Los principales impulsores para que más mujeres trabajen fuera de casa en Guatemala

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Women sorting coffee beans in a factory in Guatemala.
Las actitudes sociales y políticas públicas también son factores importantes para la participación de mujeres en el mercado laboral. Foto: Maria Fleischmann / Banco Mundial

Solo 1 de cada 3 mujeres en edad laboral activa trabaja o busca trabajo en Guatemala, mientras que las restantes tienden a trabajar únicamente en el hogar. Esta es, por mucho, una de las tasas más bajas en la región de América Latina y el Caribe (ALC). ¡Es incluso una de las más bajas de todo el mundo!

Esta subutilización de la mano de obra femenina representa un costo enorme para la tasa de crecimiento del país y, obviamente, para sus resultados socioeconómicos y de inclusión. 

El número de mujeres en la fuerza laboral es aún más bajo en algunas de las áreas más pobres del país, donde solo 1 de cada 10 mujeres trabajan fuera de casa. En contraste, la tasa de participación de las mujeres en la Ciudad de Guatemala llega hasta el 54%.

La baja tasa de participación es aún más impactante si se toma en cuenta que Guatemala tuvo una sólida trayectoria económica durante las últimas dos décadas. Entre 2002 y 2018, la participación de las mujeres en la fuerza laboral a nivel nacional aumentó solo del 26% al 32%. Sin embargo, durante este período, Guatemala tuvo un sólido progreso en muchos frentes. El crecimiento económico promedió 3,5% en comparación con solo 2,7% en la región de ALC. Las mujeres obtuvieron más educación, pues la finalización de la educación secundaria básica aumentó del 28,2 % en 2000 al 55,2 % en 2018. Las mujeres también se casaron más tarde en la vida y tuvieron menos hijos, ya que el número de nacimientos por mujer disminuyó de 4,6 en 2000 a 2,9 en 2018.

Ahora bien, ¿cómo pueden las mujeres guatemaltecas empoderarse más para trabajar fuera de casa? ¿Cómo nivelar el campo de juego para las mujeres en la fuerza laboral? 

Un análisis reciente del Banco Mundial documenta lo que muchos de nosotros nos inclinaríamos a intuir: la participación femenina es mayor a medida que el mercado laboral es más dinámico y los empleos son de mayor calidad. Las mujeres se animarán más a buscar empleo y trabajar fuera de casa si el mercado laboral local presenta mayores y mejores oportunidades.

Sin embargo, existen otros factores que impulsan la participación femenina en el mercado laboral.

El papel clave de las actitudes sociales y las políticas públicas

Pusimos especial atención a los impulsores relacionados con las características del hogar, las normas sociales y actitudes hacia las mujeres en el hogar y la comunidad y las políticas públicas sociales.

Nuestra investigación muestra que las normas sociales existentes y las actitudes sociales hacia las mujeres siguen siendo factores clave para la baja participación femenina en la fuerza laboral :

  • Las mujeres que viven en hogares y regiones con normas sociales más equilibradas en cuanto al género tienden a ser más alentadas a participar.
  • La participación en el empleo fuera de casa es mayor cuando las mujeres participan activamente en la toma de decisiones junto con sus parejas y otros miembros del hogar. Esto sugiere que el empoderamiento en el hogar refuerza la autoconfianza y fomenta la participación de las mujeres en oportunidades de empleo fuera de casa.
  • También encontramos que la participación laboral femenina es mayor cuando son más altas las aspiraciones sociales sobre la paridad de género, medidas como el nivel local de acuerdo social con la idea de tener paridad de género en el congreso.
  • La participación de las mujeres en el mercado laboral es mayor cuando son menores las tasas de violencia intrafamiliar, o menor la diferencia en las tasas de empleo entre hombres y mujeres. Esto último podría percibirse como un ejemplo de discriminación o sesgo en el mercado laboral que, naturalmente, sería un elemento disuasorio para las mujeres.

Las políticas públicas también tienen gran potencial para dar forma a los incentivos para que las mujeres trabajen fuera del hogar.  Por ejemplo, la disponibilidad local de escuelas preescolares públicas está fuertemente asociada con una mayor participación laboral de las mujeres cuando tienen hijos de 4 a 6 años. De igual manera, las áreas con mayor inversión en salud tienen mayor presencia en la fuerza laboral de mujeres que viven con adultos mayores en sus propios hogares. Esto sugiere que, con un mayor gasto en salud, las necesidades de cuidados en casa se reducen significativamente.

¡Pero otros hallazgos también nos sorprendieron! Por ejemplo, no encontramos evidencia sólida de que, al mantener todo lo demás constante, el aumento de las inversiones para accesibilidad vial cambie significativamente la participación femenina en la fuerza laboral. Tampoco encontramos que puntos de vista más equilibrados de género con respecto a la participación de las mujeres en el sistema judicial conduzcan a mayores tasas de participación. Lo mismo se aplica a la presencia de mujeres en puestos de trabajo bien remunerados en el sector público, que pensamos podrían desempeñar un visible rol de modelo a seguir.

Aun así, el análisis muestra que, para nivelar el campo de juego para las mujeres en Guatemala, las inversiones que generen buenas oportunidades laborales deben ir acompañadas con políticas públicas sociales sólidas  y normas sociales más equilibradas. Estos resultados cobran aún más relevancia en el contexto de la pandemia de la COVID-19, que afectó de manera desproporcionada las ya limitadas oportunidades laborales de las mujeres.

Las acciones públicas en forma de inversiones sociales que ayudan a aliviar las responsabilidades de las mujeres en el cuidado del hogar y remodelar las opiniones de la sociedad sobre el empoderamiento de las mujeres son rutas prometedoras para allanar el camino hacia una mayor participación laboral de las mujeres. Y cuando las políticas públicas no actúan, las empresas deben dar un paso adelante y crear sus propias políticas que apoyen activamente el cuidado de los niños, eliminen los obstáculos para las mujeres y brinden alternativas adecuadas a las que ofrece el gobierno.

Después de todo, una fuerza laboral más diversa y equitativa conducirá a un modelo de crecimiento más productivo, innovador e inclusivo para Guatemala.

Autores

Mariana Viollaz

Investigadora sénior del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (CEDLAS) de la UNLP

Rita Almeida

Líder de Programa de Desarrollo Humano en Centroamérica, Grupo Banco Mundial

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