivas e impidendo que el cuerpo se desarrolle de manera óptima.

El aspecto positivo

La mayoría de estos problemas nutricionales podrían evitarse si las familias accedieran regularmente a una atención a la salud de buena calidad.

El terremoto fue una tragedia terrible. Sin embargo, al mismo tiempo representa una oportunidad para reconstruir el sistema de salud haitiano, garantizando mejores servicios, especialmente fuera de la capital. Antes del terremoto, el Ministerio de Salud Pública y Población (MSPP) tenía graves problemas a la hora de regular el sector y prestar servicios de salud esenciales.

La falta de financiamiento y recursos humanos competentes, junto a la escasa rendición de cuentas y coordinación, le impedía ejercer de manera plena su papel de guía. Dos años más tarde, el gobierno haitiano está al mando una vez más. El Presidente Michel Martelly está al frente de Aba Grangou (Fin del hambre) con el fin de terminar con los problemas de desnutrición e inseguridad alimentaria entre los más pobres.

Este programa, que apenas comienza, busca garantizar el acceso a alimentos nutritivos mediante una mayor producción, generación de puestos de trabajo y mecanismos de protección social. Además, hace ya un tiempo que el programa Manman ak Timoun an Sante (Madre y bebé saludables) está en marcha con el apoyo de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y Canadá. La iniciativa financia servicios esenciales de salud y nutrición para madres embarazadas y menores de cinco años, a través de financiamiento con base en resultados —un mecanismo para mejorar la focalización y cobertura de los beneficiarios.

Se reembolsa a los proveedores de salud participantes de acuerdo a la prestación y la calidad de los servicios de salud por beneficiario. Éstos incluyen cuidado prenatal, partos en centros de salud, atención maternal y neonatal, exámenes generales, así como atención de la diarrea e infecciones respiratorias. En el contexto haitiano, tiene sentido canalizar los fondos para la salud hacia proveedores privados y públicos a través del Ministerio de Salud, en base a su desempeño.

En otros países afectados por turbulencias civiles o financieras, el financiamiento con base en resultados es una estrategia probada al momento de expandir aceleradamente los servicios esenciales de salud y nutrición, y para el desarrollo a largo plazo de las capacidades del sistema de salud. Este modelo le permite al gobierno enfocarse en el establecimiento de estándares y en la mejora de la calidad de los servicios en lugar de la gestión diaria de los insumos, fomentando una mejor supervisión de los proveedores de salud públicos y privados.

Un aspecto crucial de este enfoque es que induce a los proveedores de salud contratados, tanto públicos como privados, a mejorar su productividad y la calidad de sus servicios mediante incentivos para el desempeño. Gracias a esta iniciativa, las madres y niños desfavorecidos, como Nelta y Jasmine, pueden aspirar a un servicio de salud y nutrición de alta calidad, libre de cargo y más cercano a su hogar.

El terremoto destruyó el hogar de Nelta y parte del sistema de salud. Pero con estos dos programas, Manman ak Timoun an Sante y Aba Grangou, tienen la esperanza de un futuro más saludable y de dejar atrás la pobreza.

La pequeña Jasmine podrá recibir atención a la salud gratuita y comer los alimentos nutritivos que le permitan crecer adecuadamente, aprender mejor en la escuela y convertirse en una profesional exitosa.

Autores

Marie Chantal Messier

Especialista principal en Nutrición

Maryanne Sharp

Senior Operations Officer

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