La educación como vehículo para poner fin a la violencia contra las mujeres

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Foto: Scott Wallace/Banco Mundial

Las últimas luces del 2015 iluminan los Objetivos de Desarrollo del Milenio de la ONU (ODM) que incluyen la eliminación de disparidades de género en todos los niveles de educación. Aunque el número de países que han alcanzado la paridad de género en la educación primaria y secundaria entre 2000 y 2015 ha aumentado de 36 a 62, las niñas siguen enfrentando los retos más grandes, sobre todo en el acceso a la educación secundaria.

Las consecuencias negativas por la falta de educación son visibles a lo largo de la vida de una mujer.

Una niña sin educación es menos capaz de tomar decisiones propias sobre planificación familiar. Una niña tiene más probabilidades de tener problemas de salud y trastornos psicológicos, y sus hijos son más propensos a la desnutrición y analfabetismo. La educación es fundamental para el desarrollo de las aspiraciones y capacidades: una niña educada puede manejar mejor sus bienes y sus finanzas, y tiene más probabilidades de tener acceso al crédito.

El liderazgo de las mujeres y el acceso a los puestos de toma de decisión dependen también de su nivel de instrucción.

En el largo plazo, la falta de educación afecta las capacidades futuras de una mujer de buscar y obtener un empleo, y de tener un ingreso. La independencia económica se refleja no sólo en la capacidad que una mujer tiene de disponer de su dinero, ahorrar, adquirir bienes e invertir, sino también en su libertad de decidir librarse de relaciones domesticas abusivas, en particular de situaciones de violencia económica.


Finalmente, sin educación una mujer tiene más probabilidades de integrar la franja de pobreza.
 

Preferir invertir en la educación de los hijos varones, la división del trabajo del hogar por género y las largas distancias entre la casa y el colegio son sólo algunas de las barreras estructurales y normas sociales discriminatorias que contribuyen a la desigualdad de género en la educación. Una de las principales razones del bajo nivel de instrucción de las niñas y adolescentes es la violencia de género, y en particular el acoso sexual y el matrimonio infantil.

Es fundamental proteger a las niñas y adolescentes del acoso sexual, pues estas no sólo enfrentan la amenaza de la violencia en las calles, en el camino que hacen hacia y desde el colegio, sino también adentro de las mismas instituciones educativas. Los números hablan claro: en muchos países, la gran mayoría de mujeres ha sido víctima de acoso sexual en las calles o en lugares públicos (i) (pdf) . En los Estados Unidos el 56% de las niñas y adolescentes de la escuela media y secundaria ha reportado haber sido víctima de alguna forma de acoso sexual en sus instituciones educativas (i); como consecuencia del acoso sexual, el 37% de las niñas reportó no querer ir más al colegio y el 10% tomó una ruta diferente para volver a casa.

Nuestro equipo ha publicado recientemente el informe Mujer, Empresa y el Derecho 2016: lograr la igualdad (i), que analiza, entre otros temas, la legislación sobre acoso sexual en la educación y en los espacios públicos en 173 economías. El informe concluye que a nivel mundial sólo una tercera parte de las economías tiene leyes que protegen a las mujeres del acoso sexual en las escuelas. El acoso sexual en lugares públicos es aún menos considerado, solo el 20% de las economías cubren este tipo de conducta en sus leyes nacionales.

El matrimonio infantil y los embarazos precoces son un barrera a la educación de las niñas y adolescentes, siendo la razón de aproximadamente 15-30% de abandonos escolares en la escuela secundaria. Algunos estudios han demostrado que en la África Sub-Sahariana, cada año de matrimonio precoz reduce la probabilidad de finalizar la escuela secundaria de cuatro puntos porcentuales, y el impacto es mayor en países donde el nivel de instrucción es más alto. No es una coincidencia que los países con las tasas más altas de matrimonio infantil  (i), sean también los países con las mayores disparidades de género en inscripción/matrícula en la escuela secundaria.

Un bajo nivel de educación es también la causa y consecuencia del matrimonio infantil: niñas con un menor acceso a la educación son más propensas a casarse jóvenes, y viceversa, el matrimonio infantil significa el final de la educación de una niña. En este caso, también los números son asombrosos: cada año 15 millones de niñas contraen matrimonio antes de los 18 años. El matrimonio infantil no solo tiene un impacto en el nivel educacional, sino que también conlleva una serie de problemas de salud y consecuencias sociales, como muerte, más riesgo de contraer VIH y violencia doméstica.
Mujer, Empresa y el Derecho (i) concluyó que tres economías – Líbano, Arabia Saudita y Sudán – no han establecido una edad mínima para contraer matrimonio. Catorce economías establecen la edad mínima entre 13 y 17 años: Afganistán; Armenia; Bahréin; Irán; Kuwait; Malasia; Malí; Papúa Nueva Guinea; Qatar; Ribera Occidental y Gaza; Siria; Timor-Leste; Uzbekistán; y Yemen. Pese que la mayoría de las economías establecen los 18 años o más como edad legal para contraer matrimonio para hombres y mujeres, casi el 85% de estas economías permite el matrimonio antes de esa edad previo consentimiento de los padres o con alguna forma de consentimiento legal, o en situaciones excepcionales, como el embarazo.

Los matrimonios precoces pueden representar un punto muerto para millones de niñas, como en el caso de 33 economías donde el matrimonio con una menor no constituye fundamento para la anulación del matrimonio. Esto, junto con la existencia de leyes consuetudinarias y normas sociales que validan estas prácticas, crea un vacío legislativo que permite perpetuar los matrimonios de menores de edad.

La violencia contra las mujeres es una plaga que puede ser combatida a través de la educación. Por ello, la Campaña de los 16 Días de Activismo Contra la Violencia de Género se enfoca con razón en la educación de las niñas; hagamos un llamado a trabajar todos y todas juntos en la creación de mejores sociedades y que todos sepan que la violencia de género y las disparidades en la educación se dirigen y afectan de manera desproporcionada a las niñas. Garantizar el acceso de una niña a la educación significa abrir las puertas a su infinidad de sueños y oportunidades.
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