Una pequeña isla del Caribe se reconstruye, y lo hace con creces

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Ginger Village es un hermoso lugar de San Vicente y las Granadinas, situado en la cima de un cerro con vista al mar Caribe. Poco tiempo atrás, cuando el vehículo que nos transportaba se detuvo para que pudiéramos observar el camino de Belmont recientemente rehabilitado, fue fácil comprobar por qué esta importante vía interior era imprescindible para los miles de isleños que se trasladan desde y hacia los principales centros urbanos. Durante cinco años, el camino estuvo parcialmente obstruido tras un deslizamiento de tierra provocado por las intensas lluvias ocurridas en 2013.

Es fácil imaginar cómo un incidente de esta naturaleza en un camino puede provocar considerables perturbaciones de la circulación del tráfico en una pequeña isla dotada de muy pocas vías de conexión, como es el caso de San Vicente y las Granadinas.

Esta pequeña nación insular del Caribe tiene una población de aproximadamente 110 000 personas y un producto interno bruto (PIB) per cápita de alrededor de USD 7500. Como la mayoría de las naciones vecinas, este país es muy vulnerable a los desastres naturales debido a su tamaño y ubicación.

Se estima que las pérdidas de PIB a causa de los desastres naturales en San Vicente y las Granadinas entre 1998 y 2017 promediaron el 1,2 % por año, es decir, más de la mitad de la tasa de crecimiento de este indicador durante esas dos décadas.  Estas catástrofes exigen enormes gastos para financiar las obras de reconstrucción y reparación, insumen recursos públicos escasos y contribuyen a un elevado endeudamiento. A su vez, debido al reducido tamaño de la población y a las limitadas economías de escala, a menudo el país carece de la capacidad y de profesionales calificados para encarar por sí solo estos desafíos.

En la víspera de la Navidad de 2013, lluvias torrenciales arrasaron con el 15 % del PIB del país

En la víspera de la Navidad de 2013, el país se vio afectado por un gran desastre, cuando lluvias torrenciales provocaron graves inundaciones repentinas causando daños y pérdidas calculadas en el 15 % del PIB nacional. En un solo día, la infraestructura de la isla quedó destruida y alrededor del 15 % de la población se vio afectada en forma directa.

Se produjeron graves interrupciones debido a los daños o la destrucción de puentes y caminos; las centrales hidroeléctricas, que representan el 17 % de la capacidad de generación, se vieron inhabilitadas; el corte de los servicios de abastecimiento de agua afectó a más del 50 % de la población debido a la destrucción de tuberías de conducción de este elemento; 225 personas fueron evacuadas a albergues de emergencia, y las escuelas suspendieron las clases mientras se desarrollaban las operaciones de emergencia. Según la evaluación de daños y pérdidas, las necesidades de financiamiento ascendían a más de USD 108 millones, de los cuales el 62 % fue movilizado por el Banco Mundial.

Vista del camino principal en la zona de Ginger Village antes y después de las obras de rehabilitación y estabilización de la ladera del cerro/Banco Mundial

 

Debido a la magnitud de los desastres naturales y al impacto del cambio climático, el Banco ha priorizado la ayuda a San Vicente y las Granadinas para que el país pueda generar resiliencia ante estos fenómenos . Por intermedio del Proyecto de Reducción de la Vulnerabilidad ante Desastres, de USD 66,5 millones, el Banco Mundial, el Fondo Europeo de Desarrollo, el Fondo Estratégico sobre el Clima y el Fondo Mundial para la Reducción de los Desastres y la Recuperación financian importantes inversiones en infraestructura y actividades de fortalecimiento de la capacidad para ayudar al país y a sus habitantes a prepararse y responder mejor cuando se produzca un desastre. Este es un buen ejemplo de cómo potenciar el financiamiento que otorga el Banco Mundial con donaciones de fuentes bilaterales y multilaterales para actividades críticas de recuperación y reconstrucción de infraestructura.

Por ejemplo, la rehabilitación del camino de Belmont fue fundamental para aliviar la congestión del tráfico en la isla, ya que la ruta conectaba con el aeropuerto internacional y era la principal vía utilizada por los pequeños agricultores de la zona para transportar sus productos al mercado en Kingstown, la capital.

Las obras en curso también comprenden la construcción de albergues satélites en las comunidades pobres para brindar acceso inmediato a equipos y suministros de emergencia, como agua y primeros auxilios tras un desastre, y el reforzamiento de terraplenes en las riberas fluviales para evitar desbordamientos y proteger a más de 200 familias. Además, el Banco Mundial ha brindado apoyo al país para mejorar la política fiscal y la resiliencia y adaptación al cambio climático a través de una operación de USD 30 millones sobre políticas de desarrollo. 

El reducido tamaño de un país plantea desafíos, pero también brinda oportunidades

Nuestra experiencia en el Caribe ha demostrado que el reducido tamaño de un país plantea desafíos, pero también brinda oportunidades. Igualmente, las intervenciones focalizadas y las inversiones críticas producen un gran impacto en la vida de un alto porcentaje de la población.

Las altas autoridades gubernamentales, incluidos los jefes de Gobierno, comprenden las necesidades locales y se facilita su atención inmediata. Esto significa que, una vez establecidas las prioridades, es posible implementar políticas e intervenciones en todo el país.

Según estimaciones recientes del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, se prevé que la frecuencia de los fenómenos meteorológicos extremos en las islas pequeñas se habrá duplicado en el año 2050 . Por esta razón, es importante que los Gobiernos de las naciones del Caribe hayan priorizado en sus agendas la generación de resiliencia ante las perturbaciones en la región.

Ayudar a comunidades como las de Ginger Village a encarar estas vulnerabilidades es una parte muy importante de los esfuerzos que realiza el Banco Mundial para contribuir a un futuro sostenible y resiliente en la región del Caribe.

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