La violencia de género, la otra pandemia que debemos combatir en América Latina y el Caribe

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Mujer cocinando en Perú. Foto: ©Victor Idrogo / Banco Mundial
Mujer cocina en Perú. Foto: ©Victor Idrogo / Banco Mundial.

 

De los muchos impactos negativos que ha tenido la pandemia de COVID-19, uno de los más graves y seguramente el más oculto es el drástico aumento de la violencia de género en América Latina y el Caribe. Se la ha calificado -creo que con justicia- como una pandemia silenciosa. Los números que muestra la región son realmente preocupantes, y las consecuencias físicas y emocionales para quienes la sufren permanecen en muchos casos como heridas abiertas de por vida.

El encierro por las cuarentenas, el distanciamiento social y el cierre de escuelas y oficinas, todas medidas muy necesarias para contener la propagación del virus, han dejado sin embargo a millones de mujeres y niñas en una situación de mayor aislamiento, dependencia financiera y vulnerabilidad. En el último año se restringió el acceso a servicios de salud, refugios y centros de apoyo legal, y se vio afectada la capacidad de respuesta a emergencias. Es decir, crecieron los factores de riesgo y se redujeron las posibilidades de asistencia.

La región es hoy la segunda a nivel global en violencia sexual perpetrada por hombres que no son la pareja de la víctima . De los 25 países con los números más elevados de femicidios, 14 están en nuestra región. Es una tragedia cotidiana, en la que nueve mujeres son asesinadas cada día. Más aún, según datos recogidos por Naciones Unidas, en Argentina, México, Colombia y otros países de la región, la violencia doméstica contra las mujeres creció este año entre 30% y 50%. Es un triste retroceso.

Debemos tener estos números muy presentes en todo momento. Y muy especialmente en los 16 días de activismo que observamos todos los años a partir del 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Es una realidad que nos debe llamar a la acción. No podemos tolerarla, cualquiera sea nuestro lugar. Todos podemos contribuir al cambio. Son nuestras hijas, madres, hermanas, colegas y amigas las que están en riesgo.

El Banco Mundial ha hecho de la violencia de género un tema prioritario en su agenda de apoyo a los países de América Latina y el Caribe.  Resolver este problema es crucial para garantizar la plena participación de las mujeres en nuestras sociedades y construir el capital humano necesario para un desarrollo sustentable. Según el caso, las respuestas incluyen servicios remotos de asesoramiento, entrenamiento a trabajadores de la salud para la identificación y derivación de casos, apoyo para mejorar el registro de situaciones de violencia y campañas de comunicación, entre otras muchas iniciativas.

En Uruguay, por ejemplo, apoyamos la capacidad de atención telefónica, protección de víctimas, seguimiento de casos y monitoreo de posibles agresores, como parte de un programa de colaboración con el gobierno. También los menores de edad pueden pedir ayuda en línea cuando enfrentan situaciones de violencia doméstica. En Chile asistimos en la creación de una plataforma integrada para sobrevivientes de violencia de género; y en Perú en el desarrollo de una aplicación para la protección de víctimas con apoyo comunitario e información sobre refugios y servicios de atención.

Del mismo modo, en Centroamérica acompañamos los esfuerzos de los gobiernos por mejorar la prevención y el diseño de políticas tendientes a mitigar riesgos y asistir a las víctimas de violencia. Y lo mismo hacemos en otros países. En el Caribe, contribuimos a la formación de docentes, para que a través de la educación combatan de manera activa los estereotipos de género y la violencia contra las mujeres.  

Estos son solo algunos ejemplos entre muchos. Sin embargo, no es suficiente. El aumento de la violencia de género en los últimos meses indica que debemos hacer más. Del esfuerzo combinado que entre todos podamos hacer depende la posibilidad de que millones de mujeres en la región accedan a una vida digna, libres de la violencia y plenamente integradas a la economía  de sus países y el mundo del trabajo.

Este último punto es clave. Las estimaciones indican que en términos laborales la pandemia afectó sobre todo a las mujeres con empleos informales y en el sector de los servicio s. Es decir, ensanchó la brecha de desigualdad con los hombres.

Debemos cerrar cuanto antes esa diferencia, porque el empoderamiento económico y la creación de capital humano entre mujeres y niñas no solo les abren oportunidades, sino que son vitales para su independencia financiera y -vale la pena recordarlo en estos días- contribuyen a reducir la violencia de género.

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Catalina Buitrago
22 de Marzo de 2021

Excelente blog que muestra la preocupante situación de la violencia contras las mujeres y las niñas en la región, exacerbada por la pandemia del COVID-19, pero también las iniciativas del @BancoMundial para mejorar la prevención y la atención a la violencia en la región. Buen trabajo!

Miguel Melián
22 de Marzo de 2021

Buenos días,
Me sumo en lo que escribe Carlos. Desde la perspectiva de cumplimientos de metas, en países que han adoptado la Agenda 2030, el escenario es desalentador. No existen comentarios positivos para aquellos países en donde realizar seguimientos o establecer indicadores, reclamar justicia o exponer al sistema que ampara a la cobardía elevada al máximo exponente, significa prácticamente, una sentencia de muerte consumada. Hablo desde los hechos y con ejemplos reales, que por respeto a sus familias no enumero.
La desigualdad en toda la región (América Central y el Caribe, más América del Sur), nunca fue más acentuada a partir de la Pandemia, exponiendo todas las deficiencias de los sistemas que intentan llevar adelante mejoras, que seguramente existen, aunque en el presente son asignatura pendiente.
Respecto a VCMN+F (Violencia contra Mujeres y Niñas más femicidios), es alarmante la falta de preparación y la acentuada inoperancia existente aún con legislaciones que están desarrolladas, sólo es necesario la voluntad política de la gestión de turno, para avanzar en implementaciones que ya han tenido éxito en otras regiones que han encarado la problemática como se debe realizar. Los tristes números de la región indican que las medidas y leyes han avanzado pero los resultados siguen siendo negativos, estableciendo que el enfoque debe ser distinto y las medidas de Prevención, Protección y Respuesta, deben ser reformuladas y pensadas de una manera diferente a las actuales. Si las acciones no se enfocan en el problema, continuaremos lamentado víctimas.
Buen final de año.
Miguel Melián.

Luz Doris Sanchez Pinedo
22 de Marzo de 2021

Los estudios del BM son ilustrativos y nos dan idea con estadísticas y conocimiento de causa sobre diversas problematicas en AL y el Caribe. BIenn. Gracias.

jorge luis Sierralta
22 de Marzo de 2021

Siendo este continente, en este momento muy pobre, esa frustracion incidira en violencia contra la mujer?

Zoila Rosa Gallardo Perozo
21 de Julio de 2021

La brecha de desigualdad de género se ha incrementado exponencialmente en relación a la mujer en tiempos de pandemia y con ello el incremento de la violencia en contra de la mujer por su dependencia económica del hombre. Se debe fortalecer el empoderamiento de la mujer a nivel profesional y económico para sanear las cifras de violencia en contra de la mujer en pro d una sociedad más sana y próspera.