Publicado en Voces

¿Pueden los animales carnívoros impulsar la educación y la agricultura y combatir el cambio climático?

Lion in Kenya. Curt Carnemark/World BankPuede parecer una pregunta tonta. Y por supuesto no estoy proponiendo que llenemos las escuelas con osos y leones, que probablemente mantendrían alejados a los estudiantes. Tampoco estoy sugiriendo que salvar a los leones resolverá la falta de suministros en la educación en los países en desarrollo. Más bien, quiero señalar algunos puntos generales de los nexos entre las diferentes partes de los ecosistemas, que a menudo tienen una indirecta pero subestimada influencia en el desarrollo humano.

La transformación y fragmentación del hábitat, el agotamiento de las presas y la caza han reducido en muchas partes del mundo el espacio vital de lobos, leones, osos, tigres, nutrias marinas y otros grandes carnívoros a menos de la mitad de su distribución original. Cuando sus números caen en picada, no solo perdemos especies emblemáticas. Los ecosistemas también dejan de tener grupos clave que se alimentan de carnívoros y herbívoros más pequeños. Cuando una menor cantidad de  animales es devorada en la cadena alimentaria, los ecosistemas cambian, y esos cambios también nos afectan a los seres humanos. Un artículo (i) reciente de la revista Science arroja luz sobre el tema, y sus lecciones son importantes para el desarrollo.

En el terreno, los grandes carnívoros pueden ayudar a asegurar el funcionamiento de los ecosistemas. Consideremos el caso de África occidental, donde las poblaciones de leones y leopardos han disminuido en forma marcada. Ambas especies cazan papiones oliva, a los que a su vez les gusta comer pequeños antílopes, ganado y cultivos alimentarios que también consumen los seres humanos. La disminución de leones y leopardos ha dado lugar al aumento de papiones y una mayor competencia por alimentos con los seres humanos. En algunas zonas, las incursiones de papiones en los campos incluso han obligado a que las familias dejen de enviar a los niños a la escuela para que n protejan los cultivos familiares. Además, dado que los carnívoros suelen ir a la caza de presas enfermas, reducen la prevalencia de males en la población de sus presas. Esto puede limitar el contagio de las enfermedades entre los animales salvajes y domésticos, así como reducir los costos relacionados con el pastoreo y la ganadería.

Los grandes carnívoros también ayudan a regular los servicios que prestan los ecosistemas, como el almacenamiento de carbono, el control de la erosión y la calidad del agua. Al mantener los herbívoros bajo control, permiten que florezcan las plantas que absorben y almacenan el dióxido de carbono. Por ejemplo, la inundación de un importante hábitat de carnívoros para crear el embalse del lago Guri en Venezuela condujo a la creación de una serie de islas muy pequeñas. Esto fragmentó el hábitat de jaguares, pumas y depredadores menores, lo que llevó a su eventual extinción en el lugar. Como resultado, aumentaron considerablemente los roedores, monos aulladores, iguanas y hormigas podadoras, generando una baja significativa de la cantidad de plantones y árboles jóvenes, de modo que el área ahora almacena menos dióxido de carbono que antes.

En el norte de América del Norte, los lobos controlan las poblaciones de alces. Como los alces tienen un gran apetito por los árboles jóvenes, controlar su número permite que haya más árboles, mayor absorción de carbono y productividad neta, todo lo cual contribuye a mitigar el cambio climático. Al cazar a los herbívoros que interfieren con la vegetación de las riberas, los grandes carnívoros también ayudan indirectamente a reducir la erosión y mejorar la calidad del agua.

Los grandes carnívoros son también importantes para los océanos. Por ejemplo, las nutrias marinas se alimentan de erizos de mar. Si no lo hacen, más erizos comen más algas, una planta submarina de gran tamaño que amortigua las olas y corrientes costeras y reduce la erosión de la costa. Las algas también absorben y almacenan carbono. Si se recuperan las poblaciones de nutrias marinas en América del Norte para mantener bajo control los erizos de mar, se podrán almacenar aproximadamente 4,4 a 8,7 millones de toneladas de carbono en los bosques de algas marinas.

Por supuesto, ninguno de estos ejemplos implica que los grandes carnívoros no acarreen también costos. Lo hacen, a veces, en la forma de pérdidas de ganado o vidas humanas. Pero esto sucede con menos frecuencia de lo que se cree. Piense, por ejemplo, en los tiburones que protagonizaron 116 ataques en 2013, 13 de los cuales fueron mortales. En el mismo período, casi 100 millones de tiburones fueron asesinados, principalmente para obtener sus aletas, lo que resulta en la pérdida de un depredador de gran importancia que sustenta la salud y productividad del océano.

La eliminación de estos animales representa uno de los impactos causados por los seres humanos más importantes en la naturaleza. En pocas palabras, debemos evitar la extinción de los grandes carnívoros, porque al final, todo está conectado.

Entonces, ¿qué haremos? Al igual que cualquier cuestión normativa compleja, este problema requiere muchas respuestas. Cualquiera de estos elementos puede fallar en forma aislada, pero un enfoque integrado puede marcar la diferencia:

  • Para abordar la fragmentación del hábitat, debemos adoptar enfoques de paisajes al momento de planificar, de modo que se sopesen y pongan en la balanza las funciones económicas, sociales y ambientales del paisaje.
  • Es necesario integrar las preocupaciones por la conservación en los planes de infraestructura, que es otro factor que contribuye a la fragmentación del hábitat.
  • A medida que aumenta la demanda de productos agrícolas, los sistemas de cultivo deben volverse más eficientes para limitar la transformación de los hábitats naturales en tierras de labranza.
  • Muchos grandes carnívoros están bajo amenaza de los cazadores furtivos. Debemos controlar el floreciente comercio ilegal de especies silvestres.
  • Mientras se protege y/o restablece a las poblaciones de carnívoros, es necesario manejar adecuadamente los conflictos entre los seres humanos y la fauna y flora para minimizar los impactos negativos sobre los primeros.

Ninguno de estos procesos es fácil. Pero reconocer la importancia de tener ecosistemas que funcionen más allá de su valor intrínseco, puede ayudarnos a comprender la necesidad imperiosa de tomar medidas. El resultado serán paisajes más equilibrados y resistentes, que beneficien en última instancia a las personas. Estos paisajes pueden ayudar a lograr los dos objetivos del Grupo del Banco Mundial: eliminar la pobreza extrema e impulsar la prosperidad compartida.


Autores

Julian Lee

Especialista senior en Medio Ambiente en la Práctica Global de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Economía Azul

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