La transparencia y la determinación son fundamentales para equilibrar la deuda y el desarrollo

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La deuda insostenible. El sobreendeudamiento. La trampa de la deuda. Estos términos negativos están de regreso en los titulares de las noticias, apenas una década después de la crisis financiera mundial de 2008-09.

Tan solo en los últimos cinco años, la deuda pública en los países más pobres ha aumentado del 36 % del PIB al 51 % del PIB . Además, el coeficiente del servicio de la deuda se ha incrementado a un ritmo alarmante en algunos países, poniendo en peligro la capacidad de estos países de invertir en infraestructura muy necesaria, educación, salud y muchas otras necesidades críticas para sacar a sus ciudadanos de la pobreza y lograr antes del plazo de 2030 los Objetivos de Desarrollo Sostenible establecidos por la comunidad internacional.

El aumento de las vulnerabilidades derivadas de la deuda es particularmente grave en África . Por ello, algunas partes interesadas clave realizaron una conferencia de alto nivel titulada “El futuro de la gestión de la deuda”, que se llevó a cabo en Dakar, Senegal. El evento, organizado por el Banco Mundial para celebrar el décimo aniversario del programa de su Mecanismo de Gestión de la Deuda (DMF, por sus siglas en inglés), (i) reunió a más de 100 encargados de la formulación de políticas y funcionarios gubernamentales, expertos en gestión de la deuda, donantes, proveedores de asistencia técnica y representantes de la sociedad civil.

Este encuentro fue una oportunidad importante para hacer una evaluación de la creciente deuda soberana en África. La proporción de países de ingreso bajo con sobreendeudamiento o con alto riesgo de sobreendeudamiento se duplicó desde 2013, según datos del Marco de Sostenibilidad de la Deuda (i) elaborado conjuntamente por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial. Diversos factores entran en juego: mala suerte, malas políticas, malas inversiones y mala gestión. Mala suerte por el descenso de los precios de los productos básicos, los desastres naturales y los conflictos. Malas políticas, como expansiones de la política monetaria y fiscal desacertadas en algunos países. Malas inversiones, como resultado de un endeudamiento poco prudente, un análisis escaso o prácticas crediticias inescrupulosas para inversiones que no dieron los resultados previstos en materia de crecimiento e ingresos. Mala gestión debido a la falta de voluntad política para enfrentar la corrupción y modelos que no funcionan. Los Gobiernos reciben un impulso financiero de corto plazo al asumir deuda, pero las obligaciones perduran por muchos años, a menudo incluso hasta después que el Gobierno termina su período. Necesitamos procesos gubernamentales transparentes, en que los datos y la información estén disponibles a lo largo de todo el ciclo de los proyectos.

Los créditos tienen cada vez más mayores tasas de interés y los prestatarios pueden enfrentar costos de reembolso más elevados . Una base de acreedores cada vez más diversa plantea desafíos para una reestructuración de la deuda coordinada. La falta de transparencia en torno a algunas transacciones crea incertidumbre y riesgos adicionales.

La reunión de Dakar sirvió como un recordatorio de que las necesidades de financiamiento de África son enormes y urgentes. Según las últimas estimaciones del Banco Mundial sobre la pobreza, 26 de los 27 países más pobres del mundo se encuentra en África, y en este continente vive la mitad de la población pobre del planeta. Esto significa que 413 millones de personas viven con menos de USD 1,90 al día. Si la actual tendencia persiste, casi 9 de cada 10 personas extremadamente pobres vivirán en África en 2030 .

De acuerdo con estimaciones del Banco Mundial, (i) cientos de miles de millones de dólares son necesarios para proporcionar los servicios esenciales que pueden ayudar a eliminar la pobreza , esto es entre USD 640 000 millones y USD 2,7 billones por año. El financiamiento en forma de deuda es, por lo tanto, crucial para el desarrollo, y los países prestatarios deben encontrar una manera de asumir deuda de forma prudente para crecer.  Sin embargo, muchos países en desarrollo carecen de mecanismos, instituciones y conocimientos técnicos para hacerlo.

Es ahí donde programas de asesoría sobre la gestión de la deuda, como el Mecanismo de Gestión de la Deuda, resultan útiles. Este se estableció en 2008 para ayudar a los países de ingreso bajo a fortalecer la capacidad de gestión de la deuda y hasta la fecha ha proporcionado apoyo a 75 países.

En Uganda, el DMF ayudó al Gobierno a reorganizar su oficina encargada de la gestión de la deuda. Este organismo ahora publica regularmente su estrategia de gestión de la deuda, junto con boletines trimestrales sobre la deuda y análisis periódicos acerca de la sostenibilidad de la deuda. En Kosovo, el DMF ayudó a elaborar una estrategia de gestión de la deuda que fue publicada por primera vez en el sitio web del Gobierno.

Aunque el programa del DMF puede ayudar a abordar numerosos desafíos relacionados con la gestión de la deuda, no puede enfrentarlos todos. Los propios países, a través de sus líderes, encargados de la formulación de políticas y ciudadanos, deben encontrar la voluntad política necesaria para insistir en una gestión prudente de la deuda y un endeudamiento transparente , medidas esenciales para prevenir los peligros del endeudamiento excesivo.

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