Tres lecciones para fortalecer la resiliencia urbana en Centroamérica

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Centroamérica es la segunda región de más rápida urbanización en el mundo. Se estima que para el año 2050 el número de personas viviendo en las ciudades crecerá un 40%.  A esto se suma que los asentamientos informales, los niveles de concentración de la población y las actividades económicas en zonas propensas al riesgo aumentan más rápido que la capacidad de los gobiernos de prevenirlos y reducirlos.

Fortalecer la resiliencia de las ciudades es indispensable para absorber el impacto del crecimiento de la población y mitigar los efectos del cambio climático en las familias y sus hogares. Sus entornos serán más seguros y vivirán con mayor certeza de que se han previsto las medidas para una rápida recuperación y retorno a la normalidad de presentarse una emergencia. Sin estas acciones, seguiremos viendo impactos cada vez más serios en las ciudades, y especialmente en las vidas de los pobres urbanos, que se aglomeran en asentamientos precarios, en altas condiciones de alta vulnerabilidad socioeconómica y ambiental.

Un ejemplo se da en Choloma, zona conurbana en Honduras, cuya tasa de crecimiento anual entre 1974 y 1992 fue del 10%. Se estima que un 82% del territorio está sujeto a algún grado de amenaza de inundación, además de que se encuentra en la ruta de los huracanes, las tormentas tropicales y la sismicidad regional. ¿Cómo una ciudad de estas características se vuelve resiliente para alojar a la creciente población de manera segura?

Debido a la urbanización acelerada en Centroamérica, es fundamental dar prioridad al uso del suelo, las normas de construcción y las inversiones sensibles al riesgo de desastres para construir la resiliencia urbana futura.  En el caso de Choloma, es esencial que se planifique la ubicación inicial de los recién llegados en sitios seguros, de manera de reducir su exposición al impacto de amenazas y evitar tener que evaluar acciones mucho más complejas y costosas, como su posterior reubicación.

“Una ciudad resiliente es aquella que evalúa, planea y actúa para preparar y responder a todo tipo de obstáculos, ya sean repentinos o de origen lento, esperados o inesperados” Resiliencia Urbana, ONU-Habitat

Tres lecciones para que Centroamérica avance hacia la resiliencia urbana:

  1. Abordaje integral de la resiliencia urbana: Los esfuerzos para fortalecer la resiliencia urbana no solo deben ser multisectoriales, sino que deben integrar en su diseño e implementación objetivos de adaptación y mitigación de los riesgos de desastres. Así mismo, los sectores deben estar coordinados para que los temas de resiliencia de la prestación de servicios como transporte, y equipamientos públicos, y la articulación de políticas de vivienda y de ordenamiento territorial, trasciendan el mero dialogo intersectorial y se pase a la planificación y ejecución de manera conjunta y complementaria. 
  2. Incorporación de tecnologías de la información y el conocimiento en la Gestión del Riesgo de Desastres (GRD): Es esencial incorporar tecnologías de punta para estandarizar, fortalecer y comunicar el riesgo y dar a conocer las acciones para gestionarlo. Algunas de las herramientas que han funcionado son plataformas abiertas, tecnologías geoespaciales y sistemas de información geográfica.
  3. Fortalecimiento y participación comunitaria en la construcción de la resiliencia urbana: Se requieren políticas públicas que no solo se enfoquen en entidades de gobierno, sino que permitan la participación comunitaria en procesos de planificación y difusión del conocimiento sobre riesgos. Este involucramiento permite que los diferentes actores puedan acceder a diferentes opciones de financiamiento (públicas y privadas) y explorar oportunidades de inversión. Lo que no

Iniciativas como el Programa de Ciudades Resilientes y el Global Program for Resilient Housing  construyen una coalición global para financiar “ciudades más blindadas  al riesgo de desastres y al cambio climático”. Pero estos proyectos solo son efectivos si la propia región, sus países y gobiernos locales, asumen seriamente el desafío de invertir en acciones concretas para poder gestionar la nueva configuración del riesgo en una Centroamérica predominantemente urbana.

Este artículo forma parte de una serie que se basa en el informe Hacia una Centroamérica más resiliente. Lee la serie aquí y comparte tus opiniones en las redes usando #CentroaméricaMásResiliente

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Autores

Haris Sanahuja

Especialista Senior en Gestión de Riesgo de Desastres

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